Este diciembre se cumplió un año del desalojo del bloqueo que protagonizaron los anormalistas de Ayotzinapa en la Autopista México Acapulco, evento que dio como resultado tres muertos: Un par de anormalistas que van rumbo a la canonización, y otro que parece destinado al olvido, el trabajador de la gasolinera afectada por los vándalos, Gonzalo Miguel Rivas Cámara.
Durante una ceremonia realizada en el lugar de los hechos por los mismos protagonistas de la violencia de hace un año, los presentes exigieron justicia por la muerte de los dos anormalistas, pero olvidaron convenientemente el deceso de Gonzalo Rivas Cámara. “Estamos indignados por la impunidad, pero también creemos en un Dios de justicia“, rebuzno durante la ceremonia religiosa el sacerdote Héctor Miranda, y convocó a los jóvenes para que la muerte de sus compañeros sea motivo para seguir unidos y colaborando en la lucha. Mientras tanto, en la gasolinera donde explotó la bomba que provocó el fallecimiento del trabajador Gonzalo Rivas se colocó una leyenda, misma que decía; “Gracias, pero ya cooperamos con un muerto“.
Los que manejan a los ayotzinapos, pues a estos no les alcanza el entendimiento para algo mas que gritar, robar tiendas e insultar; manipulan a los familiares de los estudiantes caídos hace un año, cuando se enfrentaron a la Policía Federal Preventiva. Los anormalistas y sus familiares estuvieron en Chilpancingo, “para recordar a sus ex compañeros fallecidos”, pero ni se acordaron de Gonzalo Rivas, quien en un verdadero acto de heroísmo, que le costó la vida, logró apagar el fuego de las bombas de la gasolinera, acto que con seguridad salvó la vida de cientos de personas,
Mucho se ha escrito desde la fecha de ese incidente; incidente, no olvidemos, ocasionado por la violenta horda de anormalistas. La prensa de “izquierda”, los escribidores “políticamente correctos” y los infaltables “tontos útiles” junto con varias ONGs que al parecer solo sirven para defender delincuentes y presuntos narcos, se han dedicado con entusiasmo digno de mejor causa a alabar y prácticamente canonizar a los vándalos de Ayotzinapa.
Para esa prensa no cabe duda alguna, la razón está de parte de los ayotzinapos; toda la culpa es del gobierno, lo mismo da si es el estatal o el federal; para ellos nada hay que investigar, solo procede crucificar al gobernador Aguirre, al expresidente Calderón y ahora a Peña Nieto.
No sorprende esa visión cuando proviene de la “izquierda” mexicana; es sabido que ellos ante cualquier incidente que involucre al Gobierno apagan de inmediato el intelecto (el poco que tienen), agarran sus matracas y desentierran el hacha de la guerra; tampoco sorprende mucho la actuación de la CNDH, pues ya se sabe para que lado se inclina y es proverbial la bondad con que trata a los presuntos narcos.
¿Y que buscaban estos anormalistas de Ayotzinapa? ¿Por qué incendiaron la gasolinera? Supuestamente para defenderse de la policía. La siguiente pregunta es obvia, ¿Por qué llegó ahí la policía? Pues por que los anormalistas habían bloqueado la autopista. ¿Para qué? Para exigir plaza automática a perpetuidad al terminar normal. Entonces surge, inevitable la siguiente pregunta ¿Esas plazas las otorgan las gasolineras o los administradores de autopistas? Pues no, pero eso a los que manipulan a los limitados anormalistas no les interesa.
Se puede sintetizar en pocas palabras lo que buscan los anormalistas, tanto los de Ayotzinapa como los de Tiripetio o de cualquier otra fabrica de inempleables lombrosianos: Una plaza asegurada al terminar eso que llaman “sus estudios”; de paso cero evaluación académica y además la plaza deberá ser a perpetuidad. Ah, y no debe estar en una localidad pequeña, sino en una ciudad.
Las buenas conciencias y las ONGs de opaco financiamiento exigen castigo a los “responsables”. Pero curiosamente ninguna de esas ONGs dicen una sola palabra respecto del homicidio del empleado de la gasolinera, Gonzalo Miguel Rivas, quien murió a consecuencia de las quemaduras de tercer grado, tras varios días de dolorosa agonía. Olvidan, hipócritamente, que Gonzalo murió a consecuencia directa de las acciones de los normalistas asesinos. Su muerte fue ciertamente un asesinato. Pero tal parece que a nadie le interesa buscar a los responsables. Para él no hay ni se pide justicia; evidentemente para esta “izquierda” hay de víctimas a víctimas.
Una muestra mas de la perversa manipulación de la prensa y los amanuenses izquierdosos. Y aquí incluyo a varios periódicos locales.
Alejandro Vázquez Cárdenas
























