¡Si! Es una etapa que terminó y un nuevo año que comienza con mi acendrado amor por ti y por todo lo que me has en todos estos años. La vida continúa, cada vez con más dificultades para todos, pero siempre con la esperanza de que cambien, para bien, las cosas.
¡El año que termina se ensordece con el ruido del silencio! ¿Lo escucharía el gobierno?, pregunta el sub comandante Marcos. “Es –dice- el sonido de su mundo (el nuestro) derrumbándose! ¡Es el del nuestro resurgiendo!, afirma. ¡El día que fue el día, era noche!¡Y noche será el día que será el día!“, lo afirma después de un prolongado tiempo en el que suceden cambios que gradualmente han desarticulado y corrompido a gobernantes. ¡Ha sido, afirmo yo, un largo, silencio que será punto de partida para corregir desviaciones o para agravarlas aún más!.
Y cuando casi despertamos, parodiando al genial guatemalteco y máximo representante del microrrelato, Augusto Monterroso, los indios continúan allí pues nunca se han ido. ¡Nunca se irán! Pues de ellos es la tierra. ¡De ellos las lagunas son! Y las montañas y los lagos y las tierras les pertenecen aun cuando no tengan la posesión de las mismas.
En Oaxaca los indios desfilaron en un profundo silencio y el ruido que hicieron aun estando callados fue atentamente escuchado por muchos: por los indios de Somora que son los mismos; y ese ruido llegó hasta las tierras de Guerrero y a sus hermanos nahuas; atravesó la Sierra Madre y llegó hasta tierras de los pueblo Puré, donde el aire empujó el sonido hasta cercarlo al pueblo Cora, hasta el pueblo Huichol.
Errantes en el silencioso desierto los wiksáricas tomaron nota del colosal silencio y confiamos, esperamos que, si no son sordos, los gobiernos municipales, estatales y federal también no solamente los hayan oído sino escuchado y tomado nota de la alta frecuencia del mismo, de sus particulares mundos derrumbándose por efecto de la resonancia producida.
¡Los gritos de miseria escapan de todos los hogares y de todos los confines nacionales! Los gobiernos municipales no son la excepción y muchos están en quiebra, se quejan de las enormes deudas heredadas que la propia torpeza de sus autoridades generaron pero siguen pensando y requiriendo más y más prestamos haciendo el hoyo más profundo. Como medida de falsa salvación, proponen mayores impuestos y continúan por el mismo trillado camino de incrementarlos, reviviendo viejas medidas y encareciendo los servicios públicos, que dicho sea de paso, ya son muy caros y día a día menos eficientes, sobre todo por la torpeza y corrupción administrativa de las mismas autoridades.
Las deficiencias de los municipios, argumentan falsamente, se debe al recorte de las participaciones y por la deuda contraída de los estados en ese afán protagónico de sus gobernantes, quienes gastan mucho en publicidad misma que no puede ocultar la realidad y que sólo sirve para incrementar las fortunas de los dueños de los medios electrónicos de comunicación, principalmente.
En las funciones de gobierno no se conoce lo que fue la austeridad juarista ni se quiere aprender de ella. Gobernantes y funcionarios gastan como Rico Mc Pato y para recuperar los recursos extraviados, dilapidados, continúan con los incrementos de los precios en combustibles y servicios, que terminan impactando en los alimentos, rentas, pasajes, que en automático hacen desaparecer los dos pesos con sesenta centavos diarios que miserablemente, autorizaron en los salarios mínimos. ¡Ya irritan las alzas desmedidas en impuestos y sobre todo los elevados salarios y sus gastos dispendiosos! Por eso es de desear que este colosal y escandaloso “silencio”, brotado en el centro de las montañas chiapanecas, alerte a todos los gobiernos y los impulse a cambios de conducta.
Confiamos, es el deseo de año nuevo, que todas las autoridades moderen su conducta, atiendan con presteza el gran silencio par que no repita ni Atenco ni 01 de diciembre.
Como estamos ya en otro año, en el año nuevo, ¡Feliz año, amor mío! Y que así sea.
Samuel Maldonado
























