La mayoría de las personas creen que diferenciar el éxito del fracaso es tarea fácil y obvia. Yo pensaba de la misma manera hasta que empecé a notar que muchas veces el “éxito” se traducía en fracaso y viceversa.
Con el tiempo me di cuenta que no es tan fácil de diferenciar y que necesitamos tener cuidado cómo medimos nuestro éxito.
Por darte un ejemplo: la persona que construyó un negocio exitoso pero descuidó la salud a tal grado que tuvo un ataque cardíaco. Otro ejemplo puede ser sobre aquel que se enfocó tanto en su salud que olvidó ser padre o madre por estar todo el día en el gimnasio.
O cuando se logra una meta financiera haciendo trampa en nuestros impuestos para pagar menos.
Utilicé ejemplos un tanto extremos con el objetivo de mostrar el siguiente punto: muchas veces podemos lograr una meta olvidando otra cosa de valor o flexibilizando nuestros principios y valores… y a veces llamamos a eso “éxito”.
Considero que muchos necesitamos entender que el éxito tiene que ver más con lo que tú eres como persona y no con lo que logras. Tiene que ver mucho más con tu capacidad de mantener tus valores y principios que con lo que logres a los ojos del mundo.
El Dr. Stephen Covey en su libro “Los 7 Hábitos de las Personas Altamente Efectivas” plantea un escenario donde te encuentras en tu propio funeral y estás escuchando lo que las personas dicen de ti. ¿Qué quisieras que las personas dijeran sobre ti?
En momentos como esos las personas no dicen cosas como: que hermoso era su auto, que espectacular su casa o su oficina… mas bien, las personas dicen cosas como: siempre tan honesto, un hombre o mujer de palabra, siempre tan dedicado o amoroso son su familia, tan comprometido con su propósito, un gran esposo(a), etc.
Si te tomas un tiempo para pensar bien cómo quisieras que te describieran en tu funeral, te darás cuenta de que el éxito o el fracaso lo podrás diferenciar fácilmente. Serás exitoso si cumpliste esas cosas.
No sólo te coloques metas, sino precisa claramente el hombre o mujer en la cual te quieres convertir y define eso como éxito.
Sin importar si superé mi meta de ingresos este año o no, sé que fui exitoso si fui honesto en todo momento… o sí fui el mejor padre que pude ser… o si cumplí mi palabra cabalmente.
Para evitar ser malentendido, este artículo no es una excusa para no lograr las metas que nos propusimos para el 2013. Por el contrario, te motivo a que te esfuerces con todo tu ser en lograrlas pero nunca comprometas tu integridad, tus principios y tus valores para lograras… porque ya no será éxito… será un triste fracaso
























