El miedo o temor es una emoción expresada por una sensación intensamente desagradable, provocada por la percepción de un peligro real o supuesto. Es una emoción primaria que deriva del rechazo natural al riesgo o amenaza, cuya máxima expresión es el terror. Más allá de esta resumida definición, el temor caracteriza a nuestra sociedad, al punto tal que se utiliza como herramienta insana para la dominación de las personas. El hecho de que el ser humano haya llegado a la posibilidad cierta de su autoextinción, ha generalizado el miedo a límites insospechados de terror. Es común escuchar expresiones implantadas como “no hay lugar seguro en el mundo”.

La amenaza de la violencia en sus innumerables formas como la sexual, el bullying escolar, el mobbing laboral, el secuestro y la trata, los ataques demenciales de francotiradores en escuelas, universidades, centros comerciales, etc., sin importar cuál sea su nivel económico o social, llega a nuestra sociedad con el pánico que producen las entraderas, las salideras y robos violentos en domicilios, donde las víctimas muchas veces son ancianos desprotegidos de una elemental seguridad.

Ya no tiene sentido atribuirles a las religiones monoteístas la difusión de un miedo religioso de premio y castigo, cuando se habla del “temor de Dios” y las consecuencias de la desobediencia a leyes y mandamientos divinos.

Cuando el miedo se ha instalado en nuestra mente y emociones, quedamos atrapados por fobias que terminan gobernando nuestra voluntad, que nos someten a prejuicios que coartan nuestra libertad y el placer de vivir. En esta situación, es necesario ofrecer resistencia y declarar la guerra al temor, o al menos a sus excesos dañinos.

No acomode más su vida a los temores, pelee contra ellos hasta sentirse libre; no pacte con los miedos. ¿Acaso vivir con miedo es el tipo de vida con que uno sueña?, ¿usted tiene miedos? Quizás no somos culpables de nuestros temores, nadie elige vivir ni “disfrutar” con ellos, pero sí somos responsables de enfrentarlos y dominarlos.

Un haz de luz

La luz tiene una influencia clave en el control del miedo y la ansiedad. Un estudio realizado por el psicólogo Brian Witten y dos biólogos del Colegio de Ciencias de la Universidad de Virginia (EE.UU.) indica que “la falta de luz puede ser una fuente de miedo”, y añaden que “aumentar la cantidad de luz puede reducir el miedo y la ansiedad y tratar la depresión”. Si llevamos estas conclusiones a nuestra realidad, no es difícil descubrir ante cada hecho de inseguridad que la gente pide más luz, en las calles, en las rutas, en las plazas, etc. Retomando el concepto, el miedo es una emoción desagradable que está fuertemente relacionada al desconocimiento, a la oscuridad, a la falta de luz. Por el contrario, vivir en luz es agradable, nos ofrece seguridad, despierta el amor, que es el deseo de fusionarnos con el otro, de establecer unidad con los demás.

Ante estas reflexiones, podemos declarar con certeza que el miedo es la antítesis del amor. Dice la Biblia que “en el amor no hay temor, porque el perfecto amor echa fuera al temor, porque el que teme espera el castigo y todavía no ha sido perfeccionado en el amor”.

Hay temor por nuestro futuro, por la integridad física y emocional de nuestro matrimonio, de nuestros hijos y seres queridos, temor a perder el trabajo, a las enfermedades, temor, temores. Jesucristo dijo: “Yo soy la luz del mundo y el que me sigue no andará en tinieblas, porque tendrá la luz de la vida… yo, la luz, vine al mundo para que aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas”.