Estamos ante la discusión y el debate sobre la reforma más importante en los últimos tiempos, me refiero a la reestructuración de PEMEX, no va a ser fácil llegar a consensos, tenemos una sociedad y actores políticos sumamente complejos y terriblemente difíciles de convencer. Su éxito dependerá de la seriedad y apertura que se logre ante la sociedad en materia de información. Se va a requerir además habilidades políticas excepcionales.

No será fácil. Los temores sobre posibles actos de corrupción y opacidad serán argumentos frecuentes en contra del empeño por modernizar a Pemex y fundar un sector energético sin monopolios.

El principio de la transparencia en el uso y aprovechamiento de los recursos públicos debe ser uno de los pilares de cualquier cambio de fondo en materia de hidrocarburos.

Sin instituciones que garanticen la rendición de cuentas, el oligopolio de libertades ilícitas del sindicato de PEMEX se podría convertir en un libre mercado de corruptelas particulares.

Tenemos que reconocer que las crisis, los errores, la corrupción y la incompetencia de muchos funcionarios  han desacreditado a los servidores públicos. La prepotencia, los abusos de los funcionarios, la falta de procedimientos democráticos internos para designar a los líderes sindicales,  la desviación dolosa de los  mecanismos de transparencia, no hace sino apuntalar la desconfianza de la ciudadanía.

Para esperar que la reforma Energética tenga éxito ante el pueblo de México es necesario primero convencer a través de acciones claras y transparentes, que en verdad reflejen un autentico beneficio a favor del pueblo de México. Las modificaciones reglamentarias deben implicar una verdadera responsabilidad en la rendición de cuentas y transparencia del manejo de los recursos y  servicios de PEMEX

El gobierno actual tiene una aceptable capacidad de comunicación. Sin embargo, esas características y habilidades son indispensables para avanzar pero no son suficientes para lograr su cometido. El país requiere un sistema institucional nuevo y moderno, es decir, una reforma de fondo a todo eso que se ha venido arrastrando del pasado. Sin eso, ni el gobierno más competente podrá ser exitoso.

Se me ocurre señalar algunas de los conceptos que deben aclararse en forma sencilla y contundente:

1.-  cómo reducir la carga fiscal a la paraestatal, equilibrándola con la aplicable a los causantes.

2.- Se explique con claridad en que consiste la no-privatización y generar una conclusión sobre lo que realmente se está concesionado.

3.- Explicar que el hecho de compartir el capital privado nacional y extranjero accediendo  a tareas de exploración y extracción de petróleo en aguas profundas; de refinación de crudo; de explotación de toda la gama petroquímica, incluida la producción de gas shale, y del transporte y distribución de los hidrocarburos no constituyen privatización.

4.- Algo de suma importancia es el de compartir los riesgos en las tares de exploración y perforación, que  no corra únicamente a cargo de la paraestatal.

Existen muchas interrogantes que deberán ser explicadas con detalle a través de  foros, consultas y despliegues de información pública con el objeto de lograr la más amplia participación y vigilancia de la sociedad sobre el cumplimiento de las leyes, o el incremento franco de la transparencia, o el establecimiento de un verdadero régimen de rendición de cuentas, encontrar los medios eficaces de evitar la corrupción y las componendas de funcionarios con empresas privadas que lo único que buscan es el enriquecimiento ilícito aprovechándose del puesto, en pocas palabras acabar con la impunidad.

Morelia, Michoacán a, 29 de julio del 2013

Lic. Víctor Manuel Tinoco Rubí