Sin predecir oráculos, la semana inicial no tiene por qué ser diferente a la catastrófica terminación de la anterior en donde hubo, particularmente en nuestro estado (según informan los medios periodísticos), desde las tradicionales  protestas estudiantiles, bloqueos cuyo origen es incierto, maestros amenazantes de más huelgas y tomas y hasta los rumores de colocación de bombas, cierre de comercios y pobladores de diferentes municipios encerrados en sus casas por el temor que se le tiene a las organizaciones  criminales diversas, frente a las cuales, las autoridades encargadas de la seguridad nacional y estales, no han podido ni reducirlas y ni siquiera saber más o menos dónde se encuentran sus refugios o el cómo se disfrazan para simular se habitantes normales a aquellos que asaltan o asesinan en forma brutal y despiadadamente en este atribulado, empobrecido y endeudado país.

La escala de criminalidad ha ido incrementándose fuertemente; los asesinatos ocurridos se dan con un salvajismo que (si este pudiera adjetivarse) diríamos desmesuradamente bestial, que han obligado a comerciantes diversos a pagar cuotas determinadas que finalmente las cubrimos los consumidores. En diferentes  reuniones sociales ya son rutina las pláticas sobre amenazados, levantados o  desaparecidos y pequeños empresarios comentan que se han visto obligados a cerrar sus tiendas y en los círculos de transportistas lo normal es platicar de las cuotas asignadas o comprometidas a pagar para poder continuar con prestando el servicio público.

 

No es novedad alguna que desde hace varios sexenios nuestro país sufre del flagelo de la corrupción, de la impunidad y de un estancamiento económico para millones de gentes, versus  un atesoramiento de cientos de miles de millones de pesos en las manos de unos cuantos  potentados que han sabido comprar la voluntad de altos funcionarios para beneficiarse de las diferentes concesiones otorgadas o que han sabido coludirse, tanto con el crimen como con el mundo oficial,  haciéndose socios de la criminalidad. No sorprende ver con frecuencia que los que han operado oficialmente, encabecen los listados como funcionarios del Fondo Monetario Internacional o en las de la Organización de Comercio pare el Desarrollo Económico.
La propia  situación de desequilibrio en la que nos encontramos como país, en donde la miseria crece por doquier y los ricos atesoran más fortunas, comienzan a dar sus podridos frutos, pues al ejército de los diferentes grupos de narcotraficantes se suma, por no tener otra salida, la mejor riqueza que tiene nuestro país: ¡los jóvenes!, mismos  que sin futuro se juegan la vida engrosando las filas de la criminalidad, todo por  la imposición de una política neoliberal como la que ahora se aplica en México.

¿…Qué son rebeldes los estudiantes? ¡Sería un anacronismo que no lo fueran!
¿Que toman carreteras y bloquean calles y nos causan perjuicios? ! Diríamos que no son ellos los culpables, sino los maestros!
¡Entonces ,son los maestros los irresponsables? Diríamos que las altas autoridades los han corrompido y que ha sido el propio gobierno y su sistema de resolver los  problemas comprando voluntades, otorgando dádivas o alimentándolos con concesiones importantes, entregándoles la conducción de los sindicatos, desde donde medran vendiendo las plazas laborales y sustituyendo así al patrón con el resultado negativo para la educación que con calidad debiera ofrecer el estado mexicano, sin cobro alguno, sin cuotas que entregar a lo diferentes dirigentes sindicales.

 Una de las grandes razones por las que México atraviesa esta triste situación, es por haberse obligado el gobierno a salvar a los banqueros en el año de 1990, tiempos en que el sistema financiero reprivatizado, por su voracidad y su incapacidad técnica quebró la banca y al no tener liquidez para pagar sus errores, fue rescatado por el gobierno.

Atropellando la voluntad popular y comprando dirigentes y votos en el Congreso de la Unión, logró aprobar el gran fraude llamado FOBAPROA, que sólo para recordar, sirvió para capitalizar a las instituciones financieras y endeudar al país, pagando la consecuencia no los que perdieron el dinero al prestar con altos intereses, pensando en tener grandes ganancias, sino que fue la sociedad en lo general la que ha tenido que pagara los platos rotos.