La abstención no necesariamente expresa rechazo al sistema democrático. Una parte del electorado parece estar enviando un mensaje diferente: cree en el voto, pero encuentra cada vez menos razones para ejercerlo.
Uno de los hallazgos más reveladores del Estudio sobre la Abstención Electoral en la República Dominicana. Voto Nacional y en el Exterior es también uno de los más incómodos para el sistema político.
Cerca del 74% expresa respaldo a la democracia como ideal. Sin embargo, ese apoyo convive con desconfianza hacia actores fundamentales de la representación política y con una percepción particularmente significativa: 47% considera que la oferta electoral es “más de lo mismo”.
La contradicción es solo aparente. Un ciudadano puede valorar la democracia, reconocer la importancia de las elecciones y, al mismo tiempo, concluir que ninguna de las alternativas disponibles justifica suficientemente su participación.
Eso obliga a revisar una interpretación frecuente de la abstención: asumir que quien no vota es necesariamente apático, está desinformado o carece de compromiso cívico.
El estudio muestra una realidad más compleja. En determinados casos, la abstención puede constituir una forma de distanciamiento consciente frente a la política, e incluso adquirir características de protesta ante una oferta que no genera identificación o expectativas suficientes.
Esta diferencia tiene enormes consecuencias. Si el problema fuese exclusivamente falta de educación cívica, la respuesta principal sería explicar mejor la importancia del voto. Si fuese fundamentalmente logístico, bastaría reducir las dificultades para llegar a las urnas.
Pero cuando un ciudadano puede votar y decide no hacerlo porque ninguna alternativa lo representa suficientemente, el problema cambia de lugar. Ya no está solamente en el elector. También está en la oferta política.
Y aquí los partidos dominicanos enfrentan probablemente uno de sus mayores desafíos de los próximos años.
Durante mucho tiempo, la competencia electoral se ha concentrado en conquistar indecisos, conservar simpatizantes y movilizar estructuras. Pero el crecimiento de la abstención incorpora un cuarto objetivo: recuperar ciudadanos que han abandonado electoralmente la competencia entre partidos.
Es un electorado particularmente difícil. Al votante de un adversario se le puede intentar convencer de que existe una alternativa mejor. Al abstencionista primero hay que convencerlo de algo anterior: que existe una diferencia suficientemente importante como para justificar volver a participar.
Por eso tampoco bastará con aumentar el volumen de la comunicación política. Más publicidad no necesariamente produce más confianza. Más presencia de candidatos no garantiza mayor identificación. Y una campaña técnicamente sofisticada puede fracasar si el ciudadano continúa percibiendo que las alternativas son esencialmente intercambiables.
El estudio ofrece, además, una distinción institucional importante. La Junta Central Electoral mantiene niveles favorables de confianza, mientras los desafíos aparecen con mayor fuerza alrededor de los partidos, las candidaturas, la representación y la comunicación política.
Eso significa que República Dominicana puede tener elecciones técnicamente confiables y, simultáneamente, ciudadanos políticamente distantes de ellas.
Esta quizá sea la paradoja central de nuestra nueva realidad electoral.
El peligro no comienza cuando el ciudadano deja de creer en la democracia. Comienza antes: cuando todavía cree en ella, pero deja de encontrar entre quienes aspiran a representarlo una razón suficiente para ir a votar.
Leonardo Gil, consultor comunicación política y de gobierno
Fuente de los datos: Estudio sobre la Abstención Electoral en la República Dominicana. Voto Nacional y en el Exterior.
























