De ayeres, de siempre, le he oído decir a mi mamá: caminas como elefante sin saber dónde pisas. Así se perciben algunas de las actitudes de nuestros políticos, insensibles, como elefantes que no saben, no miran, que están pisando florecitas del campo. Miopes, porque están pisando su capital político, los ciudadanos, que dicho sea de paso, son quienes les dan de comer, los votantes.

Un ejemplo de ello, fue la desafortunada aparición del sarcasmo de nuestro Procurador General de la República, Jesús Murillo Karam, quien en conferencia de prensa para explicar porqué ocurrió el lamentable suceso de la explosión del edificio de Pemex, tiene la iniciativa de hacer chistes sobre la falsa creencia de que la maleta que se especulaba un explosivo, sólo contenía “lo más peligroso para un hombre,” una bolsa de cosméticos de mujer.

 

 

Y más allá de la calidad del chiste y las bromas que se gestó, lo que molesta, es la falta de sensibilidad política. La muerte de 37 personas es una tragedia nacional. Corrijo, así hubiera sido un muerto, o ningún muerto, pero con heridos, el país está en luto. Y no se hacen chistes, no sólo porque es de falta de educación y una muestra de patanería pública.

No se hacen chistes porque con la tragedia del otro no se juega. Lo que mostró, es una distancia enorme hacia sus gobernados. Parecía que los muertos eran unos ¨Don nadie¨ para él y que los despachaba como trámite de ventanilla de banco.

Otro evento desafortunado en la misma semana, la declaración de Luis Walton, el alcalde de Acapulco, diciendo, que las violaciones de seis españolas podrían ocurrir “en cualquier parte del mundo.¨ Patán público. Y no señor, su trabajo, no es justificarse con las desgracias que ocurren en el mundo. Su trabajo es mitigar, aniquilar, prever cualquier desgracia que le pueda ocurrir a cualquier ciudadano donde gobierna.

Los patanes públicos son seres que nos encontramos y que no son propios de algún partido, hay de distintos colores, ideologías, y sabores. Pero en ese continuum de lo ridículo, también hay aquellos que hacen un sobre uso de la sensibilidad, desvirtuando su significado, rayando en la cursilería política.

Aquellos políticos, (con indistinta afiliación partidista), que, sabiendo que los indígenas, los niños, la pobreza, vende; abrazan y besan al que vive en condiciones marginadas y se toman la foto con actitud de redención. No, tampoco, bájenle dos rayitas, no son Jesucristo.

Pero más allá de la clasificación (patanes vs cursis) que pudiera hacer a nuestros políticos, la reflexión que surge es el tipo de liderazgo que estamos fomentando en las nuevas generaciones.

Creo que aún no hemos entendido que hoy, nuestro México necesita un nuevo molde en cómo concebimos el liderazgo. En primer lugar, ya no hay la necesidad, en singular, de un líder. Un piloto, solo, no mueve un transatlántico. Hay la oportunidad de crear liderazgos sociales, que en el colectivo, trasciendan y construyan en su comunidad, sin atributos de cercanía o lejanía, porque estos liderazgos sociales, ya sean gobernantes o gobernados, desde la cachucha que están experimentado, son los que están re-inventando su entorno desde una óptica horizontal.

En segundo lugar, hay la oportunidad de resarcir el déficit de sensibilidad política que prevalece, y oxigenarnos con empatía. Hoy en día se premia al gobernante que es capaz, que es eficiente, que logra resultados. Y hay que premiar ese avance ya que va más allá de aquel que consiguió el puesto por el tejemaneje de sus relaciones públicas. Estudiantes de prestigiosas universidades están adquiriendo habilidades técnicas para hacer frente a problemas, y están surgiendo los ¨neo tecnócratas,¨ “post-tecnócratas” o cualquier categoría que recurra a nuestro imaginario. Pero el ser capaz, es condición necesaria, más no suficiente. Hay un elemento indispensable que está pasando por alto y que es fundamental para el nuevo molde de liderazgo: la empatía. La empatía entendiendo cómo aquella en la que te pones en el zapato del otro. Una empatía auténtica. Sin cursilerías. Dónde los 37 muertos dejan de ser unos “Don nadie” y se convierten en lo que pudiera haber sido tu primo, tu hermano, tu hijo. Sólo así resarciremos ese déficit de sensibilidad política y viviremos un México que nos duele, nos preocupa, pero lo más importante, nos ocupa.

Y en este nuevo modelo de cómo concebimos los liderazgos, de cómo nos concebimos a nosotros mismos, espero que, algún día, los patanes y cursis públicos, sólo sean una especie en extinción de la que contemos como anécdota.

Publicado con la autorización del Director de Gurú Político

Maestra por la Universidad de Columbia en Nueva York en Métodos Cuantitativos aplicados a las Ciencias Sociales y politóloga del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE). Ha integrado al sector público, privado y a la sociedad civil. En la sociedad civil, es Fundadora de Algo en Común, calificadora de proyectos sociales enfocada a maximizar el retorno social a través de criterios técnicos. En el sector público, fue Directora de Cultura Democrática de la Unidad Para el Desarrollo Político de la Secretaría de Gobernación. Fomentó una nueva relación entre el gobierno y la ciudadanía por medio de mecanismos de diálogo con jóvenes y el Secretario de Gobernación, la dirección del proyecto de niños de cultura democrática; y el impulso de Ciudadanía 2.0, plataforma para generar compromiso cívico a través del uso de la tecnología. En el sector privado, trabajó en A.T. Kearney, consultoría global líder en estrategia de negocios. Ha desarrollado planes estratégicos de negocios para la industria siderúrgica, universidades y para organizaciones filantrópicas. Trabajó en Ulises Beltrán y Asociados, y en ABC News, diseñando estrategias de comunicación para el sector público y privado.