El reto, desde mi punto de vista, que tiene nuestro partido, ahora que el Presidente lo encabeza políticamente, es demostrar en los hechos que los Gobiernos del PRI tienen la posibilidad de acreditar que se sabe ejercer el poder público con dignidad, sin dejar de reconocer que se cometieron errores en el ejercicio de la función pública, muchos de ellos por el simple hecho de haberlo ejercido en forma única y sin contrapesos durante muchos años.
Ahora debemos demostrar que efectivamente el nuevo PRI tiene valores y conceptos novedosos acordes a la necesidad de la población y para ello requerimos que nuestros representantes y líderes dejen atrás las prácticas de convenir posiciones administrativas para obtener los consensos, arreglos, que dañan sensiblemente a nuestra clase política y sobre todo a nuestra militancia.
La sociedad y nuestros electores están atentos al desempeño adecuado de nuestros funcionarios en todos los niveles de gobierno, el respeto irrestricto al estado de derecho, de las propuestas basadas en los hechos y acciones que le permitan al ciudadano tener la certeza de que dichas actuaciones son viables para salir de los males que a la fecha padecemos.
Creo en un partido incluyente, autocrítico, tolerante, con capacidad de análisis, con libertad de opinión. Si no tiene esos valores, no tendrá vida propia, no evolucionará, no se desarrollará.
Creo en un partido que tiene una buena dirigencia nacional. El futuro se construye. Retomo una definición de política muy acorde con lo que señalo : “la política es el arte de hacer factible lo deseable”.
Dejar a un lado las envidias, los acuerdos obscuros, y coincido con lo que señala un prestigiado articulista, Rene Delgado: “considerar que el voto tiene un solo significado: castiga, no premia; es congruente y por ello genera lealtad, sin embargo, cuando se abusa de la lealtad, el militante deja de apoyar por convicción.”
La oferta del Partido debe incluir en forma seria y responsable la posibilidad de reconocer la participación ciudadana como uno de los caminos viables para alcanzar la democracia que tanto se pregona en el discurso.
Comparto plenamente lo dicho por el Presidente Peña Nieto. “…En los próximos seis años, no existirán los intereses intocables” “Mi responsabilidad es lograr que México despliegue todo su potencial. El único interés que protegeré es el interés nacional”
No coincido con quienes aseguran que con las decisiones tomadas en nuestra última asamblea, significan una señal de regreso a las prácticas del viejo PRI, deben leerse como una demostración de fuerza partidista y política; como una exhibición de unidad, de pragmatismo y de oficio político. Una Asamblea que implica dos aspectos.
Primero: no consentiremos, y castigaremos con severidad, las divisiones porque un partido dividido no es opción de gobierno, porque las divisiones concitan el rechazo social, porque llevan a la pérdida del voto, nada de tolerancia a quien violente el estado de derecho, fuera corrupción e impunidad.
Segundo: elígeme porque soy eficaz, porque no exhibo mis diferencias, porque sé llegar a acuerdos, porque tengo experiencia, porque sólo yo puedo sacar al país adelante.
























