Lo oímos muy a menudo … los padres se sienten frustrados!
La frustración de los padres con hijos, de 2 a 16 años, gira en torno a su comportamiento, actitud o decisiones. Es interesante que la edad de los niños no tiene impacto en el nivel de frustración de los padres.
El padre de un niño de 3 años que insistía en ir directamente hacia los cables de la televisión está tan frustrado como el padre de un niño de 15 años que se niega a respetar su hora de llegada a casa.
Independientemente de la edad del niño o la situación que provocó la frustración, lo que parecía ser la causa de la frustración de los padres fue la percepción de una falta de control.
Mi hijo de 3 años está en un momento de autoafirmación, quiere una ropa determinada, hay zapatos que no acepta, quiere comer cosas muy específicas, otras no las acepta. Yo podría imponérselas porque creo que es lo adecuado, vestirse con unos zapatos determinados para el agua, una ropa que convine más que la que él elige,…., pero, ¿porqué debería provocar un “drama”, los dos enfrentados en nuestras posturas irreconciliables?. Yo soy el adulto y puedo quitarle importancia a determinados momentos de la convivencia, no voy a permitir que mi hijo se asome por la ventana y ponga su vida en peligro, pero ¿qué más dá que lleve una camiseta verde que él ha elegido a la azul que eleguí yo?.
En ocasiones los padres perdemos el sentido de lo que estamos haciendo y no tenemos en cuenta todos los hechos: mi hijo de 3 años aunque se empeñe en salir descalzo a la calle, seguramente no llegará muy lejos y quiera que le ponga los zapatos enseguida, de forma más fácil que si se los quisiera poner a la fuerza. Los niños no son tan “inconscientes” como creemos y en ocasiones los padres nos creemos poseedores de verdades absolutas y que tenemos el derecho sobre nuestros hijos, o queremos tener la razón a toda costa, y perdemos el sentido de la realidad del conflicto que tenemos entre manos.
Los padres, en ocasiones, nos enfocamos intensamente en el comportamiento no deseado de nuestros hijos y pensamos que la única solución es luchar contra ese comportamiento, y por supuesto ganar.
Mantener esta actitud de lucha y querer ganar, nos atrapa en la creencia de que hacemos lo correcto, quitándonos claridad de lo que es realmente importante.
En el otro extremo de ésta rigidez e intentando anular la sensación de frustación podemos tener la voluntad de ser flexibles.
Como padres deberíamos tener la voluntad de ser flexibles en nuestras opiniones y acciones y estar dispuestos a hacer los ajustes que sean necesarios. Luchar con un niño de 3 años para que se ponga unos zapatos no tiene sentido.
Si yo me cierro en banda y exijo que mi hijo se ponga los zapatos, primero no lo conseguiría y segundo ésto sólo sería el resultado de mi falta de flexibilidad. Si me centro únicamente en el comportamiento de mi hijo (no se quiere poner los zapatos), pienso que estoy actuando en su beneficio (porque se puede hacer daño si no se pone los zapatos), me concentro menos en mi razonamiento y estoy más centrada en ganar. Si yo estoy dispuesta a ser más flexible y no tan centrada en el comportamiento de mi hijo, la situación seguramente no derive en una rabieta.
Si quieres evitar conflictos innecesarios puedes ser flexible y tener la casa libre de objetos peligrosos.
La elección de ser flexible no significa que estás dando a tu hijo todos los caprichos o que consiguen lo que quieren para evitar rabietas. Lo que sí significa es que se evaluará cada situación para ver si se justifica la enorme cantidad de energía que una batalla de voluntades requiere, o si se trata de una situación que puedes ser flexible. La flexibilidad es la mejor herramienta de un padre … tienes que estar listo y dispuesto a ajustarte a cada situación!
Piensa en las veces que tus hijos te condujeron a la frustración. Pregúntate a ti mismo si hubieses sido flexible, si hubiera sido posible … ¿fue una situación que podría haberse evitado? ¿Actuáste más para tener el control y ganar? Aprender a reconocer las situaciones que tienen su origen en el control y estar dispuesto a ser flexible puede ayudar en gran medida a reducir la frecuencia en que te sientes frustrado.
¿Te sientes a menudo frustrado con tu hijos? .
























