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Publicado el decreto de expropiación petrolera el 18 de marzo de 1938, los países industriales se negaron a venderle a México equipamiento, accesorios y refacciones y utensilios necesarios para poder continuar con la extracción del petróleo y la refinación del mismo, pero los miles de obreros, en los años subsecuentes a 1938, hicieron sacrificios múltiples y esfuerzo heroicos y con el ingenio propio, aplicando sus ideas y sus manos reconstruyeron viejas herramientas y equipo. mantuvieron en condiciones óptimas la operación y explotación. ¡Los extranjeros apostaban al fracaso pero refinerías y campos continuaron con la extracción y refinación de los veneros que nos diera el diablo!

No solamente en este mes debiéramos recordar a esos insignes obreros y a los líderes de los mismos, todos trabajadores de las compañías extranjeras, que en agosto de 1935 constituyeran el Sindicato de Trabajadores de la República Mexicana, quienes de inmediato y con el asesoramiento del gobierno nacional y para evitar el outsourcing de la época, se organizaban en defensa de sus derechos laborales.


 

Ninguna comparación de esos líderes de los años 30 pudiera hacerse con los liderazgos caciquiles que han tenido y tienen empresas como Comisión federal de Electricidad, los extintos Ferrocarriles Nacionales de México o de la primera industria nacional, ¡nada que ver, ninguna semejanza con los Romero Deschamps, los nefastos Víctor Flores, o como la ex lideresa Elba Esther Gordillo, ahora defenestrada y en la cárcel! Aquellos líderes de los años indicados, contando con el auxilio de las autoridades del Trabajo, redactaron un nuevo contrato colectivo en el que se solicitaba una jornada de 40 horas semanales y el pago completo del salario en caso de enfermedad; contrato con el que se pretendía sustituir los distintos contratos colectivos que regían las relaciones laborales en las compañías ya mencionadas.

¡Han pasado desde ese entonces, 75 años! No fue de ninguna manera una decisión arbitraria y sencilla la de sacarlas del país y quitarles el gran negocio que a costa de México hacían. ¡Hoy, pareciera que esas compañías nunca se hubieran ido! pues como los buitres, siempre han estado a la expectativa, revoloteando, mirando, vigilando, buscando los puntos débiles para poder alcanzar y recuperar el gran tesoro que por su ambición y prepotencia desmedida, para bien del país, habían perdido. Ahora, los extranjeros han encontrado a gentes que, como en la época de Juárez, se arrodillan ante extraños y les sirven de prestanombres.

Las viejas empresas (Compañía Mexicana de Petróleo El Águila, S.A., Compañía Naviera de San Cristóbal, S.A., Compañía Naviera San Ricardo, S.A., Huasteca Petroleum Company, Sinclair Pierce Oil Company, Mexican Sinclair Petroleum Corporation, Stanford y Compañía, S. en C., Penn Mex Fuel Company, Richmond Petroleum Company de Mexico, California Standard Oil Company of Mexico, Compañía Petrolera el Agwi, S.A., Compañía de Gas y Combustible Imperio, Consolidated Oil Company of Mexico, Compañía Mexicana de Vapores San Antonio, S.A., Sabalo Transportation Company, Clarita, S.A. y Cacalilao, S.A) y o sus herederas están de vuelta y en todas partes inundando el territorio nacional. Se encuentran en la región de Burgos; en el centro del Golfo de México. Ya se les ha regresado la petroquímica, dejándonos sólo la denominada Petroquímica Básica; es decir, hemos entregado la industria que permite transformar el petróleo en Amoniaco, Dicloretano, Metanol, Paraxileno, Tolueno, Xileno, etc., que permite a su vez transformar el petróleo en fertilizante y o en la industria farmacéutica. La petroquímica es el primer eslabón de importantes cadenas productivas, imprescindible para nuestro propio desarrollo. De esta depende el desarrollo textil, la de alimentos y bebidas, electrodomésticos, envases y embalajes, detergentes, pero sobre todo lo relacionado con la agricultura.

Importantísimo lo es la industria de los plásticos con lo que se pueden construir estructuras más flexibles para los diversos tipos de edificaciones. Cierto que su mal uso termina por hacer basura y contaminar en forma importante, pues lo tiramos por todas partes para luego pepenarlo. (Continuará).