Viajo muy seguido por cuestiones personales y laborales. La mayoría de las veces lo hago en autobús, debido a que las distancias no ameritan tomar un vuelo, y porque también, es mucho más económico y seguro hacerlo vía terrestre.
Por lo general, me gusta abordar los autobuses de “Estrella de Oro“, ya que de las dos rutas que frecuento, es la empresa que ofrece un servicio más rápido y cómodo. Sin embargo, tiene muchas deficiencias que se repiten a lo largo de todas las empresas de transporte terrestre que existen en el país. El punto al cual voy a referirme hoy y en concreto, es al acceso a la compra de alimentos y bebidas dentro de las terminales, como a su alrededor y en el interior de los autobuses.
En las tiendas de las empresas de transporte terrestre, los únicos alimentos o bebidas saludables que se pueden adquirir son un yogurt y agua natural (de la marca que más sodio tiene en la presentación de 600 ml). Lo demás son “papitas”, dulces, galletas no integrales, sandwiches sin verduras y con pan blanco de caja, refrescos, jugos con alto contenido de azúcar, pan con alto contenido de harina y azúcar. En síntesis, una tienda llena de alimentos “chatarra”.
Ejemplo, en la Terminal Sur de la Ciudad de México, los únicos alimentos más o menos saludables, son los que vende una empresa de sandwiches, y eso si el cliente elige los integrales, y también, un local de frutas y verduras con chile y limón. Lo demás son empanadas con mucha harina, hamburguesas, hot dogs, etcétera. Al subir al autobús, te dan elegir entre refrescos o agua, y sobra decir que la mayoría de la gente elige refresco, aunado a que las botellas de agua que colocan son menos que las de las bebidas azucaradas. La comida que te dan como “obsequio”, son una bolsa de “papitas” y un sandwich sin verdura.
En los alrededores de las terminales de autobuses se pueden adquirir quesadillas fritas con mucho aceite, tortas con poca verdura y mucha carne o queso, fritangas, panes llenos de azúcar, helados y paletas. Muchos de estos “alimentos”, vendidos por comerciantes ambulantes que no tienen ningún control sanitario en la preparación de los mismos.
En el interior de los autobuses, ahora, y por una decisión de las propias empresas transportistas, sube una persona a vender “papitas”, sandwiches sin verdura, galletas, jugos con alto contenido de azúcar, y refrescos. No vende botellas de agua, ni tampoco algún alimento integral o de bajo contenido calórico. Todos sus productos exhibidos en una especie de faja, que atada a su cintura, produce una paradoja de la gordura que lleva cargando.
Acaba de pasar el Día Internacional de la Diabetes, con muchos datos sumamente alarmantes, con los que no voy a “atiborrarlos”. Sólo pondré atención en los más importantes, por ejemplo, según la OMS, esta enfermedad causa cada año unos 2,8 millones de muertes en el mundo y afecta más a las mujeres que a los hombres.
Desde 1980, la obesidad se ha doblado en todo el mundo. Según la OMS, más de 200 millones de hombres y cerca de 300 millones de mujeres son obesos. En 2010, alrededor de 40 millones de niños menores de cinco años tenían sobrepeso. Cada año fallecen por lo menos 2,8 millones de personas adultas como consecuencia del sobrepeso o la obesidad.
La obesidad puede causar en un 44% la diabetes, en un 23% problemas cardiacos y entre el 7% y el 41% de cáncer. Alrededor de 366 millones de personas viven con diabetes en todo el mundo y se espera que lleguen a los 552 millones en 2030.
En México, más del 60% de la población tiene sobrepeso y de este grupo, 33% son obesos. También, siete de cada 10 personas fallecen por padecimientos del corazón, diabetes y cáncer. Aunado a la transición epidemiológica por la que atraviesa México, la falta de ejercicio físico ya comienza afectar a los niños que se han vuelto sedentarios: cuatro de cada 10 escolares no realizan ningún tipo de actividad.
El mexicano consume en promedio 163 litros al año de refresco, le sigue el estadunidense con 113 litros, 50 menos. El mexicano consume cerca de medio litro de refresco al día, una cantidad suficiente para aumentar su riesgo de sobrepeso y obesidad en un 60% y el de diabetes en un 25%.
La diabetes cobra la vida de 84 mil personas cada año en México. Del total de decesos, 52.2 por ciento son mujeres y 48.8 hombres. De los 400 mil casos nuevos diagnosticados cada año, se considera que aún 50 por ciento de personas desconocen el padecimiento. Reportes de la Federación Internacional de Diabetes indican que en México, al menos 56 mil personas han sufrido una amputación por dicha enfermedad.
Deberíamos exigir a las empresas transportistas que cambien sus malas prácticas comerciales, así como a la Secretaría de Salud Federal y a las estatales, para que multen o sancionen a Estrella de Oro, Estrella Blanca, ADO, o como se hagan llamar, para que no vendan productos “chatarra”, ni en el interior de sus autobuses, ni en sus comercios.
Ellos mismos deberían reflexionar sobre su responsabilidad empresarial al transportar a cientos de millones de pasajeros anualmente y obtener enormes ganancias económicas, como sin duda lo hacen.
Estoy convencido, las empresas transportistas son corresponsables de que en México seamos un país de gordos y diabéticos.























