Se ha escrito mucho sobre el tema de las redes sociales, de si estas desplazaron a los medios tradiciones, de si han roto paradigmas, de si representan la desmitificación de los líderes, de si los gobiernos autoritarios les temen por que son democráticas, y en ellas no pueden ocultar la información que fluye rápidamente a través de sus “venas” virtuales.

Las redes sociales, lo digo como usuario frecuente y asiduo de las mismas, tienen una palabra clave que gestionó su creación, compartir. No es informar, no es hacerse famoso, no es ligar, no es manifestarse, su leitmotiv es darle al otro lo que uno piensa, siente, desea o elige. Uno comparte con quién lo sigue, con quien se comunica, lo que se es, hace o piensa. Uno refleja en la red lo que quiere reflejar, y así se construye un “alma” virtual.



A veces más rápido, cómo en Twitter, a veces más lento, como en Facebook, pero lo que uno comparte se queda grabado en las entrañas de los servidores de dichas redes sociales, para siempre, o al menos hasta que las empresas que las manejan lo decidan mantener allí. Uno no es dueño de sus publicaciones en dichas redes sociales, lo que sucede es que uno no se da cuenta de ello, o no se concientiza sobre ello, debido a que nos las apropiamos, creemos que son nuestras y que en ellas podemos hacer lo que queramos.

Hasta que llega la censura, o tal o cuál red social elimina lo que publicamos en ellas, nos percatamos de que se rigen bajo ciertas reglas que siempre están escritas en su políticas, las que por obviedad, casi nunca leemos. Y es que pensamos, o aseguramos,  que las redes sociales son democráticas, cuando no lo son. ¿Porqué aseguramos que las redes son democráticas? Pues creemos que el mentarle la madre con total libertad a un político o a un comunicador a través de nuestras cuentas -muchas anónimas o falsas- nos lleva al status quo de libertad.

La libertad siempre se asocia con el concepto de la democracia, por que en ella supuestamente se elige libremente lo que la mayoría desea. En Twitter, lo que la mayoría desea se convierte en un Trend Topic -o tema más comentado-, pero no siempre estas temáticas son necesarias para el ejercicio de la libertad o para elevar el nivel de la discusión pública. En las últimas semanas, hemos visto como los temas políticos o sociales han sido relegados al segundo plano de nuestra satisfacción por llenar el vacío informativo que nos envuelve.

Los Trend Topics que se observan actualmente, son, por ejemplo: #UnBuenConsejo, #FracasasteComoElAmorDeMiVida, temas relacionados con los populares cantantes Juveniles Jonas Brothers, Justin Bieber, Selena Gómez, o Lady Gaga. Después, y con menos frecuencia están los temas deportivos, los temas de sexo, pero también encontramos temas absurdos, hasta llegar a los temas negativos o grotescos. Dentro de estos últimos se encuentran los que han querido denigrar a los homosexuales o los indígenas. Estos, representan el exceso de la libertad. El poder escribir lo que sea, no significa que lo debas de hacer.

Claro, en nuestra sociedad, como en cualquier otra, existen posturas disímbolas, que de tanto ser contrastantes pueden caer en la intolerancia. Sí, en las redes sociales hay usuarios de filiación ideológica de izquierda, de centro o de derecha, liberales y conservadores. Sucede que, al no existir un código de ética, o una regulación social, legal o gubernamental en el uso de las redes, lo que impera es el caos, nada se regula si no es así mismo, hasta que la temáticas pasajeras, pasen de eso, de moda, y el “respetable” público se olvide de las mismas.

La tendencia es lo que marca el uso de las redes sociales, y esto significa que lo que allí se discute, se pide, se dice, se dicta, se analiza, no tiene un sustento de fondo, de la largo plazo, todo es llevado y arrastrado por la vorágine de la información que la mayoría de las ocasiones no sirve para nada, que no ayuda al colectivo social a generar mejores escenarios. La red social está plagada de absurdos y de corto placismo, Twitter y Facebook están muy llenas de nada.

El exceso democrático en las redes sociales, nos puede llevar a contrariar los principios fundamentales que la democracia sostiene: la libertad individual y la razón, dándole a la mayoría el poder de reglar la vida privada, o argumentando que idealizar la democracia, exaltando las mayorías o el pueblo, lo que puede favorecer la aparición de la oclocracia o el populismo. Es decir, la degeneración de las formas puras de gobierno, lo que nos lleva, indudablemente, a la tiranía de la mayoría.

Para los que se llenan la boca de la palabra “pueblo” o de que las redes son el “quinto poder”, al asegurar que Twitter y Facebook son las herramientas públicas y gratuitas para la reivindicación social, les voy a recordar que las redes no son más que el gobierno de la “muchedumbre” es decir, de la masa, del gentío, esa bola de personas, que sin un orden, a la hora de abordar asuntos políticos presentan una voluntad viciada, evicciosa, confusa, injuiciosa e irracional, por lo que carecen de capacidad de autogobierno, y por ende, no conservan los requisitos necesarios para ser considerada como “pueblo”.