El entorno económico mundial tiene un panorama de lenta recuperación, pero de alguna manera sostenida. La mayor economía del orbe, la estadounidense, ha comenzado a recuperar la confianza, los consumidores compran más y el empleo se reestablece poco a poco.

En Europa las cosas no van tan bien. Países como Chipre, Grecia o la misma España aún no ven la luz al final del túnel, pese a las duras medidas de austeridad. El desempleo y el deterioro general del nivel de vida de estos países, parece no tener fin.


Asia atraviesa por contrastes. China ha experimentado una leve desaceleración, el Medio Oriente y centro de Asia sigue sin crecer y los famosos tigres experimentan un auge jamás visto. Japón, la economía más desarrollada continuará en el estancamiento.

La región más esperanzadora es América Latina. A pesar de la baja de Brasil, países como Perú, Uruguay y Chile presentan dinamismos interesantes y Argentina con todo y su gobierno, tiene niveles aceptables de crecimiento.

La incógnita sigue siendo la Venezuela post-Chávez y el grupo conformado por los países del ALBA, todo es incertidumbre.

Y así llegamos a México. Tras la alternancia de partido político en el gobierno, la actual administración ha realizado una serie de cambios en las estructuras. La educación, las telecomunicaciones, la energía, la estructura del Estado y la recaudación fiscal son los retos para que México pueda competir en el concierto global.

En lo que se refiere a la posible reforma fiscal, se debe tomar en cuenta que la recaudación en México es un tema delicado. Durante décadas no se ha podido recaudar, vía impuestos, más que 10 puntos del PIB, ése sin duda, es un gran reto para la actual administración.

Una de las vías para ello es mejorar el sistema. Pero también se ha propuesto la creación de impuestos y eliminar de la exención de IVA a los alimentos y medicinas. Sin duda es necesario para lograr una recaudación eficiente, pero la situación no es tan sencilla.

Los ciudadanos poseen una estela de desconfianza hacia el gobierno, sea del nivel que sea, y sea del partido que sea. Esa desconfianza está bien fundamentada en la corrupción de funcionarios y autoridades.

Así que antes de proponer nuevos impuestos y estructuras en materia fiscal, lo primero que deberá hacer el Estado mexicano es generar la confianza necesaria para que la ciudadanía vea la necesidad de recaudar más y mejor.

Y que lo recaudado, más que ponerle una etiqueta: se refleje en mejores servicios, más oportunidades y mejor calidad de vida para la sociedad.