Vivimos en una sociedad virtual paralela a la que no podemos sustraernos. El uso generalizado de internet ha transformado la vida de los seres humanos y llegó para quedarse. No es una moda pasajera. Ejemplos de ello sobran, pero por citar los más recientes evoquemos que en octubre de 2014, la reina de Inglaterra envió su primer mensaje por tuit (lo cual representa un auténtico parteaguas para el tradicionalismo con el que siempre se han manejado las monarquías). Y el hecho de que en la primavera de este 2015, Chicago será una “ciudad inmersa en internet”, lo cual implica que la web por primera vez controlará integralmente el funcionamiento de toda una comunidad, a manera de plan piloto para ser implantado en otras grandes ciudades en el futuro.
La sociedad real es en la que nacemos, en la que estamos inmersos cotidianamente. La sociedad virtual es intangible, depende de la real pero posee sus propias características. La sociedad real tiene límites locales, fronteras geográficas y políticas; la virtual traspasa esas demarcaciones y fluye en ámbitos transfrontera. Su referente es global, algunos dicen que planetaria. Es en el ciberespacio donde se mueve la sociedad virtual, en ella se modifica la percepción espacio-tiempo. Los usuarios, los actores, los observadores de la sociedad virtual crecen exponencialmente y clarifican sus derechos, los comparten y los refuerzan.
El ciberespacio se vuelve un terreno educativo, de investigación, de transacciones comerciales y de mercado, de política económica, de denuncia y de lucha social. Esta sociedad crea nuevas identidades, nuevos ciudadanos: los netizen, término formado por net = red y cit(izen) = ciudadano, o prosumidores (productores y consumidores de contenidos).
Se generan nuevos términos, nuevas ocupaciones y quizá hasta nuevos delitos. Como los llevados a cabo por los hackers y los contra hackers, así como los introducidos por los virus y los antídotos. Así como los antídotos para defenderse de los ataques de quienes, por gusto, curiosidad, reto, o maniobra destructiva bajo contrato, devastan trabajo y conocimiento.
Se establecen formas inéditas de convivencia, ya que se modifican actitudes, relaciones, cambian los diseños urbanos y arquitectónicos, y algunos espacios comunes dan paso a los individuales, ya que mucha vida colectiva se hace en internet de manera virtual.
La respuesta a ello es el Liderazgo Transformacional, el cual se caracteriza por su capacidad para producir cambios sustantivos, para emprender los cambios en la visión, la estrategia y la cultura de la organización y también de propiciar innovaciones en los productos y las tecnologías. Por su concentración en la filosofía corporativa y en los intangibles, las ventajas competitivas del presente y del futuro, así como crear relaciones y gestionar la reputación corporativa, a la vez de dotar de mayor significado a las actividades independientes. Ofrece un terreno común para enrolar a los seguidores en el proceso de cambio; despierta en los individuos un alto conocimiento de temas clave para el grupo y la organización; se basa en la confianza de los seguidores y los intereses de la organización y sus stakeholders.
Bajo esta nueva realidad, los modelos y las teorías tradicionales de liderazgo deben ser revisadas para poder pensarlas acorde a estos nuevos entornos. Las particularidades del trabajo a distancia conlleva la necesidad de resolver problemáticas del trabajador virtual, lo cual implica nuevos desafíos. Como la implantación de un liderazgo virtual, capaz de liderar en las nuevas formas de trabajo virtual, como el trabajo en red, en equipos virtuales y el teletrabajo.
*Socio y Vicepresidente Ejecutivo de AB Estudio de Comunicación, firma de Consultoría en Relaciones Públicas y Académico de Número de la Academia Mexicana de la Comunicación
























