Según algunos analistas de temas religiosos, como lo establece Moisés Naím en su ensayo “El Fin del Poder”, existe una degradación de la influencia católica en el denominado mercado internacional de las almas, traducido en una pugna entre iglesias o grupos religiosos. El desplome gradual y constante de la Iglesia Católica, se ha derivado del deterioro de su imagen en el mundo de los creyentes, a pesar de la santificación de Juan Pablo II, pues durante su periodo en el Vaticano se presentaron muchos casos de actos de pedófila por múltiples miembros del sacerdocio.

Los analistas y críticos más extremistas señalan la beatificación como una farsa espiritual apoyada en un milagro por la cura del mal de Parkinson a una monja francesa, soslayado abusos en la Iglesia Católica de Irlanda, de crímenes inconfesables en la Arquidiócesis de Boston y circular en Brasil el manual “del cura pedófilo” escrito por el sacerdote Tarcisio Sprícigo, en el cual dan instrucciones de cómo proceder “los violadores del señor”. Recordemos casos como aquel de la congregación para la doctrina de la fe de Marcial Maciel fundador de los Legionarios de Cristo.

Hay quienes consideran estar viviendo la Iglesia Católica la mayor crisis de toda su historia, mayor incluso de cuando se llevó a cabo la Reforma Protestante, con la posibilidad de seguirse agudizando su desplome. Ha lastimado a la Grey católica los cuestionamientos de la ONU al Vaticano por la pederastia clerical, al tipificar la legislación de la Santa Sede como “un delito grave contra las costumbres”, cuando la ONU afirma tratarse de casos graves de tortura y de violencia sexual, hecho exaltado por el suicidio en Kansas de una víctima de los sacerdotes.

El plan asumido por Benedicto XVI para la realización de la XXVIII Jornada Mundial de la Juventud en Río de Janeiro, fue parte de la estrategia para amortiguar el desplome de los católicos en Brasil, el cual con 191 millones de habitantes es el país con mayor población católica en el mundo: 123 millones. Sin embargo es de destacarse haber pasado de 74% de adeptos en 2000 a 63.5% en la actualidad, de cuya caída se ha presentado un crecimiento en iguales proporciones de las iglesias evangélicas y cristianas. El Congreso brasileño cuenta con la mayor bancada de evangélicos en su historia, 73 de 594.

La pugna por las almas es en realidad una lucha por los adeptos, donde los micro poderes de expresiones cristianas con redes y presencia internacional, comienzan a arrinconar y a desplazar a la Iglesia Católica, la cual cuenta con estructuras jerárquicas y de corte centralizado. De ahí el dinamismo esperado y anhelado de Benedicto XVI, pues las estrategias entre unas y otros devienen por un lado, de formar grupos de actores pequeños, agiles y autónomos, y por el otro de sacar al sacerdocio de las paredes rígidas y llevarlo al contacto, charlas y caminatas del origen del catolicismo.

En la homilía del Papa Francisco del miércoles de ceniza pasado, apuntó: “la cuaresma es una invitación a volver a Dios, por que algo no va bien en nosotros, en la sociedad, en la iglesia y tenemos la necesidad de convertirnos”; reafirmando Masferrer, “los creyentes están hartos de una iglesia corrupta, pedófila y transa, buscando nuevas formas de espiritualidad en otras iglesias”. Este líder religioso habla con la verdad y al no negar una realidad negativa de la Iglesia Católica, abre la posibilidad de encontrar soluciones a su caída. Sólo le faltaría recibir el eco en todos los rincones del mundo, de sus representantes locales, aquellos que se encuentran más cerca de la gente, de los creyentes. Por lo pronto, la pugna seguirá.

[email protected]