El mercado laboral mexicano está, desde hace años, muy competido, entre otras cosas por la escasa oferta de trabajos. Ninguna de las profesiones que conocemos garantiza que al terminar la misma se pueda obtener un empleo seguro, con buenos ingresos, un ambiente laboral cómodo y seguridad a largo plazo. Ninguna, salvo quizá la del Magisterio, en la cual, el “trabajador“ (es un decir) una vez en poder de una “base“, tiene la certeza absoluta de que jamas lo podrán correr de su chamba, así sea el más inepto, ignorante y conflictivo de todos los trabajadores del planeta; es más, si lo desea podrá heredar o vender su plaza, faltaba mas, que para eso esta el Sindicato.
La escasa oferta laboral aplica tanto para las carreras llamadas “tradicionales“ como medicina, ingeniería, leyes, contabilidad, como para nuevas como informática, relaciones comerciales, ciencias de la comunicación etc. Y ya ni hablar de esas carreras que tradicionalmente han sido el refugio de juniors y despistados como Filosofía y otras de discutible utilidad pues para sobrevivir en esas es necesario contar con un progenitor rico o bien resignarse a vivir con un sueldo miserable, enquistado en alguna Universidad, pero eso sí, trabajando poco, tranquilo y sin sobresaltos.
En esta época de la generación NI-NI (NI estudian NI trabajan) solo dos opciones contemplan nuestros connacionales. O aceptan ser reclutados por el narco, que ofrece un ostentoso tren de vida, aunque con un futuro donde lo más seguro es una muerte violenta, o bien, con menos peligros y parecidas prestaciones se opta por seguir la carrera de político, esa que, dígase lo que se diga, sigue siendo la opción mas atractiva para el amplio segmento estudiantil de grandes ambiciones y escasas luces intelectuales
¿Que se necesita para ser un buen político? Muchos creen que para llegar a ser un gran funcionario se debe contar con un título universitario, maestría y doctorado incluido (reales, no “patito”), hablar un idioma adicional y tener una destacada trayectoria. Esto quizá lo sea en otros países, pero en México definitivamente no. En cuanto a su capacidad profesional no es necesario ser bueno o siquiera regular, pueden, sin ningún problema, ser unos auténticos asnos; un ejemplo claro lo tenemos en López Obrador.
Importantísimo es contar con aliados solventes; es necesario disponer de allegados que apoyen; aunque los favores que se reciban durante la campaña se deberán pagar una vez ocupado el puesto al que se aspira. Esto es un arma de dos filos, pues mientras más te financien mayor será el compromiso con esas personas, al grado quedar literalmente vendido y sin libertad para actuar por cuenta propia; ejemplos sobran, algunos muy cercanos.
Pero, cosas de los tiempos y de la mercadotecnia de la imagen, esa surgida en los EUA desde el debate Kennedy-Nixon y en México ahora con Peña Nieto; el político debe de resultar razonablemente atractivo, vestirse con un diseñador personal, y contar con uno o varios asesores de imagen. Ya con el físico estilizado y vestido a la moda, se arreglan las caras y el peinado. Estilistas y diseñadores tratan de hacerlos aparecer más jóvenes, “casuales” o incluso inteligentes.
Con estos elementos, los nuevos próceres compiten en las elecciones cobijados y manejados por los verdaderos y poco conocidos dueños del poder, quienes invierten gigantescos recursos en una estrategia propagandística permanente. Aquí van, en cerrada competencia, el PRI, el PAN y el PRD; los tres actúan igual; los tres gastan carretadas de dinero; los tres buscan los mismo.
La inversión en imagen, usando la televisión y cuanto medio se deje comprar, es cara, y por eso se llega a erogaciones extremas, la justificación es que los otros también lo hacen y que no se puede entregar el poder por el alto costo que ha tenido lograr esta peculiar democracia mexicana.
Las comunicaciones ocupan un lugar de honor en la dinámica política. Las más altas autoridades, del partido que sea, se la juegan por los primeros diez minutos de los noticieros. No importa lo que se diga, la cuestión es aparecer.
La cultura, la honestidad, el afán de servicio, la congruencia y la inteligencia no son atributos necesarios en los políticos Algunos jamás han leído un libro, a menos que califique como libro el directorio telefónico, pero pese a ello se les coloca en cargos vitales para el manejo del país. Estos políticos pluripotenciales pueden ocupar cualquier cargo, independientemente su formación, ya que se supone que en cualquier lugar pueden funcionar bien, pues lo único que realmente necesitan es capacidad de tragar sapos sin hacer gestos, flexibilidad de la columna para hacer genuflexiones y habilidad para sobrevivir en las sentinas de la política.
























