Como priísta Luis Donaldo percibió la situación política por la que atravesaba nuestro país en los tiempos que le toco vivir antes de su fallecimiento, sabia que nuestro partido debería dar un paso adelante para entender la realidad de México, reconocer las bondades del partido, si pensamos y actuamos con verdad y honradez; sus deficiencias, hablando con claridad, con decisión y sin ocultamientos.
En esos términos, Luis Donaldo creía en México, y en su futuro, por la fortaleza de su historia y por la reciedumbre de su gente; por su tradicional y permanente fuerza libertaria que, como ahora, lo significó en la Independencia, en la Reforma y en la Revolución; creía en el Partido Revolucionario Institucional porque a pesar de los destructores de dentro y los detractores de afuera, ha sido el cauce de los más importantes logros nacionales desde 1929, sin desconocer los errores y deficiencias en que ha incurrido.
Entendía la política como la más noble función humana porque impone a quien la ejerce la obligación, la disciplina y la satisfacción de servir desinteresadamente a los demás, porque sólo así se respondía a quienes han depositado su confianza para el ejercicio del servicio público.
Tuve el honor de participar en el inicio de su campaña en Huejutla Hidalgo, era entonces Delegado del PRI en la entidad a cargo del Gobernador Murillo Karam.
En su mensaje de inicio dijo “Con responsabilidad, sin demagogias, sin paternalismos, sin populismos, debemos alcanzar una nueva etapa de bienestar, y lo lograremos mediante acciones decididas; lo lograremos con determinación, con coraje, con unidad y con trabajo, asegurando a todos el acceso a mejores niveles de educación, cuidando la salud de nuestras familias y asegurándoles también una vivienda digna.
El hecho que todos lamentamos nos conmociono, será muy difícil olvidar que a través del ejercicio del poder como Presidente de México hubiera cumplido a cabalidad su compromiso de lograr una conducción política para la confianza; una conducción política responsable, para llevar a cabo los cambios que requería el país, para cerrarle el paso a toda intención desestabilizadora, de provocación, de crisis, de enfrentamiento.
Así lo decía: “Haremos de nuestra capacidad de cambio el mejor argumento para convocar a la confianza de los mexicanos, para garantizar la paz, para fortalecer nuestra unidad. Somos una gran Nación porque nos hemos mantenido básicamente unidos, pero con respeto a la pluralidad.”
Señalaba con objetividad: El PRI reconoce su responsabilidad y ésta es de la mayor importancia para el avance político de México. Los priístas sabemos que ser herederos de la Revolución Mexicana es un gran orgullo, pero ello no garantiza nuestra legitimidad política. La legitimidad debemos ganarla día con día, con nuestras propuestas, con nuestras acciones, con nuestros argumentos.
“Hoy vivimos en la competencia y a la competencia tenemos que acudir; para hacerlo se dejan atrás viejas prácticas: las de un PRI que sólo dialogaba consigo mismo y con el gobierno, las de un partido que no tenía que realizar grandes esfuerzos para ganar.”
“Como un partido en competencia, el PRI hoy no tiene triunfos asegurados, tiene que luchar por ellos y tiene que asumir que en la democracia sólo la victoria nos dará la estatura a nuestra presencia política.”
“Hoy, ante la contienda política, ante la contienda electoral, el PRI, del gobierno, sólo demanda imparcialidad y firmeza en la aplicación de la ley. ¡No queremos ni concesiones al margen de los votos ni votos al margen de la ley!”
“¡México no quiere aventuras políticas! ¡México no quiere saltos al vacío! ¡México no quiere retrocesos a esquemas que ya estuvieron en el poder y probaron ser ineficaces! ¡México quiere democracia pero rechaza su perversión: la demagogia!”
“Proponemos la reforma del poder para que exista una nueva relación entre el ciudadano y el Estado. Hoy, ante el priísmo de México, ante los mexicanos, expreso mi compromiso de reformar el poder para democratizarlo y para acabar con cualquier vestigio de autoritarismo”
Gracias a la personalidad de Luis Donaldo muchos militantes sentimos el orgullo que significa pertenecer a nuestro partido, implica un motivo de satisfacción y de dignidad, jamás de vergüenza. Lograr esta meta supone la transformación en la actitud, en la voluntad y en las convicciones de cada priísta. Fortalecer los valores políticos de nuestro partido, es el signo de los tiempos; no hacerlo, será traicionar el pensamiento de Luis Donaldo Colosio.
Víctor Manuel Tinoco Rubí
























