En un mundo dónde las ideas y las razones importan menos que las imágenes y los gestos, muchos procuran informarse lo más sólido posible para cultivar una mente sana y un buen estilo de vida.

En la maravilla de Internet se permite tranquila y fácilmente, comparar, confirmar y descartar aquello que les ayude a razonar y actuar mejor. Allí donde están siendo tachados (en el mejor de los casos) de anacrónicos, influidos quizá por esa cultura mediática que empodera la imagen “bonita” y el puro “rollo”, como decimos aquí, aunque éste, después de una seria investigación carezca de sólidos fundamentos y sea totalmente falso.


Porque claro, siempre conviene entrenarnos para trasmitir mejor y oportunamente nuestras ideas, y comentarios, poniendo especial atención a lo que desde 1967 el profesor de la UCLA, de origen armenio Albert Mehrabian (74) señaló: siete por ciento con las palabras; 38 por ciento con el tono que usamos y el resto 55 por ciento a lo que desde entonces se ha llamado, lenguaje corporal; por ello es importante:

Ponderar tranquilamente la importancia del testimonio de vida, que por supuesto implica la imagen y de quien trasmite el mensaje (incluidos nosotros, obviamente), pero igual de importante percibo, las acciones y el comportamiento recurrente de quien echa el “rollo”, y no sólo yéndonos con la finta con el que algunos llaman: imagen cosmética (esa de pose mediático o para cuando nos están viendo), porque sin duda, más temprano que tarde es lo que nos mueve a usted y a mí a confiar en las personas y -¡ojo!- que las personas confíen en cada uno de nosotros o, conviene aceptar, a que no nos la tengan.

Y para ello debemos revisar cómo andamos de acciones que respalden y proyecten lo que decimos y -¡muy importante!- hacemos, (aquí póngase el nombre que quiera: cómo papá, mamá, pareja, hijo, amigo…) para después revisar a quienes están cercanos (póngale ídem), y más interesante, creo, a quienes están dándonos su rollo (consejo, opinión, discurso…) en forma continua y directa o por los medios de comunicación; ejemplo, maestros, jefes, periodistas, profesionales de la salud, directivos de organismos gubernamentales, empresariales, profesionales, universitarios, sindicales y vecinales, por citarle sólo estos.

¡Ah sorpresas nos llevaremos! Usted adiciónele los que quiera.

Así estaremos, me parece, haciéndonos un gran favor y a quienes están cercanos, entrenándonos para evitar vivir, por lo menos, lo que el joven periodista británico Rhymer Rigby interesantemente identifica es uno de los fallos más recurrentes del programa de entrevistas de la popular mujer afroamericana Oprah Winfrey (59) “… estar obsesionada con triviales dietas que pasan rápidamente de moda, estupideces, cursiladas y gurús de la autoayuda que, a menudo, son poco más que charlatanes.” (Cf. 28 Líderes de negocios que cambiaron al mundo. Ed. Aguilar. Página. 124).

¿Cuándo empezamos?