Las sociedades que se enorgullecen de la limpieza que reina en sus calles son producto de miles de ciudadanos que han logrado vivir el hábito de convivir con el placer de cuidar, estar y circular en ambientes limpios. Liderar es destacarse por vivir cotidianamente poniendo empeño en lo que se hace, para que de esa forma nuestros días vivan impregnados de sentido.
El hábito es la manera de actuar adquirida por la repetición regular de un mismo tipo de acto. La voluntad de vivirlo se conquista y para eso debe haber un verdadero interés en lograrlo. La decisión de practicarlo radica en lo profundo de uno mismo.
Liderar es destacarse por vivir cotidianamente poniendo empeño en lo que se hace, para que de esa forma nuestros días vivan impregnados de sentido. En esta concepción de liderazgo los hábitos son vitales. Sin hábitos no hay liderazgo. Son trascendentes para liderar. Las personas líderes son conscientes de la importancia de los hábitos. Identifican sus hábitos y se esmeran en cuidarlos y alimentarlos. ¿Qué hábitos acompañan su vida?, si puede escríbalos, deténgase a reflexionar sobre lo que escribió y vuelva a comprometerse en seguir viviéndolos.
Ante los hábitos no hay reclamos, no hay tiempos medidos, no hay hora de salida. Sí un ingreso alegre y comprometido con los grandes sueños que pueden ser vividos en los pequeños y simples actos que a ellos los representan. Según el cometido la voluntad impregnada de hábitos requiere de un esfuerzo constante. Hay hábitos que agotan pero ese agotamiento es fuente de renovación para volver a vivirlos.
Al ser un hábito se transforma en algo natural, no requiere de puestas en escena para mostrarlo. Simplemente se vive. Las personas líderes construyen sus hábitos. Pasan del deseo a la acción. La palabra del querer se transforma en la vivencia del hacer.
La opción de encontrarle a cada situación que vivimos un significado que nos permita seguir creciendo en nuestro camino es un hábito ganador que los líderes lo practican de manera natural segundo a segundo. Se opta por ser bien pensado, bien predispuesto, bien considerado, bien dado hacia el interior de nuestra raíz pensante.
El hábito constructivo es generador de poder interior. La libertad invade la vida de las personas que poseen hábitos que suman. El hábito de crear ambientes saludables para todos los que están involucrados en esos espacios es un signo distintivo de los líderes. La voluntad positiva se manifiesta a través de conductas positivas que se visibilizan en ambientes positivos. El ser positivo construye hábitos positivos más allá de los contextos que se presenten. Todo radica en la mirada que se tenga ante la vida.
También los grupos humanos pueden vivir hábitos colectivos. Al igual que cada ser humano vive hábitos que lo ayudan a crecer, podemos decir que las sociedades pueden construir hábitos que les permiten desarrollarse como tales. Se pueden establecer criterios representativos de quienes forman parte de un todo y a partir de los mismos empeñarse en honrarlos con el ejemplo. Las sociedades están construidas por sus habitantes. Así como en sus hogares o en sus trabajos pueden tener cada cosa en el lugar que corresponde que estén de igual forma en la vía pública puede suceder. El hábito colectivo de ser ordenados y respetuosos en lo público y de lo público también se puede desarrollar y una vez alcanzado se puede proteger. Un hábito logrado es el escalón necesario para vivir otros hábitos. Las sociedades que se enorgullecen de la limpieza que reina en sus calles son producto de miles de ciudadanos que han logrado vivir el hábito de convivir con el placer de cuidar, estar y circular en ambientes limpios.
Hay muchos hábitos agradables que nos ayudan a tener calidad de vida de manera individual como también social. Está en nosotros valorarlos y vivirlos.
























