Sí, dicen que los hay. Algunos, incluso, afirman haberlos visto. Pero la mayoría dice que son como esas leyendas urbanas, esas historias que de tanto repetirlas llegan a parecer ciertas.
La realidad es que no suelen manifestarse públicamente. Lo hacen a escondidas, eso dicen, como si les diera vergüenza darse a conocer, como si temieran las represalias de todos los demás, porque, en cualquier caso, ser honrado en medio de tanto sinvergüenza no deja de ser algo arriesgado, incluso fuera de lugar.
Aunque se debería matizar el término “honradez”, porque también ha degenerado con el tiempo y ahora ya se aplica a cualquier actitud que simplemente sea la consecuencia de vivir bajo la responsabilidad, la dignidad y la obligación de corresponder a la confianza de los demás, de los ciudadanos que votan.
Yo creo que un político honrado, con lo que está cayendo, sería aquel que renegase de los “suyos”, o sea, de sus compañeros chorizos de profesión. Sería aquel que renunciara a formar parte de una “élite” de diosecillos que se aprovechan de la buena voluntad de los ciudadanos, de su confianza, para sacar tajada de su posición y encima chulearse de los que les votaron.
Un político honrado promovería un movimiento dirigido a limpiar de basura su profesión. No se escondería en momentos como este. Daría la cara a través de todos los medios posibles y reclamaría cambios inmediatos en las leyes que protegen a toda esta caterva de indeseables. Todo aquel que siga en su pedestal, cobrando de los ciudadanos, y participando de esta vergüenza que vivimos, no se puede declarar honrado, porque ser honrado no sólo consiste en no robar, sino también en denunciar al ladrón. Ya sabemos aquello de que el que calla otorga. ¿Cuántos políticos españoles, hasta la fecha, han salido a pedir a la justicia y a los ciudadanos que colaboren para mandar a toda esta gentuza a la cárcel?
Pero hay más. Un político honrado se negaría a cobrar un sueldo que no se justifica, y no aceptaría ningún tipo de privilegios que le diferenciara de los ciudadanos, sobre todo de aquellos con profesiones que son mucho más necesarias para la vida, para la sociedad, que la suya.
Un político honrado no justificaría a sus compañeros de partido que se han aprovechado de su posición, no los taparía, no los disculparía ante los ciudadanos.
Un político honrado exigiría a la justicia que entrara a saco en su partido y lo limpiara de todo aquello, y aquellos, que han incumplido las normas y engañado a todo el mundo.
Un político honrado, hoy, tal y como están las cosas, pasaría más tiempo en la calle, protestando, que en su poltrona de poder cumpliendo el trámite.
Un político honrado, en suma, no tiene sitio en esta patética democracia que entre todos permitimos, mantenemos y alentamos.
Así que, los políticos honrados son leyendas urbanas, mitos, sombras de un tiempo donde la política era algo digno, donde la democracia tenía un sentido y una utilidad social, donde los ciudadanos participaban de las decisiones que les afectaban.
¿Políticos honrados? Es incompatible ser político y ser honrado, porque es incompatible cobrar de los ciudadanos y lamerle el culo a los banqueros, porque es indigno pedir el voto a los ciudadanos y hacer políticas que los degradan como seres humanos, porque es sucio, y debería ser delito, mentir sistemáticamente, hacer programas políticos que nunca se cumplen, cobrar pensiones millonarias una vez retirados de la política, hacer pactos entre los partidos a espaldas de los votantes, etc. etc.
No, no existen políticos honrados. Y si alguno lo era antes de entrar en la política, el mecanismo lo corrompió, porque no dicen todo lo que saben y, sobre todo, porque se aferran al poder, y al dinero que éste les aporta, como si les fuera la vida en ello.
Pero no sólo ellos no son honrados, quienes les votan, sabiendo como son, comparten su deshonra y su falta de escrúpulos.
¿Políticos honrados?…no se lo crean, es una leyenda urbana.
























