Con una buena carga de cinismo, en algunos círculos periodísticos se afirma: “No dejes que la verdad te estropee una buena noticia”. Obviamente estamos hablando de un periodismo manipulador y carente de objetividad, situación que lamentablemente abunda en México.
Objetividad es, según el diccionario: “La imparcialidad con que se trata o se considera un asunto prescindiendo de las consideraciones y los criterios personales o subjetivos”.
A este respecto, es frecuente escuchar a conocidos y cotizados periodistas, afirmar que la objetividad, en periodismo, no existe; y si se les da suficiente cuerda llegan al extremo de señalarla como una disfunción, un no-valor del periodismo, cuando es exactamente lo contrario. El hecho de que los periodistas sean subjetivos, y que invariablemente interpreten lo que observan, no cancela la posibilidad de tener a la objetividad como un ideal a seguir. Algunos intelectuales, como Francoise Revel, con más contundencia, afirman que la objetividad en periodismo si es posible, lo que no existe en la infalibilidad al escribir.
Los que niegan la objetividad son básicamente los defensores del periodismo faccioso, y por conveniencia insisten en afirmar que la objetividad no existe, llegando incluso a rechazar que esta siquiera sea una meta a seguir. Imagino que con estos pensamientos sosegarán su alma a la hora de cobrar por sus servicios.
La objetividad, en definitiva, es una meta, como lo es la justicia para el juez, o la curación para un médico. Son propósitos, ideales, sin los cuales no se podría funcionar.
El periodismo y la militancia en un determinado partido o corriente no se llevan, son dos términos opuestos y si me apuran diré que excluyentes. El periodismo es tomar distancia y la militancia es tomar partido, y eso definitivamente no es periodismo, es propaganda.
El periodismo militante implica ocultar o distorsionar hechos y cosas que importan y afectan a la sociedad. Es decir, desinforman; y eso no es periodismo. Tampoco es periodismo aquel que defiende a toda costa a determinados poderes fácticos, en deterioro del interés público, por ese camino se llega no al periodismo, sino a la simple publicidad y propaganda.
El periodismo faccioso es el periodismo militante llevado al extremo, ahí el maniqueísmo es absoluto, los bandos se dividen en buenos y malos, sin puntos intermedios. El periodismo de facción en México exhibe, sin pudor alguno, sus filias y fobias políticas y para ello, entre otros recursos, acude a la opinión sesgada, a la especulación, incluso oculta o distorsiona los hechos. Para confirmar lo anterior solo basta echar un vistazo en los medios que apoyan al partido en el poder, en sus planas y pantallas registran y magnifican ad nauseam la versión oficial de cualquier acontecimiento; el más irrelevante de los actos es presentado como un gran logro. En el otro extremo del periodismo faccioso las cosas son a la inversa, ahí solo encontraremos severas criticas a las acciones del Gobierno, con “analistas” que no dudan en falsear las noticias con tal de complacer la fidelidad de sus devotos e ignorantes lectores. Como ejemplos evidentes tenemos a un periódico nacional, inspirado en el Granma cubano y un semanario que hace años vio pasar sus mejores épocas y hace de la calumnia su línea de trabajo.
Una lacra del periodismo son aquellos pseudoperiodistas que, en su trabajo, especulan, alteran o magnifican la información, con la idea de obtener dinero a cambio de callarse o modificar su línea periodística. Curiosamente esta especie, que abunda, se promociona como la única portadora de la verdad, pero evidentemente son lo peor del periodismo, auténticos habitantes de las sentinas.
Un consejo que vale la penar tener presente a la hora de escribir: “La objetividad no consiste en describir lo que vemos sino en precisar qué clase de anteojos llevábamos en el momento de la observación.” Y aunque les resulta incómodo y les levante ronchas, los periodistas deben recordar que su obligación primaria es ser imparcial, objetivo, estar suficientemente informado del tema a tratar y no maquillar las noticias con el barniz de sus odios. No hacerlo así los convierte en mercaderes de la información y condotieros del teclado
Entonces ¿qué nos queda?, la información debemos obtenerla de varios medios, nunca de uno solo, por cercano que esté a nuestros afectos, jamás rechazarla solo por provenir de un medio o periodista que nos desagrada; hay que razonarla, contrastarla, verificarla; solo entonces obtendremos algo de objetividad.
Concluyo: La esencia del periodismo es búsqueda de la verdad, tal y como es, no como nos gustaría que fuera.
























