Nuevamente, con una resolución  discutible, por decir lo menos,  el máximo tribunal de “justicia” de la nación, la SCJN, ha dejado libre a un patibulario individuo sobre el cual, a decir de los familiares de las víctimas, no existía ni existe duda alguna de su culpabilidad. Testigos de primera mano identificaron a Israel Arzate, sin vacilación, como uno de los responsable de haber disparado  y causado la muerte de 15 jóvenes, el 31 de enero del 2010 en Cd. Juárez.  Para estos testigos, y para los familiares que perdieron a sus hijos, la certeza es absoluta,  ellos lo vieron, ellos lo identificaron. Pues sí,  pero no contaban  con la actuación de algunas comisiones de “derechos humanos” que rápidamente defendieron a Arzate, sin preocuparse por visitar una sola vez a los familiares de los muertos, ni consideraron el sui generis funcionamiento del aparato de justicia de México,  esa espectral área donde  las certezas y realidades no son tales, pues ahí se vive en una  “realidad alterna”,  donde lo que vale  y lo que pesa no son las pruebas ni  la certeza,  sino la ejecución de múltiples trámites, en tiempo y forma, y el cumplimiento tajante de determinado  papeleo.  ¿El aparato de justicia busca la verdad? , al parecer no, es más, puede ser que ni les interese, lo que importa es el trámite.

 

Semejante línea de pensamiento que se antoja, en primera instancia, bastante anormal, es muy propia de aquellos que estudiaron leyes y se desempeñan en puestos administrativos como agentes del MP o como jueces. Se les enseña a cumplir una serie de normas, no a buscar la verdad. No les interesa encontrar o castigar al culpable de un delito, eso es secundario, lo que les importa es que los trámites sigan determinada secuencia.

Para dar un ejemplo de lo irracional de esta manera de actuar, pongámonos en los zapatos de un enfermo con un problema grave, y que aún no tiene un diagnostico preciso. Imaginemos que, dentro del grupo de médicos que lo atiende, uno de ellos, con  bases clínicas discutibles, solicita un determinado análisis, el cual descubre una enfermedad  grave, digamos SIDA, ¿Qué debe hacer el jefe medico de esa sala? ¿Desechar el diagnostico “por no haberse solicitado por las vías adecuadas”?,  no, definitivamente no. El diagnostico correcto se acepta, se haya solicitado como haya sido; aquí va en juego la vida de un ser humano.  Entonces, ¿Por qué el aberrante raciocinio de los abogados?  Puede ser por muchas causas, desde meras limitaciones cognitivas hasta por grave deformación profesional. Los enseñaron a darle prioridad a los trámites, no a las personas.

Y de paso, ¿Cómo anda el sistema judicial mexicano?  Si nos atenemos a los resultados  anda muy mal.  De entrada tenemos un impresionante índice de impunidad; las estadísticas nos dicen que de 100 delitos que se reportan solo el 5% reciben sentencia condenatoria.  Eso quiere decir que si alguien decide delinquir tiene un 95% de probabilidades de salirse con la suya y que nadie lo moleste.

Esto no es  novedad, es del dominio público que el aparato de justicia mexicano no se caracteriza por ser precisamente efectivo. Se le considera un sistema lento, corrupto y altamente burocratizado.

En México da la impresión  que los jueces de primera instancia no deducen nada, solo repiten los argumentos bien o  mal planteados que la Procuraduría de Justicia les remite en un expediente; si los testigos son notoriamente fabricados, cosa que ya se ha visto, eso no importa; lo mismo si las pruebas son  inconsistentes o francamente delirantes.

Se ha señalado que en México el 80 por ciento de los condenados jamás conocieron al juez que les llevó la causa, y mucho menos fueron escuchados por él porque nunca estuvo presente durante el juicio a pesar de se supone que toda audiencia se debe desarrollar en presencia del Juez, sin que este puede delegar su responsabilidad en nadie.  En el mejor de los casos, el juez sólo revisó un expediente sin haber hablado con el inculpado, las víctimas y los testigos. Así, en la comodidad de su oficina, sin ahondar mayormente en cada  caso,  dicta su sentencia.

¿Por que sucede esto? La sociedad mexicana, como casi todas,  se compone de una minoría con poder que domina a una mayoría sin poder. Para efectos prácticos la ley está para conservar y robustecer las posiciones de la minoría dominante; por lo tanto el objeto principal del aparato de justicia es mantener inalterable esta situación.

Podemos comparar a la justicia mexicana con una cadena, y sabemos que una cadena es tan fuerte como el más débil de sus eslabones. Y tal parece que los eslabones más débiles son los jueces y el MP.

Improba tarea el reformar nuestro aparato de justicia