¿Se podrá acabar con la pobreza extrema antes del 2030, como lo ha planteado el Banco Mundial? Esto es posible, dice su presidente, Jim Yong Kim, si entre las estrategias principales se crean comunidades con capacidad de adaptación al cambio climático y se mitigan perturbaciones, tales como los desastres climáticos, para que los pobres puedan vivir mejor y para que esas mejoras se mantengan en el largo plazo.

El Grupo Banco Mundial (GBM) aprobó seis meses atrás dos objetivos: terminar con la pobreza extrema en el mundo antes del 2030 y promover la prosperidad compartida elevando en 40 por ciento los ingresos de los sectores más pobres de la población. Los dos son muy difíciles de lograr, pero el presidente del GBM, Jim Yong Kim, piensa que es posible. La pregunta es ¿cómo?

De acuerdo al GBM de los 7,000 millones de habitantes que tiene el mundo más de 1,000 millones, la séptima parte, vive con sólo 1.25 dólares al día, que es la población que se encuentra en situación de pobreza extrema. Para poder cumplir con estos objetivos el GBM debe transformarse para convertirse, en palabras de su presidente, en una institución que “su punto de referencia central sea producir resultados para los pobres”.

Añade que para eso el GBM debe dejar de apoyar a grupos y las esferas que ya otros hacen y conducirse en todo momento por los dos objetivos ya planteados. Eso implica, plantea Yong Kim, ser audaces y asumir riesgos inteligentes, para sólo invertir en proyectos que realmente puedan transformar el desarrollo de un país o una región, aún a riesgo de fracasar.

El GBM en adelante, asegura su presidente, se guiará por tres ejes: Primero, formar alianzas con el sector privado para luchar contra la pobreza y crear buenos empleos de calidad para los pobres. Segundo, redoblar la asistencia a Estados frágiles y afectados por conflictos. Tercero, fijar metas ambiciosamente en temas de importancia mundial como la promoción de los intereses de las mujeres, las niñas y el cambio climático.

De manera particular el presidente del GBM sostiene que si “queremos poner fin a la pobreza extrema, tenemos que crear comunidades con capacidad de adaptación al cambio climático y mitigar perturbaciones, tales como los desastres climáticos, para que los pobres puedan vivir mejor y para que esas mejoras se mantengan en el largo plazo”.

Como lo plantea Thomas Friedman, los medios sociales han generado una enorme “clase media virtual” que seguirá llamando, cada vez con mayor insistencia, a las puertas de las oportunidades y si no se abren las derribará y por eso dice Yong Kim “debemos prestar mucha atención a la cuestión de si el crecimiento favorece a la totalidad de la población, y no sólo a las elites”.

El tema de acabar con la pobreza extrema, como bien lo dice el presidente del GBM, es “la cuestión moral definitoria de nuestro tiempo. No podemos dejar que más de mil millones de personas padezcan un pobreza extrema mientras disponemos de los instrumentos y recursos necesarios para mejorar su condición de vida”.