En solidaridad con las familias afectadas por el huracán “Ingrid” y la tormenta tropical “Manuel”.
Los desastres naturales generan a la población y a los gobiernos acciones colectivas y humanitarias, sale mucho de lo bueno en el estado crítico y ello transforma las prioridades, el gasto público y el altruismo de los mexicanos. Ejemplo de vida fue el terremoto de 1985, el cual fue parteaguas de nuevos comportamientos sociales y mi propio cambio de conciencia.
El ex Regente del DDF, Ramón Aguirre Velázquez, me llamó para consultarme sobre los daños en la Delegación de la cual era yo responsable, Xochimilco. Después de informarle sobre un fallecimiento por caída de un edificio, me instruyó ocuparme de las tareas de rescate en la Unidad Nonoalco, Tlatelolco, por el desplome de uno de los cuerpos del Edificio Nuevo León. Se quedó a cargo de la Delegación el Subdelegado Jurídico y de Gobierno, otros colaboradores se trasladaron conmigo para atender la emergencia.
Encontré un edificio caído, vi cobijas de infantes en las ventanas, juguetes en el piso, útiles escolares y enseres de hogares dispersos, constaté la carencia de servicios de agua, gas y energía eléctrica. El rescate de seres humanos entre las ruinas fue prioridad, haciéndose remoción de columnas, cascajo, tubos y otros elementos metálicos y organizados en cuadrillas remover bloques de concreto.
Instalamos una carpa e identificamos bodegas en la Unidad para el acomodo instrumentos de trabajo para el rescate y suministrar instrumentos a múltiples voluntarios. Nos organizamos para evitar dispersión de esfuerzos; las jornadas fueron de 24 horas, cohesionados con ambulancias y el SEMEFO para la triste dispersión de cuerpos. La preocupación era la inestabilidad del cuerpo en pie del Edificio Nuevo León.
Pude interactuar con Placido Domingo, cuyos padres y hermana moraban frente de mi hogar, solicitándole coadyuvara; preso del dolor por la búsqueda de sus tíos, primo y sobrino (salvando la vida la esposa de su primo), pidiéndole me requiriera los pedidos de los vecinos y voluntarios para evitar acumulación de recursos y medios faltantes en puntos siniestrados.
Al carecerse en esa época de medidas de protección civil y protocolos de actuación adecuados para lo sucedido, se demandó una actuación ágil y entregada. Se dio la obtención de peritajes inmediatos sobre todos los edificios de la Unidad para determinar casos de desalojo urgente. Se colocaron tiendas de campaña y carpas para la reubicación de vecinos en edificaciones en riesgo; se valoraron las redes de gas primarias y secundarias y una vez reparadas restablecer el servicio del combustible y ante la ausencia de peligro de explosividad restituir la energía eléctrica.
Se establecieron carpas para la entrega de alimentación, asistencia médica, núcleo informativo sobre el traslado de heridos y cuerpos de fallecidos, previa determinación del personal del Ministerio Público. Cuando fueron rescatados los cuerpos de los familiares de Placido Domingo me indicó su retiro, pero no sin seguir dispuesto a continuar ayudando en la emergencia y posterior recuperación; lo hizo.
Este hecho me fortaleció espiritualmente y me comprometió aún más con el ahora denominado ciudadanismo, con el apoyo sustantivo de esos quince días en mi vida en Nonoalco Tlatelolco.
Gobierno Federal y sociedad civil están más preparados en este 2013 para enfrentar desastres naturales, tanto por alertas como en ejercicios de simulacro, la configuración y readecuación de protocolos de actuación, el Atlas de Riesgos, etc. Sigamos avanzando en ello, actualicemos estrategias y recordemos como aprendizaje el terremoto del 19 de septiembre de 1985.
























