Tema de vigencia perenne; por estos días toma mayor relevancia al estarse discutiendo la posibilidad de realizar una auténtica y necesaria reforma energética que, ahora si, haga funcionar adecuadamente a la principal empresa de México. Primero una obviedad; se acepta que, tal y como está ahora, Pemex funciona mal, que es urgente modernizarla y mejorar su desempeño; pero el problema no está en el diagnostico, sino en la solución. Rescatar una empresa de ese tamaño, que por décadas se ha singularizado por su corrupción, es y será una autentica proeza.
Un buen numero de mexicanos, puede que la mayoría, cuando escuchan hablar de Pemex lo primero que les viene a la mente son un par de adjetivos; Corrupción e Ineficiencia. Surgen de inmediato los nombres del Ing. Jaime Merino, Joaquín Hernández Galicia alias “la Quina”, Salvador Chava Barragán, Héctor García Hernández alias “el trampas”, Sergio Bolaños, uno de los mayores prestanombres del sindicato de PEMEX, López Portillo y la “administración de la abundancia” y recientemente el indefendible Romero Deschamps.
Ya desde los lejanos cincuentas, en las oficinas de la Superintendencia de PEMEX, el Ing. Merino estructuró una vasta red de control político y económico. El tráfico de plazas, que nace junto con PEMEX, llega a los límites que actualmente conocemos, igual la venta de concesiones para las obras y el control total mediante actos ilegales, amenazas y asesinatos. En parte por eso es que el sindicato petrolero es considerado por muchos como el organismo sindical más corrupto en la historia del México moderno.
Pocas cosas se han prestado más para engañar y manipular al pueblo de México que la entelequia de que PEMEX es de los mexicanos. La empresa, casi desde sus orígenes, ha sido botín de una poderosa y peligrosa mafia sindical y de un gran número de corruptos funcionarios, corrupción que llegó incluso a la misma Presidencia de la República; solo basta recordar la fraudulenta venta de petróleo mexicano en el mercado libre de Rotterdam durante el sexenio de López Portillo para beneficio exclusivo de su familia y allegados. Se calcula en más de 10 mil millones de dólares el monto del robo por parte de esa “casta dorada”. Una aclaración: El funcionamiento del mercado de Rotterdam, en realidad un mercado “negro”, se basa fundamentalmente en la compra, por parte de algunas empresas, de los excedentes de petróleo de algunos países; su compra es en cantidades no sometidas a contratos a largo plazo y su pago es al contado. A esto se le llama “Mercado Spot”, el mercado spot es aquel en el que el valor del activo financiero se paga al contado (precio spot), en el momento de la entrega; actúa a corto plazo, por tanto es altamente líquido.
Conclusión evidente: Sin corregir primeramente el problema del sindicato y la corrupción oficial resulta ocioso elucubrar sobre el régimen de propiedad, modificaciones constitucionales, cambios fiscales y pelearse por la nacionalidad de hipotéticos inversionistas. La realidad es que la principal empresa de México está ahorcada por el sindicato y funcionarios corruptos, y es imposible hacer una verdadera reforma energética sin tocarlos.
¿Cuál es la situación actual de PEMEX? ; Es probablemente la empresa petrolera más ineficiente y mal administrada del mundo; emplea casi al doble de trabajadores y su producción es menor que otras compañías similares; según cifras de la propia empresa, Pemex tiene una producción diaria promedio de 2 millones 530,000 barriles de petróleo que, divididos entre sus más de 150,000 empleados, da un promedio de 16.7 barriles por trabajador. En cambio, la empresa petrolera pública brasileña Petrobras, emplea a 80,400 trabajadores y tiene una producción de 2 millones 583,000 barriles diarios, un promedio de 32.1 barriles por trabajador. Es decir, con casi la mitad de empleados que Pemex tiene una mayor producción. Un caso similar es la empresa noruega Statoil que, con 37,715 empleados tiene una producción diaria de 1 millón 369,000 barriles al día, teniendo un promedio de 43.1 barriles por trabajador.
Ya no se dispone de yacimientos fáciles de explotar, Cantarell declina, si no encuentran nuevos pozos, México tendrá que importar petróleo en unos 10 años; PEMEX tendrá que buscar nuevos yacimientos en costosos proyectos de aguas profundas, pero resulta que actualmente la legislación mexicana le prohibe asociarse con compañías extranjeras que podrían aportar financiación y tecnología.
PEMEX necesita una reforma a fondo; inyectar dinero en esa empresa tal y como está ahora, es tirar el dinero. De paso la gasolina seguirá igual de cara.
“El petróleo es nuestro”. Bonito cuento para un pueblo ignorante y crédulo.
Alejandro Vázquez Cárdenas
























