El fenómeno que envuelve a las “medicinas alternativas” es complejo. Los estudiosos de este asunto encuentran diversas causas, mismas que van desde remembranzas nostálgicas de la supuesta simplicidad y espiritualidad que permeó la “contracultura” de los 60´s y los 70´s. pues  los niños y jóvenes de esa época son ahora la columna vertebral del movimiento de la “New Age”,  hasta situaciones más elaboradas relacionadas con la ignorancia y la peculiar psicología de las masas.

Es un hecho que el ciudadano promedio es un ignorante en lo relativo a la ciencia; como consecuencia de ello, carece de bases y conocimientos para hacer una elección informada si una terapia  tiene o no algún fundamento.

La medicina alternativa, como industria floreciente que es, maneja y defiende criterios meramente mercantiles y emocionales para difundir su “verdad”. Gurus de la New Age como Deepak Chopra han convencido a muchos que “todo vale”. Incluso en algunas instituciones académicas hay  defensores, obviamente en el área de Humanidades, de la noción de que la objetividad es una ilusión y el sentimiento de uno acerca de “X” asunto determina su verdadero valor. Renegando de la ciencia y la investigación sólida,  estos charlatanes, médicos incluso, promocionan la pseudomedicina y sus terapias  poco menos que mágicas. Que no sepan ni de que hablan no les quita el sueño.

El dualismo Mente-Cuerpo, o lo que los promotores de la medicina alternativa buenamente entienden por eso, ha saturado el pensamiento “New Age”,  y de paso venden la mentira de que la medicina científica subestima los efectos de los procesos mentales en la salud; falso, está mas que reconocido en la medicina científica la importancia de los procesos emocionales y su definitiva influencia en diversas patologías.

Otro error de esta corriente es vender la idea de  que la condición moral del paciente altera el impacto de las fuerzas naturales en el cuerpo. Con esta visión los curanderos “alternativos” están volviendo al punto de vista pre-científico de la enfermedad como castigo divino. Mal asunto, pues adiciona culpas al paciente, que puede suponer haber hecho algo malo para “merecer” su enfermedad.

Otro factor que debe tomarse en cuenta es  el agresivo mercadeo y las afirmaciones delirantes de las medicinas alternativas utilizando cuando medio pueden pagar. Lamentablemente la legislación sanitaria al respecto tiene, en México, el mismo valor que el papel mojado. Aquí se puede anunciar lo que al fabricante le dé la gana; nadie le dirá nada. Y la ciudadanía,  expuesta a un bombardeo informativo falso, no tiene la suficiente cultura para evaluar lo que es cierto. Los medios de comunicación masivos cuentan historias de “éxitos” que rara vez son rebatidas por los medios, cuyos propietarios saben que ir en contra de los deseos de sus audiencias le pega al Dios Rating

La “Medicina Alternativa” ha explotado el temor a una medicina  que, ciertamente, se ha vuelto excesivamente  burocrática e impersonal. La superespecialización en diversas ramas de la medicina, el ya omnipresente binomio costo-beneficio, las, en ocasiones, excesivas interconsultas a otras áreas, y los elevados honorarios médicos, han llevado a algunos pacientes a recordar nostálgicamente los días en donde el afable doctor de su familia  tenía todo el tiempo del mundo para estar al lado de la cama. En eso tienen parte de razón. Y no hablemos de la medicina institucional, donde el desprecio al paciente alcanza sus mayores cotas. El malamente denominado “Sistema Medico Familiar” en un verdadero monumento a la ineficacia, insensibilidad y la burocracia. Que un paciente, enfermo, tenga que solicitar cita a las 6 a.m. y luego esperar de 4 a 5 horas para que lo mal atiendan, es inaceptable por donde se vea.

Finalmente algo que debería ser obvio en una sociedad informada: Ignorancia, o mera estupidez es creer que los remedios “naturales” son obligadamente seguros y más eficaces que los científicos. Grave error, los preparados herbales  pueden tener  efectos adversos, de hecho, algunos productos naturales están lejos de ser benignos. Eso aparte de los problemas en dosificación, rotulación y contaminaciones serias que han sido detectados; a todo lo anterior hay que agregar las potenciales interacciones adversas con diversos productos farmacéuticos. Los usuarios, en su ingenuidad, consideran que la “naturaleza” no puede tener productos tóxicos. Es bueno recordarles que tanto  el tabaco como la cicuta  y el ricino son “naturales” y que esas plantas producen algunos de los venenos más letales  conocidos.

Es cuanto.

Alejandro Vázquez Cárdenas

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