Que no le digan, que no le cuenten

Algo que me admira del genio y figura de Vicente Fox, es su capacidad para provocar huracanes; para estar en el ojo de la polémica e ir contracorriente, siempre. Es como una especie de anarquismo tan ocurrente, como simpático. Esa característica tan propia, lo subió a la silla presidencial; eso mismo lo bajó; eso nos hace recordarlo –bien o mal-; y es eso, justamente es, lo que lo pone en el centro de la polémica.

A Fox no le importa si hablan bien o mal de él. Lo que le importa, en una especie de compulsión política, es que se hable de él. Veamos.

Algunas voces lo señalan por recibir cantidades millonarias de dinero para los eventos de Eruviel Ávila, a fin de promover al Edomex, con la consigna de, primero, hablar bien de Enrique Peña para la presidencia de la República; y luego, que el mismo gobierno haga que el Centro Fox se vuelva una caja de resonancia a efecto de olvidar cualquier travesura de Peña Nieto como gobernador. Bueno, también de su tío.

¿Algunas de mis guapísimas lectoras y agradables lectores cree que a Fox le preocupó que alguien haya quitado la placa con su nombre de las oficinas del PAN en el municipio de León? en lo absoluto. Pero, fue nota durante semana y media. ¡Eso es darle “carnita” a los medios!

Comunicadores compulsivos

Según mi leal saber y entender, se trata, en efecto, de una compulsión por comunicar, por hablar, por hacerse presente, como decía mi abuela: “por no bajarse del candelero”. Fox disfruta todo esto, aunque le digan lo que le digan. Lo goza. Por eso me resistí, en un principio, a comentar el asunto.

Sin embargo, lo mismo sucedió con Luis Echeverría, con López Portillo o con el ex presidente Salinas. Bastaba escuchar sus interminables informes de gobierno, o los verdaderos mamotretos con forma de libro, escritos para justificar todo lo que no se hizo, pero que dijeron que se iba a hacer.

Así las cosas, la ocurrencia foxiana en esta oportunidad, se centra en la legalización de la mariguana, como botón que abriría las puertas para hacer legal el consumo de cocaína, crack, agua de celaste, desodorantes ambientales o sprays con insecticida; porque eso, asegura el ex presidente, bajaría de inmediato el consumo y haría perder utilidades a los productores, transportistas, promotores, agentes de ventas, distribuidores menudistas o mayoristas. En fin, se acabaría el negocio para los cárteles de cualquier tendencia.

Me estoy imaginando a los Caballeros Templarios, como nuevos emprendedores de estrategias de multinivel; aunque no podría imaginar a “Los Zetas” promoviendo el uso lúdico del hachís, cannabis, mota y pildoritas de colores que “elevan” a los consumidores.

El tema es que Vicente Fox anunció que esperaría un poco para que se legalice la mariguana bajo la modalidad de consumo lúdico, terapéutico, inspiracional, de esparcimiento, o para las reumas, callos, “juanetes” o crema para bajar de peso.

Así, en lugar de continuar con la empresa “Botas Fox”, seríamos invitados a la inauguración de “Mota’s Fox”.

Riesgos del emprendedurismo

Según mi amiga Phenélope Aldaz de El Universal, aunque el consumo de inhalantes ha disminuido, la mariguana y la cocaína repuntaron sus actuales índices de consumo. De 8.2 por ciento en el 2009, a 12.2 por ciento en el 2012.

La cocaína es un buen nicho de mercado. Pasó de 1.7 por ciento a 2.5 por ciento en el mismo período. La muestra fue de 26 mil 503 estudiantes de preparatoria y secundarias del Distrito Federal. O sea, de que hay marchantes, si hay.

Algo que Fox debe ya estar analizando es la muy probable piratería. Imaginemos que, con todo y el estricto control de calidad de “Mota’s Fox”, la gente empiece a consumir, a fumar o a meterse pedazos de tepezcohuite; inhalar chile pasilla bien achicalado; a llenar pipas de marca Fox, con pasto seco o rastrojo para las vacas.

Sensibilizando al mercado

De todas formas, habría que escuchar siempre la voz del mercado y las opiniones de los consumidores.

Yo aporto un par de preguntas para la batería de encuestas:

¿Qué opinión tienen las madres de familia de los cocainómanos?

Los hermanos y los padres de los jóvenes marihuanos que golpean a sus hijos, esposas o familiares para robar cosas de su casa, venderlas y comprar droga, deben estar felices por la iniciativa. ¿O no?