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¡No!, no me refiero al encuentro Brasil- México celebrado en la semana anterior en ese país hermano, ni del ridículo que hizo la selección nacional de nuestro país en el reciente torneo futbolístico en mención, sino a los acontecimientos políticos suscitados con el pretexto de los enormes gastos deportivos que realiza el gobierno brasileiro y que fundamentalmente les reditúa enormes ganancias a los poderosos empresarios futboleros.

Tomando como pretexto el incremento al transporte público en Brasil, miles de gente salieron a las calles a manifestarse en contra de las autoridades de ese país, no tanto por elevar en un peso mexicano el precio del transporte, que desde luego lastima la economía de la mayor parte de la población, sino que de esa manera denuncian su enojo y piden (que una de las causas fundamentales de las manifestaciones) cese el derroche económico en los preparativos de la copa mundial de Futbol, y se de un alto a la gran corrupción política existente.

Los mexicanos, por nuestra parte, estamos cansados del saqueo irracional de nuestros recursos naturales, de la expoliación que hacen de las propiedades ejidales y comunales, así como de la enorme corrupción generada en las altas esferas gubernamentales, sin distingo de los poderes públicos. Por otra parte, la conducta y actuación del sector empresarial deja mucho que desear, pues su ambición desmedida en apoderarse cada día de las pocas empresas que aún están en poder del Estado, atentan contra la estabilidad política nacional y enojan a la sociedad por su insaciabilidad y su ambición de aparecer en las listas de Forbes.

La insaciabilidad  En Brasil, la presidenta Dilma Rousseff dio una rápida respuesta a los miles y miles de manifestantes, que si bien no han dejado de actuar, lograron dar marcha atrás al aumento de las tarifas equivalentes a un peso mexicano. Cabe indicar que las condiciones económicas del Brasil  son mucho mejores que en nuestro país (¿nuestro, Kemo sahbee?), pues sus últimos gobernantes, prin-cipalmente Lula da Silva, han trabajado arduamente para mejorar sustancialmente el nivel económico y social de Brasil.

Es importante indicar que la Organización para el Desarrollo Económico (OCDE)  y cuyo titular es un economista egresado del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), reconoce y sitúa al país amazónico como uno de economía avanzada por arriba de la posición de Chile; cabe señalar que a México lo sitúa en el penúltimo sitio de 36 países analizados como de “economías avanzadas”. México está delante de Turquía y Chile se sitúa en el no. 34 (Análisis de ¿Cómo va la vida?. Mayo 2013).

En México, mes a mes, el incremento de la gasolina  ha empujado a la alza las tarifas del transporte colectivo de tal manera que, por ejemplo, aquí en Michoacán, los incrementos tenidos han sido del 12% , cuando el salario mínimo es ridículo y una vergüenza para las autoridades federales; en forma genérica el incremento de los combustibles encarece la vida nacional pues los precios de los principales productos alimenticios superan con mucho los raquíticos aumentos tenidos, lo que en forma automática disminuye el poder adquisitivo de los mexicanos aumentando así  el grado de pobreza.

El incremento de tan sólo ocho centavos de dólar (un peso mexicano), generó en Brasil una respuesta social masiva que indujo a la titular del ejecutivo dar marcha atrás a este aumento.

En México, no tenemos este tipo de respuesta en la sociedad  y por más que criticamos los incrementos constantes en los insumos energéticos, agua potable y alimentos en lo general, permanecemos estoicos e inmovilizados, viendo como día a día se degrada la vida del mexicano y cómo su poder adquisitivo se va diluyendo.

Brasil tiene el tino de no padecer una cruenta guerra como la que hoy en día prevalece en nuestro país y siete años han pasado desde el momento en que equivocadamente Calderón diera la orden de abrir fuego en Michoacán para combatir a las organizaciones que trafican con  drogas prohibidas por efecto de un acuerdo internacional emitido (¿en 1968?) en el seno de la Organización de las Naciones Unidas.

Dilma Rousseff, escucha la voz de su pueblo y retrocede en las medidas oficiales tomadas por su gobierno, ¡Que bueno que sepa escuchar! ¡ que lastima que en México sus gobernantes estén sordos y cierren los ojos ante el enojo nacional