El entorno económico mundial se ha complicado mucho a partir de la crisis de 1998, misma que, como se ha repetido hasta la saciedad, ha sido la más grave después de la gran depresión de 1929.

Aún cuando es una medida que refleja un paquete de variables demasiado amplio y complejo, el Producto Interno Bruto global, si es que se puede hablar en esos términos, se ha estacionado alrededor de tres por ciento en los últimos cinco años, con la excepción de 2010 que llegó hasta cinco por ciento.

La crisis ha golpeado fuertemente a los países europeos, sobre todo con el desempleo a causa de los déficits y el endeudamiento excesivo, y más cerca de nosotros, en Estados Unidos, el desempleo llegó hasta el 10 por ciento en 2009-2010, y se mantiene actualmente alrededor del 8 por ciento.

Las economías emergentes dentro de las cuales se cuenta México junto con Brasil, Corea, China, India, Rusia y Sudáfrica tuvieron una baja sensible tanto en la producción industrial (de menos cinco a menos -20 por ciento anual, en el promedio móvil), como en sus exportaciones que se redujeron entre un 20 y un 40 por ciento.

Sin embargo, en los años posteriores estas variables se han venido recuperando aún cuando lentamente, y en la actualidad se encuentran prácticamente estacionadas sin un crecimiento significativo.

La inflación que sufrió a nivel global un incremento preocupante, llegó en 2008 al seis por ciento con niveles del 9 por ciento para los países emergentes, y del tres punto cinco por ciento para los desarrollados. En la actualidad, la inflación mundial está un poco por debajo del cuatro por ciento, llegando hasta cinco punto por ciento en los emergentes y a dos por ciento en los desarrollados.

México lógicamente no puede estar aislado de todos esos fenómenos mundiales. En 2008, tercer trimestre, el PIB fue de menos cinco por ciento y en el cuarto trimestre de menos -23 por ciento, quedando un crecimiento anual de más uno punto dos por ciento lo que golpeó al siguiente año, 2009, con una reducción del PIB de menos seis por ciento. De ahí en adelante nos hemos mantenido entre el tres y el cuatro por ciento del PIB.

Los trabajadores asegurados en el IMSS, permanentes y eventuales urbanos, se han mantenido desde 2009 hasta la fecha entre 14 y 16 millones de personas. Y nuestra tasa de desocupados sigue fluctuando alrededor del cinco por ciento de la PEA.

Como lo explica el Banco de México, nuestra política macroeconómica se ha venido apoyando en el intento de fortalecer las finanzas públicas -lo que quiere decir incrementar los ingresos, racionalizar los egresos, evitar el déficit y el endeudamiento-, el tipo de cambio flexible, al parecer, ha tenido buenos resultados porque las variaciones fuertes han tendido a la estabilidad en tiempos relativamente cortos. Hemos tenido una política monetaria orientada a lograr un techo en la inflación de tres por ciento -mismo que, evidentemente, ha venido rompiéndose acercándonos al cuatro por ciento-, y las cuentas externas se han tratado de mantener en niveles reducidos y financiables.

Todo eso ha sido acompañado de un crecimiento económico pobre pero con una macroeconomía estable, con riesgos controlados, con una tendencia ligera a la reducción de la tasa de interés que para los bonos a 10 años ha venido bajando en su componente de compensación por inflación y riesgo inflacionario, de cuatro a tres punto cinco por ciento, a pesar de lo cual ha venido creciendo aceleradamente la tenencia de valores gubernamentales -de CETES, 500 mil millones, y de bonos, un billón de pesos-, en manos de extranjeros.

A lo anterior debemos agregar el propósito, hecho público por el presidente Enrique Peña Nieto, el Secretario de Hacienda, Luis Videgaray y el contenido del Pacto por México de tener un déficit cero; que no sabemos bien como se logre es decir, cuáles cuentas se tomen en consideración y cuáles queden fuera de la medición.

De cualquier manera nuestra deuda pública anda alrededor del 37 por ciento del PIB, mientras Brasil está en el 60 por ciento, Alemania en el 80 por ciento, Francia en el 90 por ciento, Estados Unidos en el 100 por ciento y España en el 110 por ciento, con balances fiscales que incluyen déficits enormes como el de Estados Unidos de siete punto cinco por ciento del PIB, el de España de cinco punto cinco por ciento y Francia de tres punto cinco por ciento.

Para lograr la estabilidad macroeconómica y evitar el impacto de corridas agresivas en contra del peso, desde 2010 el gobierno de Felipe Calderón echó mano de los créditos disponibles en el Fondo Monetario Internacional, con el objetivo de aumentar nuestras reservas de divisas, a modo de un seguro, se incrementaron desde 80 mil hasta 130 mil millones de dólares. Las reservas actualmente rebasan los 165 mil millones de dólares, un record histórico.

El sistema bancario mexicano, en un porcentaje enorme en manos de capitales extranjeros, tiene un índice de capitalización superior al requerido internacionalmente y el gobierno les ha pedido adoptar las nuevas reglas de Basilea III, con las cuales todos han podido cumplir porque tienen más del siente por ciento de capital básico, y están por encima también del índice de capitalización general del 10.5 por ciento.

A diferencia de los países en crisis, la banca mexicana luce sólida aunque tiene el problema de un volumen de crédito demasiado bajo para bienes de consumo, y todavía menor en el crédito a las empresas para fines productivos. Eso es algo que el gobierno está tratando de corregir con la propuesta de reforma financiera.