Hace unos días, encontré en una publicación de circulación local, una reveladora “reflexión” elaborada por el C. Enrique Bautista Villegas, personaje ampliamente conocido en el medio político estatal, donde escribe lo que el considera las razones y justificaciones que se encuentran detrás de las protestas del una parte del sector magisterial en la República, pero sobre todo en los estados donde tiene presencia esa cosa denominada Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, la CNTE, estructura con importante presencia en lugares como Michoacán, Oaxaca y Guerrero, precisamente los mas atrasados en materia educativa, por razones que fácilmente se pueden inferir.
Si bien el escrito del Sr. Bautista inicia aclarando que su “reflexión” no es una “apología” del movimiento, la realidad es que al leerlo con detenimiento, podemos confirmar que cumple los requisitos para ser considerada una verdadera apología, cuando menos en la acepción que marca el diccionario: “Discurso en justificación, defensa y alabanza de personas o cosas”.
No podía ser de otra manera, Bautista fue parte integrante del gobierno que padeció Michoacán precisamente en los años en que el magisterio “democrático” alcanzo sus más altas cotas de violencia, vandalismo e impunidad. Epoca en que cuanta exigencia planteaba, por las buenas o por las malas, les era cabalmente cumplida por ¿Miedo? ¿Contubernio? ¿Complicidad?. No se trata de inventar acusaciones, los hechos hablan por sí solos.
El movimiento de resistencia magisterial se basa fundamentalmente en una mentira, supone el fin de la educación laica y gratuita, nada más falso. La realidad es que el “magisterio” (de alguna manera hay que llamarlo) se opone rotundamente a perder una serie de prebendas y privilegios irracionales por donde se les vea. Se niegan rotundamente a ser evaluados, a someterse a exámenes que determinen su competencia, a perder la capacidad de vender o heredar sus plazas, a someterse una serie de reglas que son comunes y necesarias en cualquier estructura que pretenda funcionar adecuadamente.
Michoacán, junto con Oaxaca y Guerrero, precisamente los focos de protestas, ocupa consistentemente los últimos lugares en evaluación de calidad y competencia educativa. Son estados atrasados, con una educación pésima, producto de años de complacencia y sometimiento de las autoridades educativas a los caprichos de un grupo que ha hecho un gran daño a la educación, arruinando generaciones completas de mexicanos, condenándolos a la marginación por incultos e incompetentes.
No hay argumentos para negarse a una evaluación rigurosa, aquellos que pretenden ser “maestros” de la niñez del país deben ser los más competentes. Si alguien no está capacitado para ejercer esa profesión debe obligadamente dedicarse a otra cosa. Sostenerlo en esa posición es dañar el futuro de México. Argumentar que es un “derecho” la inamovilidad eterna de alguien que sencillamente no sirve para lo que fue contratado, es irracional por decirlo en palabras no ofensivas. Demencial utilizar el argumento de que son “logros obtenidos mediante la lucha sindical”; la lucha sindical es para mejorar las condiciones académicas y laborales, no para proteger incompetentes y holgazanes. ¿Acaso la Ley Federal del Trabajo no aplica para ellos? ¿Pueden faltar por semanas sin ser rescindidos? ¿Eso desean?
Atenta contra la lógica el “argumento” de que los maestros deben evaluarse “a modo”, por personas de se sabe están involucradas en la tragedia educativa; irracional por decirlo comedidamente es argumento de que la evaluación debe ser diferenciada según las zona donde ejerce el maestro, “razonamiento” que permite deducir que un maestro rural o de una zona aislada puede perfectamente ser un ignorante, inculto y limitado intelectual, pero que por ser “rural” eso es aceptable. Un maestro, de la zona que sea, del Estado que sea, debe tener competencias similares a los un maestro de una ciudad, mediana o grande; la aritmética, la geografía, la historia, la ortografía, etc. son lo mismo en todo el país .Los egresados de esas escuelas competirán contra egresados de las grandes ciudades, deben estar igual de preparados.
Imaginemos el absurdo, que a un Médico o a un Ingeniero, por proceder de un Estado pobre o de una localidad atrasada se le aplicaran criterios muy laxos de estudio y titulación, o de plano se le eximiera de cursar las materias más complicadas y rigurosas, por importantes que fueran, con el argumento de que “va a ejercer en la sierra” o en el pobretón y atrasado Estado de Michoacán; ¿demencial, verdad?; pues eso es , ni más ni menos, lo que piden los “democráticos”, una patente de impunidad para su proverbial ignorancia.
























