Normalmente definimos a las personas emocionales como personas débiles o con falta de juicio. Yo mismo estaba convencido de que mientras más “racional” pudiera ser, más planificado y seguro sería mi éxito.

Con el tiempo y la lectura me di cuenta de una cosa: los humanos no somos racionales, somos seres emocionales.

Existe evidencia científica que prueba esto. Uno de los casos que más me pareció interesante fue el del famoso médico neurólogo Antonio Damásio y su paciente Elliot.

Elliot, un reconocido hombre de negocios y padre de familia, sufrió una pérdida de parte de su cerebro frontal debido a un tumor que tuvo que ser removido. Después de la operación, las funciones de Elliot parecían normales e incluso su coeficiente intelectual se mantuvo prácticamente igual que antes de la operación.

Lo que parecía una operación exitosa, se transformó en un caso de estudio muy interesante para Antonio Damásio, pues Elliot había perdido la parte del cerebro donde se cree residen las emociones del ser humano.

El Dr. Antonio tenía un paciente perfecto: Una gran lógica e inteligencia pero sin emociones. El hombre más racional sobre la tierra.

Lo que el Dr. Antonio empezó a notar es que Elliot no podía tomar decisiones. Inclusive las decisiones pequeñas las debatía sin fin en su mente. Hacer una cita le podía tomar 30 minutos. Escoger donde comer le tomaba toda una mañana. Inclusive escoger el color de bolígrafo a utilizar era una pesadilla.

El Dr. Antonio Damásio concluyó que la emoción es la pieza fundamental en la toma de decisiones en los seres humanos.

Basado en este hallazgo y otros, me puse a analizar mis paradigmas acerca mi pensamiento racional y llegué a la siguiente conclusión:

“Todas mis decisiones, inclusive las que parecen “racionales”, han sido tomadas emocionalmente. Cuando niego un placer temporal por el bien a futuro (aunque parezca que estoy tomando una decisión racional) lo que estoy haciendo es entrenando a mi ser a sentir mayor emoción por el bien futuro que por el placer momentáneo y efímero.”

Creo que al final no necesitamos forzarnos infructuosamente a ser más “racionales” sino más bien buscar la forma de desarrollar emoción por el éxito profundo y duradero que se genera cuando tomamos las decisiones correctas en el largo plazo.

Si sientes una gran pasión por una familia unida y duradera, no caerás en la tentación de una aventura que busca satisfacción temporal y destruirá tu familia.

Si sientes emoción por ser libre financieramente y tener un negocio o trabajo próspero, no te paralizarás por el miedo o dejarás que el placer de la flojera te domine.

Si sientes emoción por vivir muchos años en sanidad, no dejarás que la emoción de comer alimentos bajos en contenido nutricional y vivir una vida sedentaria te domine.

Al final, bien sea que escojas éxito o fracaso, libertad o esclavitud, felicidad o tristeza… estarás escogiendo una emoción… está en ti en escoger la correcta.