¿Dónde quedó la infancia? El mundo donde nosotros fuimos niños es muy diferente al de ahora. Éste es un mundo que es hiper en toda la extensión del término: hiperconsumo, hiperinformación, hiperalimentación, hiperatención sobre los niños.

 

Érase una vez un mundo donde los niños no tenían voz, opinión ni capacidad de consumo, donde eran personas dentro de los hogares a las cuales había que atender, cuidar proteger, educar y formar, nada más lógico y normal si pensamos desde una óptica adulta en la que el rol es tener una familia y formar ciudadanos de bien. “Que mi hijo sea respetuoso y una buena persona”, era el anhelo de todo padre o madre. Colorín colorado, este cuento se ha acabado.

¿Dónde quedó la infancia? Pareciera una pregunta obvia de responder, sin embargo no lo es. El mundo donde nosotros fuimos niños es muy diferente al de ahora, un mundo que es hiper en toda la extensión del término, hiperconsumo, hiperinformación, hiperalimentación, hiperatención sobre los niños. Hace unas 5 décadas este segmento ni siquiera existía como tal. Hoy las cosas son muy diferentes, pero los niños se abren camino frente a los diferentes retos y cambios socioculturales. Esto nos ha llevado a admirarlos de verdad y a afirmar que hoy más que nunca debemos escucharlos y ser una puerta para que ellos lleguen hasta donde quieran llegar.

En LEXIA tenemos más de 7 años dialogando y jugando con los niños para adentrarnos en su mundo y ver como ellos ven. En este tiempo hemos aprendido unas cuantas cosas sobre su óptica y sobre la forma en la que experimentan el mundo. ¿qué hemos aprendido? muy temprano entendimos que lo que más amaban era jugar, el juego es la herramienta a través de la cual ellos descubren y aprehenden, pero lo más importante es que vimos que les llenaba de alegría hacerlo con papá y mamá. Esto sonaba muy sencillo, pero resultaba que papá y mamá no tenían tiempo de estar con ellos, pues ambos trabajaban o simplemente ya no vivían juntos, pese a eso la infancia seguía ahí.

Después aprendimos que sus miedos eran otros diferentes a los que tuvimos nosotros: la bruja, el coco, el hombre del costal se convertían en fantasmas del pasado que ya no espantaban y eran sustituidos por el narco, los balazos y la inseguridad; estos niños se enfrentaron de golpe a la violencia real en las aceras de su casa. Empezamos a preguntarnos cómo esto iba a afectar su desarrollo, su visión sobre la vida, ¿quién los iba a cuidar y a proteger de ese mal que se antojaba inexorable? ¿Ver de golpe tal realidad los haría crecer más rápido? Pero no, la infancia seguía ahí.

Después, a esto se sumó el problema de la alimentación, cuando la nutrición desde su más profunda esencia significa vida, ahora comer podía representar morir, apareció la obesidad en escena en mancuerna con la anorexia; ambas la antítesis de lo que un compañero de juego podría significar; apareció en los medios todo el debate sobre los productos, las marcas y lo que los niños se llevaban a la boca en carga calórica… pero la infancia seguía ahí.

La historia continuaba y empezaba a ponerse desesperanzadora, vimos cómo los niños eran empujados hacia una adultez temprana por las expectativas de los padres: que sean bellos, triunfadores, talentosos, diferentes, destacados, decían. Vimos cómo los niños ya no querían ser tan niños pues querían usar ropa teen, hacer cosas que hacen los grandes, hablar de sexo, ser exitosos, tener dinero y poder decidir sobre temas más relevantes propios de los grandes, pero a pesar de todo esto la infancia seguía ahí.

El cúmulo de esta experiencia nos obligó a hacer un alto natural en este cuento lleno de realismo para reflexionar y preguntarnos, ¿Dónde está la parte mágica? ¿Cómo hacen estos niños para seguir a pesar de todo lo que pasa en el mundo? La respuesta fue simple. Pase lo que pase la infancia sigue ahí, frente a nuestra nariz, riendo y soñando y deseando crear.

Hoy fuimos con ellos para escuchar este lado, para ver y aprender que su capacidad de adaptación es increíble, que son fuertes, sensibles, perceptivos e inteligentes y que aún a pesar de toda la cruda realidad, se puede escribir una historia donde el realismo mágico nos lleve a través del vaivén de las letras. El mundo sin duda necesita pensamiento constructivo, y si alguien puede ayudarnos a cambiar la mentalidad son ellos porque es su pulsión nata.

Es necesario poner de nuestra parte, no podemos seguir esperando conectarnos con ellos con el pasado sobre la espalda, si queremos que sean como los niños que nosotros fuimos ya estamos mal, porque comentemos el error de creer que siempre el tiempo pasado fue mejor y estamos cerrando la puerta al presente, que cabe mencionar es SU presente. Si nos espantamos por la forma en la que hablan o los medios con los que se comunican estamos equivocados si queremos aislarlos del mundo porque nosotros no lo comprendemos, vamos a fallar en comprender cómo ellos ven.

Se ha tornado indispensable ser buenos interlocutores y traductores de la infancia pero sobre todo es esencial ser buenos oyentes y observadores para ser buenos guías. Nosotros no podemos dejar de guiarlos por este mundo, pero no podemos hacerlo con temor o resortes autoritarios porque los estaríamos condenando a la parálisis de acción. Debemos guiarlos con firmeza, esperanza y seguridad, pero con una mano abierta para que ellos puedan seguir tomándola y juntos caminemos hacia la construcción de un mejor mundo, un mundo global con nuevos valores, más abierto, incluyente y transformador.

* Aline Ros es Comunicóloga y actriz de teatro. Cuenta con 11 años de experiencia dirigiendo estudios de consumo, sociales, políticos, tendencias en distintas categorías y colaborando en el desarrollo de metodologías cualitativas. Su experiencia se ha centrado en targets como los niñ@s, mujeres, Base de la Pirámide, ciudadanía, consumidores y audiencias. Le gusta cantar, leer y el silencio; observar a la gente, coleccionar personajes, la lluvia, el frío y las seis de la tarde. Prefiere el teatro al cine, la ciudad a la playa, oír más que hablar.