Los sistemas financieros de los países comprenden bancos (privados nacionales y extranjeros, de desarrollo, monetarios, etc.), mercados de valores, infraestructura financiera pública y de mercado, autoridades regulatorias y supervisoras, fundamentalmente. Tanto instituciones como mercado ayudan a la canalización del ahorro hacia la inversión, sustentando el crecimiento económico. Además los vínculos financieros y comerciales en la globalización son cada vez más estrechos y por ello sus efectos tanto positivos como negativos sobrepasan rápidamente las fronteras.

Por lo anterior, un sistema financiero sólido y bien fundamentado, potencia la estabilidad económica y financiera, tanto nacional como internacionalmente. El rediseño de nuestro sistema financiero ha estado sujeto a valoraciones internas conjuntamente con Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetario Internacional (FMI), como las instituciones sustantivas del Sistema Económico de la Organización de las Naciones Unidas, a la cual pertenece México.

El vacio de supervisión del sector financiero en España propició una grave crisis al prestar los bancos indiscriminadamente al sector empresarial por encima de los rangos de razonabilidad; pensaron con ello potenciar la expansión de negocios en sus operaciones. La consecuencia fue una necesidad de préstamos para rehacer su sistema financiero en rangos de 500 mil millones de euros, aunado a una tasa de desempleo del 27%.

La iniciativa de rediseño del sistema financiero de México se configuró con la participación de expertos financieros, banqueros, académicos y la opinión de las instituciones fundamentales. Es además una iniciativa multipartidaria por obedecer a la composición del Congreso de la Unión y propiciar un ágil ejercicio parlamentario.

Según cifras de BM el porcentaje del PIB del crédito interno provisto por el sector bancario es en promedio internacionalmente del 164.9, para 68.5 de América Latina; nuestro cotejo es de 191.4 de EUA y nosotros el 26.1. No con ello propongo un impulso abrupto de derrama crediticia cuando nuestra tasa de crecimiento económico no justifica una derrama acelerada; el crecimiento va de la mano del crédito y viceversa.

Un manejo razonable exige estabilidad macroeconómica junto a un Estado de Derecho sólido, el cual robustezca la intervención de las instituciones financieras alejadas de prácticas inhibitorias. La vinculación de crecimiento económico y tasas de interés es de observación permanente; por comprender éstas el valor local del dinero, la operación de la banca, la utilidad esperada para el banco y de manera importante el “riesgo” de a quién se otorga el crédito.

La complementariedad bancaria debe alejarse de criterios de competencia, pero si afinadas en su articulación y complementarse, por ejemplo, con la derrama crediticia a la pequeña y mediana empresa, a las cuales se les exige un historial crediticio.

La Reforma Financiera se ha construido en una iniciativa de entorno jurídico institucional robusto, definición precisa de la Banca de Desarrollo y la Banca Comercial, aunada a una ágil ejecución de los contratos, lo cual incidirá en las tasas de interés, asociado a un dinámico y sólido sistema de información crediticia transparente para eficientar el crédito.

México recibe un derrama crediticia bancaria del 24% del PIB, Brasil el 57%. En el crédito bancario Chile otorga a las empresas el 29.07%, y México el 2.61%. La mejora de nuestras cifras no llegará súbitamente, pues están sujetas a un ritmo asociativo entre crecimiento y beneficios económicos y sociales.