“Cuando se tiene miedo, uno no se hace alcalde”, escribió en el año de 1946 él, por esas épocas, popular escritor italiano Giovanni Guareschi. Se refería a ese requisito indispensable que debe tener todo buen funcionario: Valor para hacer lo correcto.
Un funcionario está obligado a tomar decisiones. Puede que no le agraden o que sean impopulares, eso no importa, es su obligación y para eso le pagan. No es alternativa el quedarse paralizado, interpretar la Ley a su modo o transferir la responsabilidad a otros.
He leído en algún lugar (ignoro si la historia es cierta) el caso de un profesor universitario que les planteaba todos los años a sus alumnos un dilema moral: Imaginemos, decía, que usted es un Gobernador Británico en la India, en tiempos del Imperio, y que recibe una información acerca de que en unas horas se va a producir algo que era bastante común en el siglo XIX, el sacrificio humano de una mujer a manos de una secta. Tiene tropas a mano, pero hay poco tiempo para una operación preventiva, y sabe que si envía a los soldados, se producirán muchos muertos entre la secta, ya que resistirán con ferocidad y saña. ¿Que haría usted?
Contaba el profesor que los alumnos que se presumían “de izquierda”, mayoritariamente se resistían a tomar una decisión. La respuesta habitual que daban era que, en primer lugar, los británicos no tenían nada que hacer en la India. Esa y otras respuestas por el estilo, eran la mejor solución para no tener que hacer lo que más temían: Tomar una decisión concreta.
El error de estos abstencionistas morales es bien claro: No podemos elegir las condiciones en las que tenemos que tomar nuestras decisiones. Sería ideal, pero no podemos; las condiciones nos vienen impuestas. Se debe tomar la decisión con las condiciones que existen, no con las que nos gustaría que hubiera.
Esa falta de valor es muy frecuente en nuestro país en el manejo de esa infinidad de problemas que mantienen hundida a nuestra sociedad; para el ciudadano común, ese que padece diariamente las ineficiencias del Estado, es inaceptable el temor que muestran los responsables para aplicar la ley. Evitar tomar una decisión dura argumentando “prudencia” es francamente una actitud de cobardes.
Es evidente que cuando en un estado de derecho el poder legislativo, el judicial y el ejecutivo solidariamente consienten y toleran que haya ciudadanos que sufran agresiones, bloqueos, vejaciones y permanezcan en la más absoluta indefensión, a merced de una horda de vociferantes y encapuchados vándalos, estamos hablando de las mas absoluta de las cobardías. El ejemplo lo tenemos en el reciente conflicto generado por los autodenominados “maestros democráticos”, que ante la posibilidad de perder sus absurdos privilegios y con el miedo de ser evaluados sabiendo su gran ignorancia, se han dedicado a fastidiarles la vida a los sufridos habitantes de Guerrero, Oaxaca y Michoacán, precisamente los estados mas atrasados en materia educativa. Por donde se vea, resulta indignante la pasividad de las autoridades, incapaces de aplicar la ley en esas entidades.
Recientemente los michoacanos vivimos un aviso de lo que es un vacío de poder, un Estado sin ley; la ciudad de Morelia y otras partes del Estado colapsaron por varias horas por acciones al parecer promovidas por el crimen organizado y estructuras similares. Nadie lo previo y nadie hizo algo útil, los funcionarios responsables de la aplicación de la ley se encerraron para no mostrar su miedo e incompetencia. ¿Eso queremos para Michoacán? ¿Para eso votaron los ciudadanos? ¿Para tener un hato de pusilánimes en el poder?
La mayoría de las veces no es fácil tomar decisiones, pero ese es precisamente el trabajo de los funcionarios, hay que elegir la alternativa más adecuada aceptando las circunstancias como son. La táctica del avestruz ignoro si les sirva mucho a los avestruces, pero a los humanos jamas nos ha servido de nada; solo ha complicado las cosas al dejarlas avanzar. La conclusión es obvia: El miedo es mal consejero.
Ahora bien, un ejemplo sobre esto; cualquier ser pensante se dará cuenta de que un dialogo racional con el magisterio “democrático” es imposible. Su objetivo repetidamente declarado es destruir la reforma educativa y conservar sus privilegios; ninguna, absolutamente ninguna otra opción es aceptable para ellos. En estas condiciones pretender entrar en negociaciones con ellos es no entender su lógica. Todo intento fracasará, todo acuerdo parcial que se tome solo será la plataforma para otro más radical hasta lograr su objetivo. Entiéndanlo, no hay negociación posible con el magisterio.
Finalmente una frase de Confucio: “Saber lo que es justo y no hacerlo es la peor de las cobardías”
























