Te comento lo que está pasando en el momento que escribo este artículo: Ayer dormí 5 horas y hoy tuve un día complicado en la oficina. Llegué a la casa a las 7pm y luego de cenar con mi familia tuve que ayudar a mi esposa a mover unas cajas. Terminé a las 11:10pm.

Estoy agotado y lo último que quiero hacer es escribir.

 

Sin embargo, después de tomar un respiro de 5 minutos enciendo mi computadora para empezar a trabajar en el blog.
Tentado de hacer cualquier cosa menos escribir, decido responder unos emails y comentarios en Facebook cuando me doy cuenta de una muy mala noticia:
El servidor de mi blog se cayó.
 
Después de investigar me entero que una falla eléctrica tumbó cientos de páginas webs. Mi blog ha estado caído por más de 8 horas y no me había dado cuenta. Tampoco hay nada que yo pueda hacer.

Ya tengo la excusa perfecta para no escribir: Estoy cansado, no quiero escribir, mi blog no está funcionando y son las 11:40pm.

Ya listo para perder el tiempo viendo videos de perros en patinetas en YouTube o a punto de apagar la computadora e irme a dormir me vino a la mente un par de mis frases favoritas:
 “Disciplina es hacer lo que no quieres hacer cuando no lo quieres hacer”
 “Cuando el camino se pone duro, los duros se mantienen en el camino”
Y entonces decidí escribir esta historia. En mi opinión, el aspecto más difícil del liderazgo es liderarse a uno mismo.
En el momento que hay emoción por algo es fácil actuar y pagar el precio. Pero cuando esa emoción se va y llega el cansancio y las frustraciones, comenzamos a ser flexibles con nuestro compromiso…
…y paramos de escribir un par de noches, o no salimos a presentar nuestro plan de negocios, o dejamos los ejercicios, o nos paramos a comer en un restaurante de comida rápida…
Al rato somos flexibles con nuestro compromiso una vez más, y otra vez… y sin darnos cuenta volvemos a sumergirnos en el mar de la mediocridad.
Pero hoy a pesar del cansancio, a pesar de no querer escribir y a pesar de que podía dedicar mi tiempo a preocuparme por algo que no tengo influencia alguna… decidí escribir estas líneas y confesarte que mis luchas diarias son iguales a las tuyas.
¿Qué vas a hacer que no quieres hacer, pero sabes que tienes que hacer?
Al final de nuestras vidas pagaremos el precio de la disciplina o pagaremos el precio del arrepentimiento. Cada uno de nosotros tomará esa decisión.