EL REPORTE DEL DEPORTE.
Defender lo indefendible. Lo de Cataluña fue un movimiento polÃtico, quien considere como un movimiento social y congruente la prohibición de las corridas de toros en territorio catalán, es algo más que un villamelón consumado. De otra manera no se justifica la efervescencia que suscitó alrededor del mundo.
Hace unos dÃas fui mencionado por don Juan Manuel Belmonte, en su columna Temas de Café, es cierto, soy taurino de hueso colorado, he visto los toros desde la barrera, el burladero y pisando fuerte la arena, bueno, no tan fuerte, pero la pisé.
Este parte aguas deja claro que en el mundo entero taurino se acusa una severa crisis de identidad, credibilidad y honestidad que ha puesto endeble la fiesta de tal manera que una maniobra polÃtica la borre del mapa español. La fiesta
va con el estoque hasta el cogote y morirá de un momento a otro.
 Asà como habemos quienes hemos disfrutado una corrida de toros, hay un pequeño grupo que se ha hecho millonario, lucrando con el hambre de la gente y matando lentamente a generaciones enteras de aficionados y toreros. Es cierto, la fiesta como el futbol es un negocio, pero algunos se olvidaron de salpicar parejo.
 Empresarios voraces, inescrupulosos, que con aire de familia regentean plazas y ganaderÃas, arman sus carteles no para brindar espectáculo, no, sólo vale su gusto personal, el cual hay que decirlo, es pésimo, toreros que perdieron la ilusión por la fiesta, se visten de luces para ganar dinero fácil, les dejan escoger el ganado, los alternantes y cuadrillas.
 Antes, en mis tiempos, tenÃa uno que correr la legua, llegar a una ganaderÃa era un triunfo y si echaba uno algunos capotazos era un regalo divino, el taco se lo tenÃa que ganar uno trabajando. Ahora es diferente, llegan los aspirantes en camioneta de lujo, con cerveza en mano y en la otra, una gachà borracha y mal vestida.
 Los ganaderos se volvieron mustios, mandando vacas gordas a las plazas, cortos de cornamenta y reiteradamente capachos, se sabe que usan plomos para guiar el crecimiento de las astas y los kilos, pues nada que una buena dosis de esteroides no pueda reparar. Es evidente esto, pues los toros que vemos en los ruedos se caen de debilidad.
 La asociación de subalternos carga su caja de miel, claro, como en la rueda del san Miguel, todos hemos sido cómplices de esta barbarie, con nuestro silencio cómplice y actitud zalamera hemos hecho nuestra parte para matar la fiesta brava.
 Ojo, no porque esté muerta se va a quedar asÃ, no, seguro que habrá un resurgimiento espontaneo que deje fuera de las decisiones a la gente que por avaricia y mala voluntad han obrado mal, hay cientos de jovencitos que aspiran a torear, a ellos hay que dedicarles tiempo, las reses no faltarán y las plazas, cualquier calle es una de ellas.
 Venga, que habrá taurinos antes, durante y después del fin del mundo, ¡olé!

























