ESCRITORIO DEL EDITOR.

Sí al derecho de las mujeres al aborto, sí a la legalización de la marihuana, y de las drogas en general, sí a la unión de personas del mismo sexo y a que adopten, si a los subsidios, no al uso de la fuerza en conflictos sociales, no a la injerencia de la Iglesia en la política, voto en contra de la Derecha… etc. etc.

Esta es la postura correcta de una persona de izquierda, si es que existe un tipo ideal de izquierdista, sobre todo es la postura que hace calificar a ciertas personas como liberales y progresistas (en nuestra época).

Es lo normal y deseable en un país como México dónde el conservadurismo es dominante y explica muchas de las desigualdades existentes.

Pero ¿cuál es la postura correcta de un conservador? Precisamente lo contrario. Un “no” a muchos o a casi todos los temas que en los últimos meses han dominado una parte de la agenda política del país y en específico en la Ciudad de México, lo cual es prácticamente normal ¿O que se espera? ¿Que la iglesia no opine y se quede callada? ¿Qué grupos conservadores no pongan el grito en el cielo?. Incluso, si un conservador de derecha no se expresara en contra de tales temas, sería algo más que raro. ¿Cómo puede saber una persona de izquierda que sus ideas son o no progresistas? Confrontándolas.

La política, lo han venido señalando los clásicos de ayer y hoy, desde Nicolás Maquiavelo hasta Carl Schmitt, y últimamente Niklas Luhumann, es la lógica del amigo-enemigo, del estás conmigo o estás en mi contra, es la lógica del antagonismo perpetuo. En la sociedad no existen ni decisiones ni soluciones de consenso, lo que existe son aquellas menos perjudiciales para los intereses que dominan en ese momento, sean de izquierda o de derecha. Esa es una verdad (casi) absoluta. Ni siquiera la democracia puede resolver tal dilema. Más aún, el consenso lo único que hace es aplastar a las minorías, porque o se autoexcluyen o son excluidas. Los regímenes basados en el supuesto “consenso” se convierten inmediatamente en regímenes totalitarios.

La corrección política obliga a decir a muchos: “No. Busquemos el consenso”, “No comparto tu proyecto, pero no eres mi enemigo”,etc. Eso en realidad no existe. Incluso muchos citan a Voltaire hasta el cansancio: “No comparto tus ideas, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlas”, sin saber que el mismo Voltaire dudaba de ello y sabía bien que simplemente es parte del lenguaje de la corrección política. Cuando Maquiavelo recomendaba a Lorenzo de Medicis: “el príncipe ha de pensar en evitar todo aquello que lo pueda hacer odioso o despreciado”, lo que hacía era precisamente recordarle la corrección política, ni más ni menos.

Bajo ciertos contextos nadie se atreve abiertamente decir que es de derecha (como Vicente Fox, quien antes de ganar la presidencia dijo que él era de izquierda) ni a confesar que a veces es necesario postergar los ideales de izquierda por intereses políticos (como López Obrador, quien por no confrontarse con la Iglesia cuando gobernaba la Ciudad de México, prefirió en su momento no apoyar la cuestión del aborto y las uniones entre personas del mismo sexo).

Un verdadero demócrata progresista (que no necesariamente tiene que ser de izquierda) sabe que en una buena democracia, incluso hasta las voces contrarias deben tener espacios y que hay que desconfiar de aquellos que quisieran ver soluciones de consenso, un país monocolor, o que incluso que las mayorías decidan sobre los derechos de las minorías. Tales son han sido los orígenes de los sistemas totalitarios, y la Historia enseña, aunque no todos quieran aprender de ella.

Por eso no debieran sorprender ni alarmar las declaraciones de sectores conservadores y sus voceros que se han opuesto al aborto o las uniones legales de personas del mismo sexo. Es parte de su corrección política. Son miopes, eso si: el aborto se practica con o sin ley, por muchas razones, desde personales hasta de salud, las reformas en la Ciudad de México lo que hacen es crear condiciones salubres para quien lo quiera practicar. Las uniones entre personas del mismo sexo existen con o sin ley, las reformas legales lo que hacen es reconocerlas y darles los derechos que tienen otras uniones. Más aún, la adopción de niños o niñas por parejas del mismo sexo será quizá igual o más complicado como ya lo es para parejas heterosexuales. Y quienes adopten, se enfrentarán a los mismos problemas que siempre han existido en las familias como lo retrató Paul Bogart en el film “Jóvenes Corazones Gay” (1980).

El día que la derecha no se sorprenda y no se oponga a las reformas progresistas que pueden llevar a éste país a consolidar una mejor sociedad, entonces si habrá que preocuparse, porque entonces los extremos se habrán juntado y eso si es peligroso.

Politólogo de la UNAM. Autor del blog Crítica Ácida (http://criticacida.wordpress.com) dedicado a discutir aspectos de la Ciencia Política en México y América Latina. [email protected]