“La apariencia es una injusticiaâ€: Stendhal
En la UMSNH tuve la oportunidad de estudiar el bachillerato, y de ella, con aprecio y orgullo, recibà mi tÃtulo de médico. Con gran satisfacción nos hemos enterado que recientemente la Universidad Michoacana ha sido ubicada en el lugar 10 del ranking nacional dentro de una clasificación de las mejores, avalada por el Consejo Superior de Investigaciones CientÃficas con sede en España.
En este aspecto entre las universidades latinoamericanas la UMSNH está colocada en el lugar 69, sorprendentemente por arriba del Instituto Tecnológico Autónomo de México (lugar 81), de la Universidad Iberoamericana (lugar 95), de la Universidad Autónoma de San Luis Potosà (lugar 96) y de La Universidad Jesuita de Guadalajara (lugar 99).
Tratando de ser honesto reconozco que estos logros me generan sentimientos encontrados como es verme entre el asombro y la admiración, entre la duda y el entusiasmo, es decir estoy contento por estas noticias y a la vez un tanto desconcertado. ¿De verdad es fácil creer que, en términos generales o en promedio, los alumnos de la UMSNH salen mejor preparados que los egresados del -los ya mencionados- ITAM, los de la UASLP, los de la UIA y que los del ITESO?
Surge necesariamente la siguiente pregunta ¿con qué y cuántos criterios se basan quienes realizan este tipo de clasificaciones? Entre los parámetros que uno supondrÃa de utilización elemental se encuentran la satisfacción del alumnado, la suficiencia material -en cuanto financiamiento, instalaciones y equipamientos-, la evaluación del rendimiento académico, la medición de la capacidad docente y tutorial incluyendo la enseñanza virtual, el número existente de alumnos por maestro y la eficiencia administrativa. Sabemos que hay otros, muy apreciados por ciertas comunidades académicas, como lo es el porcentaje de docentes de tiempo completo con estudios de posgrado -principalmente doctorados- o el número de publicaciones por parte de la institución en revistas indexadas internacionalmente o hasta el contar con integrantes acreedores de premios Nobel.
No dudo que la Universidad Michoacana, en los últimos años, haya realizado un genuino esfuerzo para alcanzar los estándares de calidad exigidos por la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES) con el objeto de obtener  “acreditaciones†y que este trabajo le ha redituado, dignamente, diversos reconocimientos entre las universidades de todo el paÃs. Entre otros logros, somos conscientes del significativo incremento en el porcentaje de alumnos que ahora reciben programas catalogados de calidad, también sabemos del número significativo que se ha alcanzado de maestros de tiempo completo que poseen un postgrado o que pertenecen al Sistema Nacional de Investigadores, por supuesto que aplaudimos el que seamos vanguardia nacional ante CONACYT en cuanto al número de programas de postgrados de calidad que brinda nuestra universidad.
Pareciera que el panorama para la UMSNH es sumamente halagador y, por lo tanto pareciera también que no habrÃa porqué estar preocupados por ella, ni el gobierno, ni alumnos que buscan realmente la excelencia ni sus padres, ni tampoco la sociedad en general, principalmente, por supuesto, la michoacana.
Pues no comparto esta visión por varias razones. La primera es que todos estos éxitos que ha alcanzado la UMSNH y concretamente las “acreditaciones oficialesâ€, no garantizan por sà mismos la calidad académica de los egresados, hablando por supuesto de estudiantes que han sido adecuadamente seleccionados en su ingreso y que se han comportado responsablemente como tales. Me explico. Estas acreditaciones están basadas en la satisfacción de una serie de requerimientos que son básicamente insumos -humanos y materiales- para la educación superior, no tanto en la verificación de la optimización de los procesos mediante los que se relacionan, ni toman en cuenta los resultados propiamente, es decir no miden las capacidades reales, teórico-prácticas, tanto del alumno como de los maestros. Las estimaciones, pues, que prevalecen son fundamentalmente de tipo curricular tanto de las personas como de los programas. Que yo sepa, ni los estudiantes ni los maestros de la Facultad de Medicina fueron sometidos especÃficamente a algún examen con fines de acreditación. De hecho lo que se acredita son más concretamente los programas que la instituciones en sÃ.
Otra razón es que existen problemas financieros reales de diversa Ãndole en la universidad. Reconozco que se ha hecho bastante con poco ya que en términos de financiamiento público por alumno estamos muy rezagos respecto a muchas otras universidades (ronda los $ 35 000, cuando en otras universidades andan entre 50 y hasta 70 000 pesos al año). Pero no se requiere sólo más dinero, también se ocupa mayor transparencia en su administración y un ejercicio más valiente y responsable en cuánto a los montos y controles de los “apoyos†al personal de confianza, al sindicato y a los grupos estudiantiles.
Otra razón es un asunto espinoso y más desalentador: el que las autoridades sigan consintiendo los chantajes que implican las “tomas†de las instalaciones bajo cualquier pretexto. Indigna de gran manera y es deplorable que la universidad pueda ser paralizada, como ha estado en la última semana, prácticamente en su totalidad, por un “movimiento†de un reducido número de aspirantes a ingresar a la Facultad de Medicina que no lograron por vÃas legales y, lo que es peor, ¡con el patrocinio de quienes han recibido el apoyo y privilegio de contar con una residencia estudiantil pagada por la propia universidad! -llámense moradores de las Casas del Estudiante-. Cien o doscientos estudiantes pueden agraviar -con la mano en la cintura- a otros cincuenta y cinco mil sin una consistente y razonable justificación, burlando sin reparo alguno el Estado de Derecho.
Ante esto, por años, las autoridades han tenido temor de actuar congruentemente con sus postulados pues de facto han legitimado medios violentos que transgreden la ley. Miedo a que se les diga “represores†y poner en riesgo su futuro polÃtico, cuando ese calificativo se circunscribe solamente al uso de la fuerza del Estado para combatir las ideas de las personas, lo cual está lejÃsimos de la situación que nos ocupa.
Finalmente, no digo que quién no pudo acceder a una universidad pública se abstenga de buscar alternativas para poder seguir estudiando, pero hay de formas o formas, incluso podrÃan considerarse aquellas que, sin trastocar la ley, ejercen presión polÃtica sobre la autoridad, pero otra cosa es impunemente recurrir a la violencia fÃsica, al desorden, al daño económico tanto a terceros -el transporte público por ejemplo y pequeños comercios de comida- como a la Universidad.
¡Ah! Si todo esto fuera poca cosa, la propia Dra. Silvia Figueroa ha insinuado -como si fuera natural y ordinario- que estos ominosos hechos podrÃan estar siendo gestados por grupos al interior de la Universidad, los cuales buscan quedar al mando de la rectorÃa ante el relevo que se avecina,… y luego quieren que uno no reconozca que la institución está “algo†desacreditada…
























