ESCRITORIO DEL EDITOR.
Entre la organización del trabajo y el funcionamiento psÃquico del individuo hay un conflicto constante; la división del trabajo y, en particular el contenido de las tareas, pueden plantear problemas relacionados con la motivación o pueden también dar lugar a una disonancia entre los antecedentes y los deseos personales del individuo y el contenido del trabajo que otros deciden que ha de efectuar2.
Moreno en 1995 planteó: “Nada puede ser tan dañino para las instituciones como la pérdida funcional parcial de profesionales cuya formación ha costado un largo perÃodo de tiempo y un claro esfuerzo económico”3.
El sÃndrome de Estrés Laboral Asistencial o Burnout (ELA)) emerge como un problema de salud en los profesionales.
Aunque se ha conocido desde siempre, este tipo de estrés ha comenzado a ser estudiado desde mediados de la década del 70 y a ritmo creciente, a partir de los trabajos asociados al constructo “burnout” (“BO”) o “quemado”; término en inglés que traducido al castellano significa “estar o sentirse quemado, sobrecargado exhausto”.
Fue definido por primera vez por el psicoanalista alemán residente en Norteamérica Herbet J. Freudenberger en 1974, cuando trabajaba en una clÃnica para toxicómanos en Nueva York, donde observó que, al año de trabajar, una parte del personal que laboraba de forma voluntaria, sufrÃa una pérdida de energÃa hasta llegar al agotamiento1.
Este autor da cuenta de lo que llamó “SÃndrome de Burnout”. De esta manera, el concepto fue definido como: “Un sÃndrome de agotamiento o pérdida de energÃa, experimentado por los profesionales, cuando se sienten sobrepasados por los problemas de los demás”. Posteriormente agrega que el burnout “es el resultado de excesivos esfuerzos por alcanzar alguna expectativa poco realista, impuesta por uno mismo o por los valores de la sociedad”. Enfatiza por lo visto el hecho de un estado profundo de agotamiento, producto del trabajo intenso y de la postergación de las necesidades personales (Navarrete M., Arellano M., 1999).
Irónicamente esta denominación “estar quemado” aludÃa a la situación clÃnica de “estar quemado en drogas” y tal denominación fue utilizada para referirse al estado fÃsico y psicológico vivenciado por algunos voluntarios en su trabajo con pacientes drogodependientes.
La primera descripción que Freudenberger realiza respecto de alguien que padecÃa sÃndrome de burnout fue a partir de su propia vivencia, es decir, se describe a sà mismo:
“Una seria consecuencia del trabajo en una comunidad terapéutica, que yo he experimentado personalmente, es el “SÃndrome de Burnout”. Tal trabajo requiere que la mayorÃa de lo que usted hace allÃ, usted lo hace después de sus horas normales de trabajo profesional, utilizando una gran cantidad de usted mismo en el trabajo. Usted exige de sà mismo, el personal lo exige y la población a la que sirve lo demanda. Gradualmente construye encima, alrededor y en usted mismo, el sentimiento de que ellos lo necesitan. Usted siente un sentido total de compromiso. La atmósfera entera se construye hasta que usted finalmente lo descubre, como yo lo hice, en un estado de agotamiento. Si uno desea trabajar en una comunidad terapéutica, uno no puede permitirse sobreextender sus recursos personales y emocionales hasta que estos colapsen”.
Otra descripción, también atribuida a este psicólogo, es la siguiente:
“La persona que acostumbraba ser la más activa y la que más hablaba en las reuniones de equipo ahora no dice nada; sentada en una esquina de la mesa parece resentida, desencantada, fatigada, aburrida, desanimada y confusa. Está tensa, se irrita con facilidad, se frustra con las cosas que normalmente serÃan de importancia moderada” (Ferrer R., 2002)
 Los problemas más graves que aparecen como consecuencia del ELA son:
– La pérdida de la calidad del trabajo profesional.
– Efectos adversos en la prestación de cuidados médicos.
– Disminución en la capacidad de atender a la urgencia que se presta.
– Personal enfermo.
– En la calidad de vida laboral de los profesionales.
– La insatisfacción laboral.
– El ausentismo.
– La rotación de los puestos de trabajo.
– La eficacia de las instituciones.
La pérdida de la calidad del trabajo profesional, los trabajadores insatisfechos, no motivados y sometidos a estrés son propensos a tener más problemas de salud. Las personas enfermas tienden a ser menos productivas, a faltar con mayor frecuencia al trabajo y a sentir más inclinación por cambiar de empleo, otras manifestaciones son los efectos adversos en la prestación de cuidados médicos y una disminución en la capacidad de atender a la urgencia que se presta1. El ELA tiene pesadas consecuencias en la calidad de vida laboral de los profesionales que ejercen los trabajos de asistencia y en la calidad de atención y cuidados recibidos por los beneficiarios de su trabajo, juega un papel importante en la insatisfacción laboral, en el ausentismo, en la rotación de los puestos de trabajo y en general en la eficacia de las instituciones. La satisfacción profesional, la salud, la dedicación al trabajo y la eficacia van juntas2.
a. Investigaciones sobre el sÃndrome burnout Investigaciones internacionales recientes muestran que los profesionales que brindan sus servicios en la atención primaria de salud son susceptibles a padecer el sÃndrome de ELA.
L. Prieto Cebrián en 1997 realizó un estudio sobre ELA en los 45 médicos de atención primaria del área urbana de Cáceres utilizando el cuestionario MBI en su versión castellana, de forma autoadministrada y anónima. Según los autores se evidenció un incremento significativo de las medias respecto a un estudio realizado por Atance en Guadalajara en el que participaron 45 médicos de atención primaria con los siguientes resultados comparativos: Escalas de Ausencia de Logros (34,6 ±8,4 frente a 22,48 ± 2,66; p < 0,001) y Agotamiento Emocional (22,5 ±12,8 frente a 11,64 ± 3,69; p < 0,001) e inferiores en la de Despersonalización (7,6 ± 6,2 frente a 10,24 ± 2,36; p < 0,05)3.
El mismo autor junto a otros colaboradores amplió la investigación a todos los médicos de la atención primaria de la provincia de Cáceres (n = 255) concluyendo que en la población estudiada, la antigüedad, conflictividad sociolaboral y familiar asà como ciertas caracterÃsticas personales y laborales se asocian con niveles altos de ELA.
Una investigación publicada por la revista española de Salud Pública acerca de los aspectos epidemiológicos del sÃndrome de ELA en personal sanitario, en la cual se aplicó el MBI a 294 profesionales de atención primaria y especializada, reportó la presencia del sÃndrome de ELA en una media (x = 47,16), siendo las mayores proporciones las consignadas para las dimensiones Cansancio Emocional y falta de realización personal4.
J. Cebria y col, en el 2002, investigaron la satisfacción laboral y el desgaste profesional de los médicos de atención primaria, encontrando que la edad apunta una tendencia significativa de satisfacción decreciente a medida que el profesional envejece. La satisfacción laboral y el desgaste profesional presentan un comportamiento muy próximo y de sentido inverso, puesto que la satisfacción crece cuando el desgaste profesional adquiere valores bajos5.
Un estudio multicéntrico realizado por Cebria y col en el año 2000 investigó los rasgos de personalidad que podrÃan asociarse con puntuaciones altas en las escalas de ELA (MBI) en médicos de atención primaria, por medio de encuestas a 528 médicos. Se halló que el 40% de los encuestados presentaba algún sÃntoma de burnout y de estos, el 12.4% manifestaba niveles muy altos de “quemazón” profesional. Se encontró, además, que algunos rasgos de la personalidad como la baja estabilidad emocional, la tensión y la ansiedad se asocian de manera significativa al Burnout, existiendo algunas diferencias entre estos factores internos por sexo.
Diversos estudios extranjeros dan cifras variables acerca de la prevalencia del sÃndrome de burnout. Puesto que en la mayorÃa de estos trabajos se utilizan adaptaciones locales del instrumento de Maslach, los resultados en general son comparables. Un resumen de estos datos se presenta a continuación:
– 40,4% de médicos anestesistas presentan burnout (N =151), Bélgica (Nyssen AS et al., 2003).
– 55% de médicos especialistas presentan altos niveles de stress (N =1453). El factor “satisfacción laboral” observado en un 81% de los encuestados es considerado un factor protector, Alemania (Visser MRM., et al, 2003).
– 76% de médicos residentes en medicina interna presentaron criterios para burnout,
– (N =115), hospital del programa residencial en medicina interna de la Universidad de Washington, Estados Unidos (Shangfelt TD., et al., 2002).
– 65,82% de médicos de atención primaria, (N =255), de la provincia de Cáceres, presentó puntajes elevados en alguna de las tres escalas del Inventario Burnout de Maslach en su versión castellana, España (Prieto AI., et al., 2003).
– Estrés profesional moderadamente superior al término medio en enfermeras (N= 150), comparando con MBI (Maslach) que alcanza el percentil 60 en cansancio emocional, 60 en despersonalización y 45 en realización personal. Factores como el bajo nivel de satisfacción laboral, una actitud disfuncional de excesiva necesidad de probación y una insuficiente valoración social percibida por la enfermera se relaciona con mayores niveles de estrés profesional. Badajoz, España (De la Peña E, et al., 2002).
– 74% de asistentes sociales se ubican en condición limÃtrofe respecto de presentar niveles patológicos de ansiedad. Otros estudios con trabajadoras sociales reportan cifras entre 37 y 72 %. Los sÃntomas incluyen cansancio y extenuación fÃsica (51 %) y cansancio emocional (38 %). La supervisión está considerada como la mejor forma de soporte social, ya sea como asistencia de casos o ayuda para un mayor desarrollo de habilidades, Australia (Lloyd C., et al., 2002).
En general las cifras a nivel mundial oscilan entre 15% y 47% o más. El interés de los investigadores se centra en detectar sintomatologÃa especÃfica como se destaca en el estudio de GarcÃa et al., en Murcia, España, en el que describe que el 17% de las enfermeras presentaban problemas fÃsicos frecuentes tales como cefaleas, dorsalgias, resfrÃos, insomnio, taquicardia y falta de apetito (Navarrete M., Arellano M., 1999).
Por otro lado se pretende definir un perfil de riesgo como lo plantea A. Martinez en 1995 en Guadalajara, para un N = 249: “Mujer, 44 años, sin pareja estable, 19 años de antigüedad en la profesión, 11 en la institución, profesional de atención especializada, con más de 21 pacientes a su cargo diarios, dedicando más de un 70 % de su tiempo a ellos (36 a 40 hrs. semanales)” (Navarrete M., Arellano M., 1999).
Desde la pasada década, destacados investigadores cubanos como el Dr. Jorge Grau Avalo, la Lic. Margarita Cachón, y la Lic. Lidia Hernández introdujeron de forma cientÃfica el estudio del ELA en los profesionales sanitarios6. Chacón y col en 1993, encontraron que las reacciones afectivas más frecuentes en enfermeras oncólogas eran de ira, asociadas a sentimientos de impotencia, cuando existÃa una alta demanda emocional.
Un estudio exploratorio utilizando el CBB, desarrollado por Hernández en 1995, encontró que la población de enfermeras oncólogas está más afectada de ELA que los médicos, en particular, en la dimensión despersonalización: dos tercios de las enfermeras puntuaban ELA moderado y alto en el CBB, mientras que sólo un tercio de los médicos lo hacÃa en esas categorÃas.
Portales, en 1997, aplicó el CBB en una muestra de enfermeras de servicios médicos y quirúrgicos del Hospital General Calixto GarcÃa encontrando niveles discretamente más altos de ELA en las enfermeras de los servicios quirúrgicos. Este trabajo permitió recomendar un nuevo tipo de calificación para el CBB, perfeccionando el método tradicional de corte por percentiles7.
Landeros, en 1997, se encontró que los marcadores de estrés no diferenciaban sustancialmente las enfermeras de servicios médicos y quirúrgicos, aunque en este último grupo era superior el promedio de respuestas psicofisiológicas de tipo cardiovascular; los afrontamientos que primaban en las de alto ELA eran pasivo-cognitivos8 .
Rivera en 1997, en el Hospital ClÃnico Quirúrgico “Hermanos Ameijeiras”, utilizó el cuestionario CBB como instrumento de medición del sÃndrome de ELA. Las conclusiones de este estudió señalan que aproximadamente el 25% de la población reportó niveles bajos de afectación del sÃndrome de ELA, el 50% de la muestra presentó niveles moderados y otro 25% se localizó dentro del nivel alto de afectación9.
J. Román en 1997 estudió los factores psico-sociales asociados al trabajo en profesionales de la salud, Estrés y ELA en médicos y enfermeras del primer y segundo nivel de atención en un municipio habanero. En dicha investigación resultaron más afectados por el sÃndrome de ELA los médicos de la atención primaria (8,71%) que los que laboraban en la atención secundaria (2,44%) aunque con cifras más significativas sucedió lo mismo con el estrés: (16,38%) los de atención primaria y el (11,35%) para el nivel secundario. En la aplicación y análisis del CBB, este autor consideró la presencia de ELA a partir de las puntuaciones medias > 3 en todas las sub-escalas de este instrumento, sin embargo encontró diferencias para el diagnóstico del ELA cuando este valor es calculado considerando todas las escalas del CBB con respecto a su cálculo, incluyendo solamente las sub-escalas del sÃndrome propiamente dicho, lo que vino a apoyar la hipótesis utilizada por Sánchez en 1997; para considerar solamente en la adaptación de la escala, el componente diagnóstico del CBB 10.
Julio Sánchez, en 1997, determinó la presencia del sÃndrome ELA de forma global y según variables sociodemográficas en médicos de un centro de atención primaria de otro municipio habanero, reportando una alta presencia del sÃndrome, un 80% para hombres y un 84% para mujeres, siendo la Despersonalización la dimensión más afectada. Este autor propuso la construcción de una escala para el componente diagnóstico del CBB que permitiera determinar la presencia de ELA en Médicos de Familia11.
Nótese que en la mayorÃa de las investigaciones realizadas en Cuba se obtiene la Despersonalización como la dimensión más afectada.
























