ESCRITORIO DEL EDITOR.

El día de hoy, con la tradicional Ceremonia del Grito de Dolores, conmemoramos el Bicentenario de la Independencia e inician las festividades hacia el Centenario de la Revolución Mexicana.

En este escenario es conveniente mirar en retrospectiva y hacer un ejercicio de conciencia histórica para analizar estos dos períodos fundamentales de nuestra historia. Para comprender la Independencia de México respecto a España, es necesario precisar y definir las causas internas y externas que la originaron.

El resultado del movimiento independentista, derivó de un gran esfuerzo que llevaron a cabo los hombres que sostuvieron la lucha libertaria durante el siglo XIX, con los distintos recursos que contaban o pudieron allegarse. La Independencia consistió en sí en un proceso moral y político dentro de las circunstancias culturales e históricas de su tiempo, de valor local y con trascendencia universal.

La madrugada del 16 de Septiembre de 1810, el Cura Miguel Hidalgo y Costilla arengó al pueblo a fin de ir contra el “mal gobierno” y acabar con el “pago del tributo”, lo cual resultó comprensible para todo el pueblo novohispano, que en su mayoría se vivía inmerso en un ambiente de necesidad, miseria, ignorancia y opresión. Así pues, el movimiento encabezado por el Cura Hidalgo ofrecía como principal aliciente la repartición equitativa de la riqueza.  El movimiento Independentista tenía un objetivo capital: alcanzar la libertad, para que una vez conseguida, pudiera implantarse la justicia efectiva sin importar la clase social, eliminar la pobreza y asegurar las oportunidades para todos; desapareciendo así y para siempre la discriminación, la corrupción y el despotismo.

Los hombres que, gracias al movimiento iniciado 1810, nos dieron patria y libertad, tenían muy claros los valores por los cuales luchaban y con los que deseaban construir un México diferente. Así lo entendió el padre Hidalgo cuando explicó que el nuevo gobierno, surgido de la Independencia, tendría como obligación fundamental “los altos fines que anuncia la prosperidad”  de los mexicanos, como premisa obligada para poder dar inicio a nuestra “regeneración”, como lo señaló en su momento José  María Morelos y Pavón.

Asimismo 100 años después, en 1910 México fue sacudido por una serie de luchas y revueltas conocidas como la Revolución Mexicana, a través de las cuales se intentó  transformar el sistema político y social creado por el Presidente Porfirio Díaz Mori. La Revolución Mexicana, que contribuyó a formar el México contemporáneo, no tuvo un carácter homogéneo, sino que consistió en una serie de revoluciones y conflictos internos, protagonizados por distintos jefes políticos y militares que se fueron sucediendo en el gobierno de la nación.

La Revolución Mexicana se gestó en un panorama de insatisfacción contra la política elitista y oligárquica de Porfirio Díaz Mori, que había favorecido a los estamentos más privilegiados, sobre todo a los terratenientes y a los grandes capitalistas industriales. Si bien el país gozaba de prosperidad económica, las continuas reelecciones de Díaz causaban insatisfacción política entre las nacientes clases medias, en tanto que los beneficios de la prosperidad no habían alcanzado a los grupos más pobres de la sociedad.

La ideología revolucionaria surgió espontáneamente y se fue construyendo al calor de la lucha. El movimiento tuvo carácter democrático -en cuanto al aspecto político, rural y agrario-, nacionalista, laico y anticlerical. La ideología revolucionaria hasta la Constitución de 1917 fue obra, aun en sus aspectos más radicales, de una clase media urbana en ascenso que también pretendía proteger las grandes masas campesinas y los crecientes grupos obreros, pero respetando e incrementando la estructura capitalista. Francisco I. Madero, Venustiano Carranza, Francisco Villa y Emiliano Zapata cobraron una importante dimensión en la lucha revolucionaria y se convirtieron en artífices de un movimiento que pugnaba por una verdadera transformación del país.

Los aspectos señalados hasta aquí nos dan una idea somera y general del medio y las circunstancias que ambientaron nuestra Independencia y la Revolución. Sin embargo, dos siglos después llegamos a este punto de la historia con un saldo poco alentador. Nuestro país enfrenta un escenario conflictuado, hoy la sociedad tiene miedo por las acciones de extrema violencia que realiza el crimen organizado. El fenómeno del narcotráfico y la inseguridad que genera ha penetrado en la esfera económica, política, social y cultural. El Gobierno del Presidente Felipe Calderón lleva a cabo una Guerra en contra de los carteles del Narcotráfico, la cuál ha cobrado poco más de 29,000 víctimas; a esa situación debemos sumar el rezago educativo, la desigualdad, la discriminación, el insuficiente  crecimiento de la economía, y otros temas de la Agenda Nacional en rezago.

En esta etapa lo que la sociedad precisa es conocer la verdad para poder establecer los consensos necesarios y alcanzar la reconciliación y el perdón; en pocas palabras la “regeneración” de la que hablaba José María Morelos y Pavón. En ese sentido un ejemplo claro de lo que la sociedad desconoce y que en ocasiones se niegan a decir algunos gobernantes, son las declaraciones vertidas por la Secretaria de Estado de los Estados Unidos de América en las cuáles aseveró que los carteles del narcotráfico en México y Centroamérica se comportan cada vez más como una insurgencia, similar a lo ocurrido en Colombia a principios de los años 90: “Enfrentamos una creciente amenaza de una bien organizada red de tráfico de drogas que está, en algunos casos, transformándose o haciendo causa común con lo que nosotros consideraríamos una insurgencia en México y en América Central”. Aunque la funcionaria destacó la lucha contra el narco encabezada por el Presidente Felipe Calderón y aseguró que su país ayuda a México para mejorar su capacidad de Inteligencia, reconoció que es un reto muy difícil.

Sus declaraciones fueron matizadas horas después desde la Casa Blanca, mientras que en México generaron reacciones. El Zar Antidrogas, Gil Kerlikowske, señaló que la aparición de carros bomba no implica que la violencia del narcotráfico se esté convirtiendo en insurgencia; mientras que Arturo Valenzuela, Subsecretario de Estado Asistente para el Hemisferio Occidental, pidió no malinterpretar los comentarios y consideró que en México lo que existe es criminalidad. Por su parte, Alejandro Poiré Romero, Secretario Técnico del Consejo de Seguridad Nacional, aseguró que el Gobierno federal no comparte la afirmación de Clinton: “Desde luego, no compartimos su apreciación, ya que hay una diferencia muy importante entre lo que enfrentó Colombia y lo que enfrenta México actualmente”. A su vez el Presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, corrigió lo dicho por Hillary Clinton. “México es una democracia amplia y progresiva con una economía creciente, y como consecuencia, no puedes comparar lo que está pasando en México con lo que ocurrió en Colombia hace 20 años”, puntualizó Obama a la durante una entrevista.

En ese contexto, el pasado lunes, el diario estadounidense “The Washington Post” denunció que “Los cárteles de droga mexicanos nutren sus arsenales con armas provenientes de Estados Unidos, mientras el gobierno de Barack Obama no hace lo suficiente para enfrentar el problema”. “Los ejércitos de narcotraficantes mexicanos tienen una fuente externa de armas y de financiamiento… y para nuestra vergüenza, esa fuente es Estados Unidos’’, publicó el diario en un editorial. El Washington Post citó un estudio de los expertos Colby Goodman y Michel Marizco, auspiciado por el Centro Woodrow Wilson, y la Universidad de San Diego. Según el estudio, por lo menos 62 mil 800 de las 80 mil armas confiscadas a los cárteles mexicanos entre diciembre del 2006 y febrero del 2010 provenían de los Estados Unidos.

Así pues, siendo un pueblo independiente, soberano, maduro que está en la búsqueda de la consolidación democrática, es primordial que nuestro Gobierno y las autoridades nos muestren la verdad del país. Hoy pudiéramos pensar que la Historia se revela perversa, ya que las demandas y las asignaturas pendientes del país continúan siendo casi las mismas que motivaron la Independencia y la Revolución: el mal gobierno; el ambiente de necesidad, miseria, ignorancia y opresión; la falta de una repartición equitativa de la riqueza; la justicia efectiva; la eliminación de la pobreza, oportunidades para todos, beneficios de la prosperidad para toda la sociedad y la desaparición de la discriminación, la corrupción y el despotismo.

El marco del Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución constituye la oportunidad perfecta para la reflexión y el análisis de los retos actuales. ¿Cuáles son las acciones concretas que llevaremos a cabo para la regeneración del país?. Los cambios que anhelamos para el futuro son los cambios y las acciones ejecutadas en el presente. Sociedad y Gobierno debemos trabajar corresponsablemente para diseñar estrategias que posibiliten el combate a los principales flagelos del país, pero eso sólo será posible sentando las bases de un país comprometido con el bienestar, la igualdad y la educación de su pueblo. Tengamos memoria histórica y recordemos en todo momento los errores cometidos en el pasado, a efecto de subsanarlos, ya que de no hacerlo, estaremos condenados a repetirlos en el futuro nuevamente.

Después de 200 años de Independencia y 100 años de la Revolución, el país se encuentra frente a nuevas formas de dependencia: La dependencia petrolera por lo que hace a la refinación y la dependencia tecnológica señaladas por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico; la dependencia económica con respecto a los Estados Unidos, evidenciada por el Fondo Monetario Internacional y la alarmante dependencia alimentaria, mencionada por investigadores de la Universidad Autónoma Chapingo, por la cual prevén que en cinco años, México dependerá 80% de productos alimenticios importados. En otra reflexión sobre la Independencia, ¿Qué debemos hacer para superar estas nuevas formas de dependencia?.