ESCRITORIO DEL EDITOR…REPERCUSIONES

Las causas fundamentales del movimiento de 1810, indudablemente lo fueron la explotación y la expoliación de nuestro país por los que de España vinieron y continuaban llegando a nuestro territorio “para hacer la América”; es decir, el deseo interminable para acumular riquezas a costa de la esclavitud y el hostigamiento de los habitantes primarios de este terri-torio indujo a los criollos a luchar por su liberación económica y política.

Cien años más tarde, agravadas las condiciones sociales, la continuación de la explotación sin límite, la concentración de la tierra en unas cuantas manos y el de “mátalos en caliente” impulsó a unos cuantos soñadores a buscar el apoyo de las masas para liberarse del yugo opresor y de esa manera dio comienzo al proceso revolucionario que terminaría varios años después de que el dictador Porfirio Díaz saliera del país en el Ipiranga. El abuso en el ejer-cicio del poder político y económico, volvieron a ser los elementos básicos alimentadores de la inconformidad social.

El empobrecimiento de las masas, la concentración de los recursos económicos en unas cuantas manos favorecidas por la enorme corrupción política que desafortunadamente se presenta en la actualidad tanto en los tres poderes federales aunado al incumplimiento de promesas de campaña de los que están y se mantienen en el ejercicio del poder más su inep-titud para ejercer adecuadamente los mandatos otorgados o arrebatados por los fraudes electorales, han reactivado las causas que pueden permitir el cambio necesario no precisa-mente por la vía electoral.

Intelectuales, dirigentes políticos, líderes sindicalistas, ideólogos y comentaristas diversos, hemos alertado reiterada pero inútilmente, la urgencia de enmendar caminos, de corregir estrategias, de cambiar conductas y sobre todo, de respetar los ordenamientos constitucio-nales, sin que quienes tienen ese alto deber y responsabilidad hagan caso omiso de los cons-tantes reclamos de los ciudadanos; Por el contrario, pareciera que éstos fuesen los de vio-lentar las leyes, los de  incrementar la corrupción, los de entregar nuestros recursos naturales y permitir que intereses extranjeros asociados con malos mexicanos, continúen, como en 1810, y 1910, expoliando y saqueando a la Nación.

A los mexicanos nos han quitado más de mil empresas para entregarlas a intereses particu-lares. A los mexicanos nos han arrebatado el subsuelo minero y, en concesiones que alcan-zan hasta los cien años, se las han regalado a personeros que obedecen a intereses extranje-ros; Las minas no son ya más de mexicanos ni tampoco las controla el gobierno nacio-nal…¡¿nacional?!. Ya las máquinas ferrocarrileras nuestras solo están o en el monumento a la Revolución, en algún museo como chatarra o en el recuerdo de muy pocos; La Banca o es de españoles o la controla City Bank no obstante que la Constitución Política de la Re-pública lo prohíbe. 

Todo lo anterior pues, ¡ha sido y lo és! peligroso para México y los mexicanos y ¡que Ironia, que lo más o el más peligroso lo haya  sido el actual titular del Poder Ejecutivo, mismo que  denunciaba en su etapa como candidato presidencial a no vo-tar por su antagónico enemigo, Andrés Manuel López Obrador, quien –afirmaba Felipe- era un Peligro para México!

Son muchas las semejanzas del México de ¡hoy, hoy, hoy¡ con las del México de 1810 o el de 1910. Por ejemplo, a mediados del siglo XIX cuando se llamaba repetidamente a Anto-nio López de Santa Ana como solución a las depredaciones cometidas por éste mismo.

Así, hoy pareciera que la solución a la ineficacia, a la corrupción gubernamental del PAN, a su desgobierno, es llamar,  no obstante los estragos cometidos por los presidentes emanados de sus filas durante varios sexenios, al PRI, para  que éste sea la salvación de nuestro país.

Quizá la única diferencia entre los México de estas etapas, es que el actual de Felipe Cal-derón, está terriblemente endeudado (casi 400 mil millones de dólares) de tal manera que los ciudadanos pagaremos la  ineficacia y la corrupción de los gobiernos Robolucionarios y panificados.

¡Que lástima que la izquierda este descuartizada, cuasi desaparecida y corrompida también en parte!