“La prudente moderación es la virtud del sabio”: De Moratín

Dos eventos conmemorativos tuvieron lugar la semana pasada: el 145 aniversario luctuoso de los mártires de Uruapan y 196 años de la expedición del Decreto Constitucional para la Libertad de la América Mexicana, mejor conocido como Constitución de Apatzingán.

Muy distintos fueron los discursos de los respectivos oradores oficiales entre, por un lado, los legisladores perredistas Uriel López Paredes, Raúl Morón Orozco y Carlos Sotelo García (el primero en Uruapan y los últimos en Apatzingán), y por otro (también en Apatzingán)  el Presidente Felipe Calderón. Tanto en la forma como en el fondo se nota gran diferencia.

En Uruapan, con un mensaje de resentimiento, retador, demagógico, arcaico, agresivo -casi bélico- y carente de un mínimo de respeto a la pluralidad político-ideológica de la mayoría de quienes estábamos presentes López Paredes calificó de “absurda la guerra contra el narcotráfico”, y como si viviera en el siglo XIX mencionaba en un discurso santanista, es decir, incongruente, en un solo párrafo arremetió contra todos “Es necesario hacerle frente a la minoría entreguista que ataca lo mismo al proyecto nacional-popular, heredero de las gestas independentista y revolucionaria, que a las fuerzas progresistas hechas gobierno, como en el caso de Michoacán, en donde se sufre y resiste el embate de las fuerzas conservadoras del Estado”. Con esta alocución digna del siglo XIX, en esa época probablemente hubiera sido calificada por un sector como sobresaliente.

Por su parte Carlos Sotelo García abanderado por el artículo 39 de la Constitución mal interpretado, -se entiende, no es abogado- azuza a la rebeldía, a la resistencia y a la anarquía. Criticando, con parte de razón, el control oligárquico de los medios electrónicos –es el Presidente de la Comisión de Radio, televisión y cinematografía del Senado, sin haber logrado impulsar una reforma real a la Ley Federal de Telecomunicaciones-. De igual forma criticó la propuesta de creación de un mando único policial, ya que según él es una visión autoritaria para atraer el mando a la federación, habría que recordarle que la propuesta determina que sean los Estados los que controlarían a la policía, no sé si el Senador esté muy de acuerdo, por ejemplo, que se contraten como jefes de policía municipal a estudiantes de 20 años con un sueldo de 8 mil pesos mensuales, tal como ocurrió hace unos días en Praxedis G. Guerrero, un poblado de Chihuahua donde el alcalde fue muerto a manos de la delincuencia organizada apenas en junio de este año.

En un tono más mesurado, crítico pero institucional, el Diputado Raúl Morón llamó a una gran alianza de todos los mexicanos que posibilite una reforma de Estado profunda, incluso abrió a la reflexión ¿cómo lograr que se respete verdaderamente el equilibrio de poderes y el pacto federal, fortaleciendo la gobernabilidad del país?
Sin embargo no desaprovechó para adjetivar peyorativamente el desempeño del gobierno federal, sin el debido respaldo de los que en su nombre hablaba, es decir con el cabal consentimiento de los legisladores.

En el caso del Presidente Calderón éste hizo énfasis en la necesidad de fortalecer un verdadero Estado de Derecho en el que se aseguraren la libertad y la igualdad de todos los mexicanos. Conminó a todos los servidores públicos, de los tres órdenes de gobierno, a  defender los valores que inspiraron la lucha independentista, especialmente guarecidos por  José María Morelos: la seguridad, la libertad, la igualdad y el derecho a la propiedad de los ciudadanos, así también hizo un llamado a trabajar corresponsablemente por fortalecer a las instituciones. Dadas las circunstancias actuales, muy apropiadamente el primer mandatario atinadamente nos recordó que héroes como Morelos o Matamoros jamás pactaron con los enemigos de los mexicanos. Fue en esencia un discurso incluyente, bien pensado y sobre todo con una visión de Estado, donde a todos -independientemente de ideologías o partidos políticos- se nos reconoce y otorga un espacio para poder desarrollar plenamente una vida personal y social.

Más allá de los colores partidistas y formas de pensar, los distintos discursos, principalmente los oficiales, deben llamarnos a la reflexión y como ciudadanos debemos preguntarnos ¿Cuál de las alocuciones es más adecuada al momento histórico que vivimos? ¿Cuál de los discursos construye y suma para el desarrollo de nuestro Estado? ¿Quiénes contribuyen a la paz, al orden? ¿Quiénes proponen, para buscar soluciones, el diálogo y la mesura y quiénes el enfrentamiento violento?

Por un lado tenemos arengas salpicadas de odio, de rencor que crea zanjas en lugar de puentes, que en lugar de edificar destruye, que en vez de unir confronta; por otro lado están las disertaciones que se fundan en la corresponsabilidad entre Poderes y entre órdenes de Gobierno, las que de verdad invitan a preservar la armonía y el respeto en la diversidad, las que sin dejar de señalar críticamente el atraso y los yerros, pretenden propositivamente construir como tarea de todos condiciones sociales que permitan un mejor futuro para nuestras familias simpaticen o no partido político alguno.

Finalmente, nuestros representantes deben comprender que sólo sumando, sin estériles protagonismos, será como lograremos alcanzar el desarrollo que todos queremos para Michoacán y para México; ojalá más temprano que tarde puedan ver la necesidad que tenemos los unos de los otros para generar los cambios y las transformaciones que tanto exige y necesita el ciudadano común.