ESCRITORIO DEL EDITOR.

El afán de los reformadores es transformar a los pueblos con leyes, cuando las leyes deben ser transformadas por las costumbres, si se quiere que tengan eficacia.
Arthur Youg.

La aprobación de la Ley de Ingresos para el 2011 por parte de la Cámara de Diputados ha originado muchos comentarios en pro y en contra, pero  en esta ocasión únicamente quisiera formular algunas reflexiones sobre el incremento al impuesto al tabaco.

Adicional a los efectos deseados y los no deseados que se piensa que tendrá esta medida, en esta ocasión únicamente me referiré a las situaciones en que los políticos le dan más importancia  a las justificaciones y no a lo sustantivo de los verdaderos propósitos que se buscan al realizar cambios en las leyes, para no ser criticados por la sociedad.

En esta situación particular, algunos especialistas en temas fiscales y económicos han señalado que este incremento al Tabaco tiene como  finalidad recaudar más impuestos, a fin de que el Gobierno pueda contar con más recursos financieros, por otra parte, otros especialistas en el mismo tema y en el de salud indican que el objetivo principal es que se de una disminución en el consumo de cigarrillos y desmotivar a los adolecentes para que no se enganchen en esa adicción y que el gobierno incremente sus ingresos.

Los dos objetivos son buenos, ya que el Gobierno requiere más recursos para financiar sus funciones a que está obligado y debe lograr ahorros en determinados gastos, y sobre todo es más importante mejorar y/o preservar la salud de los mexicanos.
Sin embargo, con base a lo que se observa en los planteamientos y en los argumentos que se ha tenido la oportunidad de leer en diversos medios de comunicación, se tiene la impresión de que el objetivo principal y casi único, es recaudatorio, y las demás consideraciones que hicieron fueron  son solo justificaciones para lograr que ese incremento se realice sin criticas de la sociedad; aunque en algunos otros artículos nos hacen pensar que efectivamente eso dos objetivos eran la base para promover esa medida.

De ser como se plantea en cualquiera de las dos  posibilidades mencionadas, nos lleva a deducir dos reflexiones diferentes, una para cada caso siendo las siguientes:
Por lo que respecta a que el objetivo es primordialmente recaudatorio y que los argumentos son meras justificaciones, hace que los ciudadanos nos sintamos molestos y engañados, situación que provoca desconfianza en nuestras autoridades, motivando lo mismo de siempre que la sociedad continúe con pretextos para no contribuir debidamente para el gasto público.

En el supuesto de que efectivamente el objetivo principal sea que los mexicanos consumamos menos  tabaco, y que lo recaudatorio sea lo secundario, lo que hace es que nos preguntemos si están considerando de que solo con el incremento del Impuesto se lograra  disuadir a los consumidores y a evitar caigan en esa adicción más personas.
Hasta lo que he podido observar por diferentes medios, los funcionarios del sector salud, nada más han mencionado que con ese incremento se lograra ese propósito, además de que se reduzcan los gastos de atención médica que requieren en su tiempo los fumadores.

En consecuencia, uno se pregunta que otras medidas piensan adoptar, ya que se tiene conocimiento que en contadas excepciones (en otros países), cuando se incrementan los impuestos al consumo del tabaco y no han aplicado medidas adicionales, tales como restringir la promoción de la venta de cigarrillos, de establecer medidas de prevención y educación a los niños, adolecentes y jóvenes; el solo incremento de impuestos no ha logrado el objetivo de que se reduzca el consumo del tabaco.

Es más, en lo particular durante años, no he apreciado una verdadera e integral estrategia para el combate de las adicciones, tales como, las relativas al tabaco, u otras sustancias, aún más peligrosas para la salud física y mental de las personas que las consumen, así, como, el daño que hacen a sus familiares y a la sociedad en su conjunto.

Por lo que se refiere al tabaco, no vemos campañas de concientización dirigido a los jóvenes y a su padres excepto anuncios, incluso, sobre las otras adicciones tales como el alcoholismo, y de las demás sustancias como la mariguana, tachas, coca y otras, las campañas de los tres ordenes de gobierno son muy pobres, por lo menos en mi ciudad no he tenido conocimiento de la existencia de un verdadero centro de rehabilitación oficial que sea de calidad y  que tenga los medios físicos, personales, y financieros suficientes, y por lo que respecta de los privados se escucha que no tienen la calidad debida y que son muy caros; por otra parte tampoco se conoce de programas masivos y de calidad que estén dirigidos a los padres de familia en el que se les oriente cómo detectar si sus hijos se están drogando, de como hablarles con asertividad, informarles sobre las causas de la drogadicción y los síntomas que se observa cuando han consumido alguna droga, además sobre algo muy importante el como establecer limites a los jóvenes.

Por cierto en esta etapa que nos ha correspondido vivir, como leí en alguna parte “Todos los niños y jóvenes están ante la tentación de usar drogas, no importa su condición social, la escuela que frecuentan, o lo muy inteligentes que puedan ser”.
En esa virtud, como conclusión del presente, muchos mexicanos esperamos que este incremento al Impuesto al Tabaco que proponen sea para disuadir a los niños y jóvenes que se vuelvan adictos a esa sustancia, y que no haya sido un simple pretexto para captar más recursos financieros, pues existen otros medios para incrementar la recaudación, tales como propiciar confianza en el gobierno, simplificar el sistema fiscal, y como acertadamente  lo señalo Cecilia López Montaño en su artículo “Llegó la hora de los empresarios” del 26 de octubre del año en curso:

 “Señores empresarios: les llegó la hora, pero no precisamente de aumentar sus ganancias. Lo que han logrado, con creces, gracias a la confianza inversionista del último Gobierno y, sin duda, a su esfuerzo, se debe redireccionar pensando en el país, en el bienestar de toda la población, en el fortalecimiento de una clase media desdibujada y en ayudar a construir el futuro del país.

Llegó la hora de dejar atrás la mezcla de política y negocios. De separarlos y, más bien, de ayudar a construir ese proyecto de país donde quepamos todos, no sólo ustedes. Así ganan ustedes y gana el país”.