Percepción y participación ciudadana.

Si uno observa una figura de animal parecida a un burro y escucha un rebuzno, seguro es que se trata del mamífero angulado de pelaje largo y largas orejas; así mismo, si uno vislumbra un ave parecida a un pato, la ve nadar como pato y grazna como tal, la conclusión certera es que efectivamente se trata de un pato o de una pata, si el lector  lo prefiere, con lo que se concluye que cuando hay una opinión sobre algún tema específico en donde participan un sinnúmero de observadores y concluyen con un veredicto común, es claro que si no se trata de una verdad absoluta se está cerca de que así sea.

Lo mismo pasa en la vida política nacional y no podemos negar que nuestra percepción es veraz cuando las estadísticas económicas y sociales levantadas por organismos internacionales nos muestran que lo que percibimos o notamos es una rápida degradación del país. Así, esas estadísticas difundidas en materia de corrupción señalan que México sigue ocupando un lugar predominante.

En otra percepción de las cosas y cuando diariamente los medios periodísticos certifican que día a día los muertos por motivos del crimen organizado y por “las equivocaciones” de policías, ejercito o marina, van aumentando, inconscientes, de mala fe  o torpes seríamos de negar la convicción de que estamos en guerra o contradecir la “percepción como equivocada” – como le llama Felipe- que nosotros tenemos.

Pero aparte de esa “mala vista” que la falta de alimento produce en los pobres, El Fondo Monetario Internacional, recientemente informó que, cito: “a diferencia de otras economías del área hemisférica como las de Perú, Brasil, Chile, Colombia, Guatemala, Uruguay, Brasil y Costa Rica éstas superan a México, que sigue enfrentando importante riesgos por su elevada corrupción y dependencia de la economía de los Espantados Unidos”. Por otra parte, el propio Banco de México estima que para finales del presente año, el alza de precios en materias primas, servicios públicos e impuestos, será de 5.25%, lo que traerá un mayor sacrificio no para las familias empresariales sino para el resto de los mexicanos, lo que seguramente empobrecerá aún más a un amplio sector ya de por sí debilitado.

Tal vez por eso de las “percepciones”, de la corrupción generalizada en las cúpulas empresariales y políticas ­–cópulas- diría el recordado Rico Cano, o de la terrible partidocracia que vivimos, y no obstante el sinnúmero de agrupaciones sociales diversas que existen, la sociedad en lo general muy poco participa y en consecuencia no hace contrapeso a los que hoy ni saben, ni pueden, ni mantienen la rectoría del país ni saben para que sirve un gobierno.

Actualmente México ocupa el  patético lugar 98 entre 178 países; su índice es de 3.1 y es la peor en los últimos diez años. Muy adelante están Dinamarca y Nueva Zelandia y estamos debajo de la Italia del corrupto Berlusconi en Italia.

El alto grado de corrupción, inhibe la participación social y no nos permite ni crecer económicamente ni resolver las tantas transas que en materia de economía y de política se develan día a día sin que se castigue a nadie. El gobierno nacional, en su impotencia intelectual deja hacer y ser y se empeña locamente en continuar una guerra perceptible para todos, menos para él ejecutivo federal, que ya ha costado más vidas que las perdidas en países como Iraq y Afganistán.

Por estas reflexiones, coincidimos pues con la opinión emitida por El Centro de Estudios Económicos del Sector Privado que observa preocupante la baja calificación que México tiene el concierto de las naciones en lo general, referidas como ya se indicó por Transparencia Internacional y otras asociaciones.

Por eso es necesario una mayor e intensa participación ciudadana y por eso mismo, es encomiable el esfuerzo que el Diputado Enrique Bautista realiza impulsando desde el Congreso del  Estado, la creación del Consejo Económico y Social para Michoacán. Organismo que, de lograrse el objetivo, de no dejar la conducción de la administración pública a los que, en todas partes, son los ninis.

En varios países ya existen este tipo de consejos e impulsarlo en el Estado,  y llevarlo a buen término no es asunto fácil, pero el esfuerzo se hace necesario en beneficio de la misma administración pública y desde luego, de los ciudadanos en lo general.