¿Qué mexicano no se cuestiona el desempeño del Presidente Felipe Calderón Hinojosa? ¿Quién no se pregunta sà sus secretarios desempeñan a cabalidad su trabajo, o si los legisladores están siendo responsables en sus funciones, asà como gobernadores, presidentes municipales, delegados y demás funcionarios? La situación es la siguiente. ¿Son ellos, unos polÃticos profesionales?
En 1919 fue publicado por primera vez el libro “El PolÃtico y el cientÃfico†de Marx Weber, en el que se desarrolla una ponencia sobre el comportamiento lógico y al mismo tiempo incompatible entre las cualidades del hombre de ciencia y el hombre polÃtico, refiriéndose a la polÃtica como profesión o en su caso, como vocación.
En la actualidad, muchas incongruencias siguen vigentes; en especÃfico en el concepto mismo de lo que es la polÃtica, es compleja y poco comprendida como tal, asà como las actividades que de ella emanan.
Ignorada o no, la polÃtica es recurrente: todos los dÃas se mencionan situaciones como: “el desempeño polÃtico de talâ€, “la negociación polÃtica de que…â€, “el acuerdo polÃtico en el que…†O en sintonÃa, frases reclamantes como: “todos los polÃticos son unos corruptosâ€, “los polÃticos nunca cumplenâ€, “los polÃticos no trabajanâ€.
En suma, la ciudadanÃa está confundida, y mucho de esto se debe a que la polÃtica se ejerce como una profesión que, al no tenerse clara como tal, no siempre cumple con la ética y la responsabilidad que cualquier otra profesión demanda; de aquà su desprestigio, su carencia de certeza y su compleja instrumentación que disipa su credibilidad dÃa con dÃa.
Debemos primero, tener claro el tipo de profesión al que nos referimos; porque como tal, la polÃtica no está directamente vinculada al bien común; y no es que no lo busque.
Quién se dedica a la polÃtica, aspira, sencilla y llanamente al poder. SÃ, es verdad que puede sonar cÃnico y descarado; pero el poder no significa ser corrupto, ser incompetente, ser injusto. Significa, que quien hace polÃtica, aspira al poder como medio para la realización de ciertos fines, y en especÃfico, tomar decisiones que influyan en el Estado. Pero también estas decisiones están vinculadas con el uso de la fuerza, en razón de que no siempre la población o el status quo están dispuestos a ser modificados.
Pero la situación que nos merece este espacio es la referente a quiénes son aquellos que pueden ejercer estas funciones y qué cualidades deben tener los que aspiran a insertarse en el medio polÃtico; como vemos actualmente, los polÃticos no son los únicos que tienen la oportunidad de integrarse en la arena polÃtica.
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En la actualidad, los poderes fácticos juegan un papel determinante en la toma decisiones; me refiero en este caso a los medios de comunicación o, ¿por qué no? el propio peso del narcotráfico.
Cada uno de los casos antes mencionados tiene sus razones; unas más naturales y otras en cambio, como consecuencia de las malas decisiones tomadas en nuestro paÃs desde hace tiempo, que han otorgado un poder a quien no necesariamente deberÃa tenerlo. Esto ha provocado que hoy en dÃa sean el producto de fuertes olas de violencia e inseguridad en todo el paÃs.
En otro contexto, también nuestra incipiente sociedad civil comienza a dar muestras de una participación polÃtica más activa. Sin embargo, aún falta ética ciudadana para las responsabilidades más básicas que respalden la unidad y la influencia en las decisiones polÃticas; pues en descontento o no, participativos o no, siempre existe un momento en que nos convertimos también en polÃticos ocasionales.
La vocación no es suficiente para que alguien pueda concebirse como un polÃtico profesional; pero si se vive para o de la polÃtica, lo mÃnimamente necesario es cumplir con las funciones que su cargo le demande.
Se han tratado de insertar mecanismos en lo público como la rendición de cuentas, la transparencia o el servicio profesional de carrera; instrumentos necesarios en los paÃses democráticos, pero que en México aún no son sistemáticos.
Pero no importa si la polÃtica es compleja; no importa si dentro de sus funciones del polÃtico profesional, por vocación, ocasional o no, se encuentra la implÃcita negociación, cabildeo e incluso la alianza polÃtica tan común hoy en dÃa. Todos ustedes señores polÃticos profesionales, reciben un ingreso: por su trabajo, por sus funciones prestadas a nosotros los ciudadanos.
Ciudadanos que hoy vivimos un nivel de violencia desenfrenado, pretendiéndose atacar bajo una estrategia de seguridad que no ha valorado no solo las pérdidas humanas, sino la ruptura del tejido social, que polariza dÃa a dÃa a una sociedad mexicana que se desfasa de sus orÃgenes e impera su crispación, bajo un desempleo que subraya la desigualdad económica y los Ãndices de pobreza; nos enfrentamos a viejos y activos vicios del sistema que limitan la calidad educativa; y por decirlo menos: a cambios mundiales de orden ambiental y migratorio, por tan solo mencionar algunos.
La situación no es meramente sencilla para los que han decidido participar en la polÃtica, y los tiempos, ya no son los mismos; como se dice coloquialmente.
Concebir a la polÃtica como vocación o profesión no es un asunto meramente semántico y no debemos olvidar que un buen candidato, no es precisamente un buen polÃtico y viceversa.
Un polÃtico debe tener pasión por su trabajo. SÃ, pragmatismo para la toma de decisiones, pero un polÃtico debe sopesar las carencias y urgencias sociales, y comprometerse con ellas.
Tenemos próximamente elecciones, en las que muchos hombres han decidido incursionar o continuar su labor polÃtica y en las que será importante recordar que aunque no lo haya dicho Weber, hacer de la polÃtica una profesión es llevar consigo las responsabilidades que cualquier profesión respetable necesita. México no está para más años de polÃticos que juegan a ser profesionales o que en su intento de poseer las cualidades más frÃas de los polÃticos profesionales, han olvidado su función social. Hay generaciones presentes y futuras que dependen de ustedes.
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Politóloga con Licenciatura de la Universidad Iberoamericana. De origen hidalguense, nació el 20 de mayo de 1985. Colaboró con la Fundación LaMadrid en la LX Legislatura de la Cámara de Diputados; fue auxiliar de investigación en el Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública de la Cámara de Diputados (CESOP) en la LX y LXI Legislatura; realizó prácticas en la Misión de México Ante Naciones Unidas en la ciudad de Nueva York y actualmente trabaja como Asesora del Senado y trabaja en la conformación de la Fundación Guatemala. [email protected]
























