Ruido en demasÃa ha producido la salida de Carmen Aristegui de su programa radial Las tribus y las erinias izquierdosas aúllan y se desgarran las vestiduras en nombre de una libertad de prensa que ni idea tienen de con que se come.
La señora Aristegui no es ninguna improvisada en el periodismo, pero tampoco es la maravilla que quieren hacernos creer; simplemente es una periodista más, nada del otro mundo. Sus antecedentes como colaboradora de Pedro Ferriz de Con y Javier Solorzano la dibujan muy bien. Su gran mérito fue el haber sido la vocera del grupo de López Obrador y su movimiento. Puso toda su experiencia, conocimientos y mañas para presentar exclusivamente el lado aceptable y tolerable del mesiánico Andrés Manuel, incluso cuando este personaje ya habÃa abandonado definitivamente el valle de los cuerdos. Admitió, a sabiendas, un video trucado para lesionar a Calderón. La mañana del 18 de agosto de 2006, con pleno conocimiento de causa, Aristegui pasó de periodista a simple peón de una farsa.
Quien haya seguido sus entrevistas con ojo crÃtico puede darse cuenta de la extrema mala leche de la entrevistadora para con los que no comulgaban con el pejismo y en contraste, su actitud de tapete con los lacayos y esbirros de López.
El asunto es sencillo, Aristegui apostó al caballo equivocado, y no sólo perdió la apuesta, sino también la brújula, la salida de Aristegui no fue un acto de censura. Como todo comunicador que trabaja para una empresa debe acatar las normas que impone al patrón, si no le agradan, pues no firma y ya.
No se ocupa mucha inteligencia para saber que hay preguntas ofensivas por definición, Obviamente resultarÃa de pésima educación que en una entrevista en cadena nacional se le preguntara a Carmen Aristegui si es verdad que ella es una activa lesbiana, como reiteradamente se informa en múltiples blogs, y cuando después de la pregunta monte en santa ira poner una cara de inocente: “Pero no te enojes, ¿no te puedo ni preguntar?”.
Y no, no “todos-somos-Carmen-Aristegui”. Para empezar, a mà ni me pagan por mis colaboraciones y por lo tanto ni remotamente me acerco sus honorarios que, sin duda, desquita. Otra, no tengo lÃnea que defender, ni funciono como amanuense como es el caso de varios colaboradores que cobran en el gobierno del estado y firman artÃculos “de opinión”.
Carmen se equivocó al hablar, como lo hizo, de Felipe Calderón, a quien sà bien no acusó directamente de ser un bebedor, sà se puso del lado de quienes exigen que cuando existe alguna falta, las pruebas las aporten los acusados en lugar de los acusadores. La Presidencia no tiene por que aclarar rumores que tienen un origen perfectamente identificado en el grupo que rodea a un exdirector de un periódico nacional y una periodista que es actualmente funcionaria del gobierno perredista del DF. Por eso, en lugar de pedir pruebas a Los Pinos, debió exigÃrselas a los diputados del PT que lanzaron la acusación. Eso habrÃa sido más periodÃstico y sobre todo más ético. No olvidar algo elemental, sin fuentes y hechos no hay periodismo, hay chismes.
Ahora que una cauda de fanáticos grita “Todos somos Aristegui” y que ella misma maneja su imagen pública en plan de mártir de la democracia y de la libertad de expresión, no está por demás ver si de veras hay un gobierno represor frente a nosotros. Yo por ninguna parte lo veo, cuando menos desde hace muchos años. Tan no lo hay que es hoy muy fácil jugar el papel de vÃctima sin que algo suceda. Dudo que esto hubiera podido hacerse en las épocas de un DÃaz Ordaz o de un EcheverrÃa Ãlvarez.
Hay un denominador común en los casos Carmen Aristegui y Gerardo Fernández Noroña: el disfraz de martirologio. El caso de Aristegui no fue de censura. Con cálculo polÃtico, ella se salió de la escena para permitir la radicalización en las redes sociales. Luego dio una conferencia sin preguntas sobre su caso basado en una pregunta y pidió su reinstalación. En el timing, los medios impresos y radiales fueron más allá de Aristegui en el tema de Calderón. Y nadie los censuró. Un hecho, en el tiempo que estuvo en MVS, ella nunca fue censurada.
El eje que da vida al dúo Noroña-Aristegui, es parte de la agenda del MesÃas rumbo al 2012. La reacción de Aristegui fue la de acusar al presidente de la República sin ofrecer la más mÃnima prueba. En 2008, luego de que W Radio decidió no renovar el contrato, Aristegui también le entró al juego perverso del poder: “no tengo evidencia de que Calderón haya dado una orden pero hay un contexto que hace posibles las interpretaciones, las suspicacias o los señalamientos abiertos”. El periodismo de suspicacias no es periodismo, son chismes.
Concluyo: Es un insulto a la razón afirmar que “todos somos Aristegui”. Por favor, mas seriedad
























