C.P. Manuel Montes y Arroyo
Este es el tercero de cinco artículos en los que reflexiono sobre los conocimientos que todo diputado debe poseer para representar adecuadamente a la ciudadanía. En los dos anteriores abordamos los fundamentos constitucionales y legales, y la técnica legislativa. En esta ocasión abordaremos uno de los temas más importantes y que en mi experiencia personal es donde más carencias he encontrado en quienes ejercen ese cargo: las finanzas públicas y el presupuesto.
Con el próximo inicio de las campañas electorales para renovar la Cámara de Diputados, considero oportuno reflexionar sobre uno de los conocimientos más importantes que debe poseer quien aspire a representar a la ciudadanía: las finanzas públicas.
Durante varios años tuve la oportunidad de participar en la elaboración del Presupuesto de Ingresos de una entidad federativa. Esa experiencia me permitió comprender la enorme responsabilidad que representa estimar los recursos con los que contará el gobierno para cumplir sus funciones.
También me permitió observar que el análisis y la aprobación de estos documentos exigen conocimientos técnicos que no siempre poseen todos los legisladores. En ocasiones, algunos diputados terminan apoyando decisiones basadas más en las opiniones de otros compañeros o en las posiciones de sus grupos parlamentarios que en un análisis propio de la información financiera.
No se trata de cuestionar la capacidad o la buena fe de quienes integran el Poder Legislativo, sino de reconocer que administrar los recursos públicos requiere preparación. Las decisiones presupuestarias afectan directamente la vida de millones de personas y, por ello, merecen un estudio serio y responsable.
Mi participación en la elaboración del Presupuesto de Ingresos me permitió confirmar que detrás de cada cifra existe un análisis técnico y jurídico. También comprendí que una decisión presupuestaria equivocada puede afectar el funcionamiento de las instituciones y, en consecuencia, los servicios que recibe la población. Esa experiencia reforzó mi convicción de que quienes integran la Cámara de Diputados deben prepararse adecuadamente para cumplir esta importante responsabilidad
Las finanzas públicas suelen considerarse un tema exclusivo de economistas, contadores o especialistas. Sin embargo, representan una de las principales responsabilidades de la Cámara de Diputados. Por ello, todo legislador debería conocer sus aspectos fundamentales para ejercer adecuadamente la representación que la ciudadanía le ha confiado.
Las finanzas públicas comprenden el conjunto de actividades mediante las cuales el Estado obtiene, administra y utiliza los recursos económicos necesarios para cumplir sus obligaciones. Gracias a ellas es posible financiar los servicios públicos, construir infraestructura, fortalecer la seguridad, apoyar la educación, brindar atención médica y desarrollar los programas que demanda la sociedad.
Cada peso que recibe el gobierno pertenece a la sociedad y debe administrarse con responsabilidad, honestidad, eficiencia y transparencia. Precisamente por ello, los diputados desempeñan una función esencial al revisar y aprobar los instrumentos financieros más importantes del país.
Dos de esos instrumentos son la Ley de Ingresos y el Presupuesto de Egresos de la Federación. Aunque están estrechamente relacionados, cumplen funciones diferentes.
La Ley de Ingresos establece de dónde obtendrá el gobierno los recursos durante el ejercicio fiscal. En ella se estiman los ingresos provenientes de impuestos, derechos, productos, aprovechamientos, empresas públicas y, cuando así lo autoriza la ley, del endeudamiento.
El Presupuesto de Egresos determina cómo se distribuirán esos recursos entre los distintos programas, instituciones y poderes públicos. En otras palabras, define cuánto dinero recibirá cada dependencia para cumplir sus responsabilidades.
Un dato que muchos ciudadanos desconocen es que la aprobación del Presupuesto de Egresos de la Federación es una facultad exclusiva de la Cámara de Diputados. A diferencia de otras leyes que deben pasar por ambas cámaras del Congreso, el Presupuesto de Egresos solo requiere la aprobación de los diputados. Esto significa que la responsabilidad de decidir en qué se gasta el dinero de todos los mexicanos recae directamente en quienes ocupan ese cargo. Es una facultad enorme que exige, por tanto, una preparación igualmente seria.
De las decisiones presupuestarias dependen los recursos destinados a salud, educación, seguridad, infraestructura, programas sociales y muchos otros servicios públicos que influyen directamente en la calidad de vida de la población.
Ambos documentos deben guardar equilibrio. No es responsable aprobar gastos sin conocer previamente con qué recursos se financiarán. De la misma manera, tampoco basta con recaudar más dinero si éste no se destina eficientemente a resolver las necesidades de la población.
Con frecuencia se piensa que el gobierno obtiene sus recursos únicamente mediante los impuestos. En realidad, éstos constituyen la principal fuente de ingresos, pero no la única. También existen derechos por los servicios que presta el Estado, productos, aprovechamientos, ingresos de empresas públicas y organismos, así como recursos provenientes del financiamiento autorizado por el Congreso
Comprender el origen de los ingresos permite valorar las posibilidades reales del presupuesto y entender que los recursos públicos son limitados. Cada decisión de gasto implica elegir prioridades y asumir responsabilidades.
Además de conocer estos conceptos, un diputado debería dominar diversos aspectos relacionados con las finanzas públicas. Entre ellos destacan interpretar adecuadamente un presupuesto, analizar la evolución de los ingresos y los gastos, identificar déficits, comprender el impacto de la deuda pública, conocer el crecimiento del gasto en pensiones, evaluar los resultados de los programas públicos y verificar que los recursos se ejerzan conforme a la ley.
Asimismo debe entender que el presupuesto no consiste únicamente en asignar cantidades de dinero. Cada decisión influye en la calidad de los servicios públicos que recibe la población. Al aprobar el presupuesto, los diputados deciden cuánto se destinará a la educación, la salud, la seguridad pública, la infraestructura carretera, el abastecimiento de agua, el campo, la ciencia, la cultura y muchos otros programas que forman parte de la vida cotidiana de los mexicanos.
Por ello, existen principios que ningún diputado debería olvidar. El primero consiste en administrar los recursos públicos con responsabilidad. Cada peso proviene del esfuerzo de los contribuyentes y debe utilizarse buscando el mayor beneficio social posible.
Otro principio fundamental es mantener el equilibrio de las finanzas públicas. El endeudamiento puede ser una herramienta útil en determinadas circunstancias, pero no debe convertirse en una solución permanente para cubrir gastos ordinarios.
Asimismo, las decisiones presupuestarias deben regirse por la eficiencia, la transparencia, la rendición de cuentas y el combate a la corrupción. La ciudadanía tiene derecho a conocer cómo se utilizan los recursos públicos y a exigir que éstos produzcan resultados.
Las finanzas públicas enfrentan actualmente importantes desafíos. Entre ellos destacan el crecimiento del gasto en pensiones, el costo financiero de la deuda pública, la necesidad de fortalecer los servicios de salud y educación, las demandas de inversión en infraestructura, así como la obligación de mantener finanzas públicas sanas sin afectar el desarrollo económico.
Estos retos requieren diputados preparados, capaces de analizar información técnica, formular preguntas, evaluar alternativas y tomar decisiones pensando en el interés general, más allá de las diferencias políticas o partidistas.
El crecimiento sostenido del gasto en pensiones y el costo financiero de la deuda pública representan dos de los compromisos más onerosos que enfrenta el presupuesto federal, y que todo diputado debe comprender para tomar decisiones responsables.
Estoy convencido de que las finanzas públicas no son un tema reservado para especialistas. Constituyen un conocimiento indispensable para quienes tienen la responsabilidad constitucional de aprobar los ingresos y los gastos del Estado.
Los ciudadanos también debemos valorar este aspecto al momento de elegir a nuestros representantes. Un buen diputado no sólo debe tener vocación de servicio y compromiso social; también necesita preparación para comprender las consecuencias de las decisiones que toma.
Las leyes son fundamentales para organizar la vida pública, pero también lo es el presupuesto que permite llevarlas a la práctica. Sin recursos suficientes y bien administrados, las mejores políticas públicas difícilmente podrán convertirse en beneficios reales para la población.
Por ello, conocer las finanzas públicas no debe verse como un requisito adicional para un diputado, sino como una condición indispensable para representar con responsabilidad a la ciudadanía y contribuir a que el gobierno funcione correctamente en beneficio de todos los mexicanos.
Como no soy especialista en la materia, les informo que este artículo fue elaborado con base en mi experiencia personal en la elaboración del Presupuesto de Ingresos de una entidad federativa, la lectura de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, la Ley Federal de Presupuesto y Responsabilidad Hacendaria, y la Ley de Ingresos de la Federación. Asimismo, realicé consultas a diversos medios de comunicación especializados en finanzas públicas y a herramientas de inteligencia artificial como apoyo en la investigación. Toda la información obtenida fue contrastada con fuentes jurídicas y documentales antes de integrarla en este artículo.
























