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Sin autoridad moral y sin estrategia política para poner de “patitas en la calle” a un embajador incómodo, el país sigue dirigido cuesta abajo con una obsesión neoliberal por desmantelar lo que queda de la Comisión Federal de Electricidad y dando contratos pe-trolíferos a la diestra, mientras la siniestra mafia en el poder, hunde cada día a los mexicanos en la desesperación, el crimen y la pobreza.

Los últimos cuatro años han sido cuatro largos siglos y la paciencia de los atribulados habitantes está en el límite de la tolerancia, observando impasiblemente la continua vio-lación a las leyes que supuestamente están en vigor. Mientras tanto, un Congreso Nacional, más atento a los movimientos electorales que en sus respectivos partidos se realizan; permanecen impávidos ante el desastre nacional y mueven sus fichas de ajedrez exclusivamente buscando su preeminencia en los mismos, que les permita asegurar la continuación de sus privilegios y el de mantenerse en el presupuesto nacional.

Mientras todo esto sucede, el Ejecutivo Federal va de viaje a rendir cuentas y regresa para toparse con que el número de muertos sigue incrementándose; ¡No hay rincón ni contorno seguro y la vida rutinaria de la población, siempre en riesgo continuo!, mientras los precios de los alimentos de primera necesidad se elevan hasta lograr la desesperación del consumidor que está sujeto a un miserable salario mínimo. No obstante la gravedad de lo que acontece, ahora los millonetas abren un fuego periodístico, publicitario o novelesco entre ellos buscando el predominio de las comunicaciones electrónicas, mismas que antes controlaba el Estado Mexicano pero que el liberalismo de los gobernantes les fue entregando paulatinamente, en bandeja de plata, hasta lograr que de “los directores de orquesta del Estado” devinieran en mandarines y socios minoritarios de los millonarios pleitistas y filantrópicos con las limosnas que el buen pueblo entrega y que les sirve para disminuir los disminuidos impuestos que pagan.

No sabemos cuánto durará la paciencia de los oprimidos para soportar tanta iniquidad gubernamental y empresarial, que permita de una vez poner de patitas en la calle a tanto desvergonzado gobernante como usurero empresario. Sí sabemos que todo principio tiene su final y que en África, hasta hace pocos meses, la población parecía aguantar todas las malandrínadas acciones de sus gobernantes, pero rápidamente esa tranquilidad se ha transformado en una revuelta integral; se ha extendido a varios países del Norte de ese continente. Las Protestas en Túnez devinieron en la salida del ex presidente Zinel Abidine Ben Ali. En Egipto no importando que se diga que es el país más populoso y con una de las economías y ejército más poderoso del mundo árabe, la sublevación del pueblo hizo correr a Hosni Mubarak.

Lo africanos de os países del Norte (Marruecos, Siria, Argelia, Jordania, Yemen, Oman, Arabia Saudí, -países todos petroleros, con economías que les permite a sus jeques ador-nar con oro y plata sus palacios, aviones, automóviles- y Libia, hartos de ser súbditos po-bres, ha llamado la atención de cuando menos a dos de los siete países poderosos y van en pos de los mantos aceitosos…-perdón, en defensa de esos pueblos- que luchan deno-dadamente por liberarse de sus califas.

En México ya no es tolerable la situación que se vive; ésta resulta insoportable para la gran parte de la población y es un craso error el de Calderón el considerar que el único problema que se tiene es el del crimen organizado. Es urgente que entienda ¡ya! que está terriblemente equivocado en su forma de gobernar; que la corrupción tanto en el ejército, en las fuerzas de seguridad como en sus colaboradores, en contubernio con los grandes empresarios, está llevando a la desmantelación del Estado Mexicano. No son focos amari-llos de alarma los que tenemos; son muchas las luces rojas que alertan el peligro en todo el territorio nacional. No tiene ni la capacidad ni el liderazgo para gobernar y en el colmo de los padecimientos, no hay trabajo suficientemente remunerado ni oportunidades y la fuga de capitales está en su apogeo.

En México, ¿hasta cuándo nos cansaremos de padecer gobernantes que ni parecen ni so-na?