De acuerdo con los diccionarios “Maestro” es aquel que enseña un arte, una ciencia o un oficio, especialmente en el primer ciclo de enseñanza, o bien tiene un título para hacerlo; también se aplica a una persona muy diestra o con profundos conocimientos en alguna materia, como por ejemplo fútbol o música. Otra acepción es la de una persona que ha adquirido una gran sabiduría o experiencia en una materia.

Vándalo, según los diccionarios, en su segunda acepción es: “Persona que actúa con brutalidad, violencia y espíritu destructor.


Obviamente el calificativo de “Maestro”  no parece aplicable a ese cerril grupo de integrantes de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, CNTE, violenta estructura que se caracteriza  por sus frecuentes actos fuera de la ley, pero sobre todo por su rechazo a todo lo relacionado con enseñanza, evaluación, superación, aprendizaje y para trabajar en lo que supuestamente fueron contratados. Para ellos más bien pudiera aplicarse el calificativo de “vándalos”.

Que la educación en México está mal, no hay duda, que los estados mas atrasado son Michoacán, Oaxaca y Guerrero, precisamente donde la CNTE tiene influencia, tampoco esta a discusión. Ahora bien, el grupo “oficial”, el SNTE, no está significativamente mejor, también es corresponsable de la tragedia educativa.

Los argumentos que con gran dolo esgrimen los que manejan los hilos de la CNTE, y que sus malintencionados voceros y amanuenses repiten como mantra, es que la reforma educativa pretende quitarles el trabajo y privatizar la educación, entre otras tonterías. Es probable que los más limitados intelectualmente de estos especímenes crean lo anterior, pero nadie en sus cabales va a digerir semejante bulo. Lo que pelean es simplemente dos cosas: Dinero y Poder. ¿La calidad de la educación y el futuro de los jóvenes? eso no les interesa.

¿Tiene el lector alguna duda? Lea los artículos de los amanuenses de la CNTE que contaminan este diario y observe como pretenden justificar las delirantes posiciones de la CNTE. Francamente dan pena. Pergeñando (pésimamente) artículos usando los más amarillentos manuales del caduco marxismo leninismo o desvariando con utopías que lindan con patologías psiquiátricas, pretenden convencernos de las bondades de la “lucha magisterial”. Si les pagan por eso, bueno; total, tienen que comer, pero si lo hacen por que lo creen, grave, muy grave.

Analizando desapasionadamente la manera de actuar de estos “maestros”  vemos que sus marchas y plantones no tienen más finalidad que mantener sus privilegios laborales y económicos; más propios de una sinecura que de un verdadero trabajo. Pelean la continuación de la nociva cadena: “Normal-plaza automática-sindicalismo-prestaciones-comisiones y jubilación progresiva”.  ¿Y la calidad de la enseñanza?, Bien, gracias.

Los maestros han sido, por lo general, un ejemplo de mediocridad social, como los “cuicos” y otras actividades similares. He conocido a lo largo de mi vida a una buena cantidad de maestros  y, salvo contadas y muy notables excepciones, nunca les he hallado evidencias de excelencia cultural.

El asunto se torna trágico al corroborar que tenemos un Estado incompetente y temeroso. Los gobiernos estatales, al menos en Oaxaca, Guerrero y Michoacán, no tienen ni la capacidad ni los deseos de imponer el orden; el “Ogro filantrópico” de Paz ha derivado en eunuco; hubo necesidad de que intervinieran las fuerzas federales para desalojar el bloqueo en la Autopista del Sol. Desalojo bien hecho, a pesar de las agresiones de los “maestros” que arrojaban piedras y bombas molotov, capaces de causar severas quemaduras o incluso matar a una persona.  Fue un desalojo sin más violencia que la de los “maestros”, pero no podían faltar los voceros al servicio de la CNTE, que rebuznaron “Represión”.  

Revisando el tema, encontré una excelente definición de “Maestro”, cuyo autor  es filósofo Nelson Campos. Por su interés transcribo una parte:

“Maestro es el que enseña, el que guía el pensamiento y entrega los valores societarios, el que lleva al pequeño, al adolescente y al joven adulto por el camino del saber.

Maestro es el que se respeta a sí mismo y a su profesión, el que no tolera ser maltratado, el que odia la injusticia, el que se sacrifica por los niños que están a su cargo, el que ama el saber, el que reconoce sus errores, el que es capaz de pedir disculpas, el que se preocupa por mejorar su didáctica, el que siempre dice la verdad.

Maestro es el que cumple con su deber sin ninguna objeción, es quien sirve a los demás sin esperar más retribución que el haber cumplido de la mejor manera posible su cometido; es aquel que sirve de ejemplo a los demás”. Fin de la transcripción.

Interesante concepto, pero en México es utopía pura.